Escribe Horacio Eichelbaum: Tiene varios nombres -15M, DRY, Indignados- y muchos ‘novios’ dispuestos a darle su apellido: izquierdismo, republicanismo, anarquismo, participacionismo, restauración democrática… El movimiento del 15M avanza, nutriéndose de un incesante chorro de adhesiones y sin adquirir una ideología clara… o justamente a favor de seguir eludiendo definiciones ideológicas. Sin embargo, son muchos los que todavía niegan que vivimos en un régimen que se define como una democracia pero ‘no lo es’. Hay quienes pretenden un diálogo con los seguidores del 15M pero en seguida se nota que hay ‘cuestiones de principios’ que lo impiden. Y es que se apoyan en que ‘no es verdad’ que no estén representadas en el Parlamento 20 millones de personas y que ‘no es posible’ adoptar ninguna de las medidas que se proponen desde el 15M porque suponen un aumento del ‘gasto público’ que la crisis económica no permite.
Las dos cuestiones están íntimamente vinculadas. No hay diálogo posible si se niega que la crisis económica es un mecanismo que ha permitido expoliar a los contribuyentes y restablecer las ganancias de los bancos y el capital financiero y que es un padecimiento para el ‘pueblo’ pero no para los dirigentes, lo cual hace que desconfiemos de su propia existencia.
Hemos recordado innumerables veces que todas las naciones están endeudadas –todas, absolutamente todas, incluido Estados Unidos e incluida China -lo que hace que el ‘estrangulamiento por deudas’ se aplique a los países a los que el poder económico quiere ahogar. Ahora se habla de un ‘pacto’ entre la Unión Europea y las agencias de calificación del riesgo, algo así como si los gobiernos negociaran con las compañías para que dieran encuestas mejor manipuladas.
Y si es mentira la crisis (o por lo menos, es falso que la deuda nos lleve a la penuria, cuando hay grandes deudores que nada sufren) el paso siguiente es ver que también el sistema político es una farsa, puesto que se apoya en ‘vendernos’ que la crisis es auténtica y que los bancos deben ser protegidos y subvencionados con nuestro dinero. Este es un teatrillo. Y cuando se ha visto el montaje por detrás, cuando se han contemplado las bambalinas y los juegos con los telones, ya no puede llegar un señor y razonarnos que esto es una democracia y que la crisis es algo que nos cayó encima… (y que nuestra democracia no es capaz siquiera de enjuiciar a los culpables y castigarlos…).
En cuanto al 15M, hay montones de ‘familias’ en las marchas del movimiento: Izquierda Unida, anarquistas, socialistas con náuseas, viejos ‘progres’ sin partido, republicanos que quieren sentirse de nuevo protagonistas, o centristas moderados que no creen demasiado en los políticos… Cada familia se cree con derecho a empujar, cariñosamente, a todo el movimiento hacia sus propias ideas. En esta última movida del 19J han salido portavoces declarándose ‘anticapitalistas’ y hablando de una posible huelga general, sin contar, obviamente, con los repudiados sindicatos. Es obvio que un tan amplio movimiento de protesta a medida que crece se va radicalizando (y que sus portavoces se sienten líderes y se radicalizan un pelín más). Tras todo lo denunciado y repudiado… ¿No hay apenas un pequeño paso, para sentar en el banquillo al sistema e incluso para ponerle el apellido ‘capitalista’? A algunos, sin embargo, les queda una duda: ¿no puede el sistema democrático volver por sus fueros?
Pocos están por la labor de rehabilitar las ruinas de la democracia. Pero hay algunos débiles síntomas. Una reducción de altos cargos por allá, unas medidas de austeridad por otro lado, anuncios de ‘listas abiertas’, restricción del uso de coches oficiales en algún sitio, un puñetazo en la mesa de Izquierda Unida de Extremadura para terminar con el monopolio local el PSOE, poniendo condiciones democratizadoras para dejar gobernar al PP…
¿Pequeños gestos, indicios de cambio… o migajas que solo buscan distraer y contener el impulso por el cambio? Sea lo que sea, el gran riesgo que no valoran suficientemente las familias que quieren llevar por su propia calle a todo el movimiento, es que una definición tajante puede diluir todo el impulso: la gran movida puede pincharse como una burbuja. Los más entusiastas agitadores de la ‘revolución’ pueden volver a su cercano pasado, de hace apenas uno o dos meses: cuando sus sueños solo se hablaban con amigos y ellos nunca pasaban de un puñado de seguidores.
