BOLETÍN ARGENTINO

Primer Boletín de Noticias de los Argentinos en el mundo - Director: Osvaldo Parrondo - Contacto: oparrondo@boletinargentino.com

Domingo, 5 de febrero de 2012

Los viejos jóvenes

Hubo un tiempo en el que llegar a viejo era una hazaña comparable a ganar una guerra o matar a un dragón. No había antibióticos, la gente rara vez alcanzaba las cuatro décadas de vida y, si se superaban los múltiples peligros del videogame unplugged de la vida, no quedaba sino pensar que los muchos años equivalían a gran sabiduría y, en ocasiones, hasta a poderes mágicos.

Ahora no. Ahora los viejos –la primera generación de viejos que amenazan con ser los viejos más viejos de toda la historia, viejos que van a vivir más años que nunca y protagonizar vejeces más largas que la infancia y la pubertad y la adolescencia y la primera madurez juntas– van a ser una molestia que excederá a la del círculo de íntimos y seres queridos que tal vez no los quieran tanto y los admiren aún menos.

Ahora, parece, los viejos –en un primer mundo donde cada vez nace menos gente y donde resuenan cada vez más alto el despertador de la naranja mecánica y los gruñidos de la guerra del cerdo– van a llevar a la ruina a las cajas de pensiones, a la salud pública, a las endebles cuentas de los ruinosos estados. No va a haber jóvenes suficientes para mantener y cuidar a tantos viejos.

Y los desempleados jóvenes que vayan quedando se acostumbrarán a vivir con sus padres/abuelos, a emborracharse los fines de semana en los parques, a enviarse mensajitos a través de teléfonos móviles cada vez más polimorfos y perversos, y a protestar contra el G-8 y el G-20 y el G-666. Algo así. Juventud, maldito tesoro.

Rodrigo Fresán