Escribe José Martín Gayola: Hace muy poco en este mismo Boletín se reprodujo una nota publicada en El País por un periodista del citado medio. En él se afirmaba que uno de cada tres españoles tenía una mala o muy mala imagen de Latinoamérica. O sea, un 33% que luego la Fe de errores del periódico redujo a un 23%.
Lo que no explicaba el citado artículo es que los comentarios negativos de la prensa internacional, realizados con clara intención de atizar el avispero y promover el descontento popular contra los gobiernos que no entregan el rosquete comme il faut a las multinacionales ávidas de saqueo desenfrenado y al neoliberalismo deshumanizado e insaciable; influyen notablemente en la percepción de los ciudadanos.
Curiosamente, desde que en Sudamérica se instalaron gobiernos de signo progresista en esta última década, los números indican que, contra toda “lógica”, la situación económica ha evolucionado favorablemente allí, mientras las de las grandes potencias se derretían en el volcán de la depredación financiera capitalista. ¿Cómo se explica esto si Chávez, Morales, Correa, Lugo, Cristina Fernández son unos monstruos incapaces de dirigir un país?
Hablan de “inseguridad jurídica” los mismos que deben defender atracos a mano armada como los de Air Comet, Ferrocarriles argentinos, Aerolíneas Argentinas… Chávez ganó 2 elecciones –mucho más limpias que la que ganó Bush o Calderón en México, incluso ganó un referéndum que nadie se lo pidió-, pero, amigo, tiene petróleo y dinero y ya no pueden comprar a ese gobierno para llevarse alegremente tales bienes, dejándole a cambio una suculenta propina en cuentas corrientes de U.S.A., cosa que sí sucede en países ricos, de pueblos hambrientos como Guinea Ecuatorial.
Ahora llaman medidas populistas a las de cerrar comercios que alientan la inflación en Venezuela y disparan la alerta mundial sobre el tema. Claro que ese recurso ya se vivió en Chile con Allende o con Alfonsín en Argentina y el caudillo venezolano será un charlatán pero sabe que se la están jugando y al fin de cuentas defiende el interés de sus gentes, no el de las multinacionales y Trilaterales que dominan el mundo.
Otro tanto le sucede a Evo Morales. La caricatura que la Prensa nos brinda diariamente del presidente boliviano es la de un mono ignorante que está dividiendo a su país, cuando está haciendo precisamente lo contrario. Tratar de que después de 200 años de miseria e ignorancia, las inmensas riquezas que atesora el país sirvan para que el pueblo se eduque, pueda comer y no necesite ir a trabajar como servidumbre en otras geografías, con todo lo que el desarraigo conlleva, no es precisamente incapacidad.
Podríamos decir otro tanto de Correa que se niega a pagar una deuda externa ficticia que hipoteca casi de por vida a sus ciudadanos y procura que el petróleo les sirva para evolucionar y no para involucionar como pretenden los piratas de siempre, que con sobornos han logrado saquear al continente.
De momento han conseguido instalar varias bases militares en Colombia y así estar muy cerquita del petróleo caribeño y sus aguas dulces. La propaganda de los multimedios diluye el golpe militar de Honduras con el pretexto de que Zelaya quería reformar la Constitución (en un referéndum legal) para postularse a la reelección. Es exactamente lo mismo que pretende el dócil Uribe, pero en ese caso, por conveniencia, la “prensa” mira para otro lado.
Siempre habrá un Alan García, un Uribe, un Calderón dispuestos a la “amistad carnal” con el poderoso del Norte.
Tomando como base la lucha antiterrorista, Estados Unidos se plantea el control total del planeta. Y lo va consiguiendo pese a las molestias que crean estos “indios” latinoamericanos.
Los multimedios tampoco se ocupan de las muertes diarias – sí, diarias- de sindicalistas en Colombia, Guatemala, Honduras, México. Nos venden lo que a ellos les interesa. Los gobiernos maleables, fácilmente sobornables y controlables no merecen titulares de los medios poderosos. Nos pintarán como demonios a los que “no se dejan” y nos harán pelear a unos contra otros sin cesar, creando el malestar permanente.
Lo vemos a diario. La prédica “periodística” y sus consecuencias la hemos vivido en carne propia infinidad de veces a lo largo de nuestra historia. Lamentablemente no aprendimos todavía la lección. ¿Alguien se imagina si esto que pasa en Haití, uno de los países más pobres del mundo sucediera en Cuba, Ecuador, Bolivia?
Una reflexión final: Me creo muy poco de lo que informa la prensa sobre estas situaciones, porque sé que están jugando el partido que les interesa. Que no es el mío.

