BOLETÍN ARGENTINO

Primer Boletín de Noticias de los Argentinos en el mundo - Director: Osvaldo Parrondo - Contacto: oparrondo@boletinargentino.com

Lunes, 21 de mayo de 2012

África 2010: La estrategia blanca

(Escribe Horacio Eichelbaum) Del botín del Mundial a África le va a quedar poco más que la foto de sus niños de la mano con los grandes campeones del balónpie
Hubo quien se puso a hacer predicciones con el Mundial de Fútbol y antes de llegar al ecuador del torneo ya se le habían ido al traste la mitad de las adivinanzas, aunque las presentaban como producto de un análisis ‘científico’. De las 8 selecciones a las que se atribuían mejores posibilidades, tres no habían llegado a los cuartos de final.

No resulta nada fácil tratar de ‘mirarle las tripas’ al Mundial desde nuestra esquina del globo.  Tal vez hubiera sido una aventura apropiada para Philip Marlowe, quizás el detective más famoso de la novela negra, aunque lo suyo no era el continente negro sino la pelea del hombre duro y solitario contra hampones y millonarios excéntricos, dando algún directo a la mandíbula pero recibiendo más palizas de las que propinaba. No sé lo que hubiera averiguado Marlowe pero a nosotros no nos quedó otra cosa que estar atentos a la pantalla, viendo fútbol bueno, regular y malo, pero siempre tenso y bronco porque todos los partidos se convertían en finalísimas. Nos preguntábamos, por ejemplo, qué pintaban esas hileras de niños pequeños que entraban silenciosamente al campo de la mano de los grandes campeones, que apenas les dedicaban alguna mirada de soslayo. ¿Cuál era el simbolismo? Tal vez querían significar que había unos cuantos supervivientes de las hambrunas africanas o simplemente desfilaban para la foto: si llegan a abuelos supervivientes dirán a sus nietos supervivientes que fueron de la mano de un campeón.

Si nos preguntamos dónde está el poder dentro de cada equipo, las cosas parecen claras: en los bancos de los ‘mister’, que son los que pueden decidir quién entra y quien sale del  terreno de juego y sobre todo, cuál será la estrategia. Que no es solamente una extraña fórmula numérica (4-2-3-1 o bien 4-3-3 o tal vez 3-3-2-2…) sino que de repente se condensa en encargar a tres jugadores la persecución incansable de aquel rival ‘creador’ de juego en el medio campo, o en indicar al matón del once propio que guillotine a ese veloz goleador que es la estrella del equipo a batir.

Y bien: está a la vista de todos que salvo el señor amarillo que dirigía al equipo japonés, los directores técnicos suelen ser blancos. Nos hemos acostumbrado a que morenos y negros resulten ser franceses, ingleses, alemanes o escandinavos; ahora hay que hacerse a la idea de que incluso los equipos de países negros buscan un ‘estratega’ blanco. ¿Baja autoestima? ¿Será que no están preparados para la estrategia? ¿O será que la estrategia es hija de la guerra y la rapiña de riquezas ajenas?


Por Internet me llegan algunos montajes hechos por navegantes solitarios que ofrecen datos del mundial. Uno es sorprendente porque, siendo el  continente negro el reino de la musicalidad, es la colombiana Shakira la que aparece cantando el “Waka-Waka” y haciendo punta para una Fundación Pies Descalzos, dedicada a ayudar a niños huérfanos o desplazados de guerra.

Otro ‘power-point’ trae una cantidad de datos sobre Suráfrica y Mandela y unas pocas fotos de otros países africanos. Allí figura el Himno del mundial, escrito y cantado por un somalí, K’naan (que se fue a vivir a Estados Unidos y después pasó a Canadá). Traducido al parecer por alguien que se quedó a la mitad del curso de castellano, se le entiende sin embargo que los africanos luchan “peleando por comer” y que se siguen preguntando –en tiempo presente desesperado- “cuando seremos libres”. Y se dicen: “cuando sea mayor seré más fuerte”. O bien: “me llamarán libertad como una bandera que flamea”. O: las guerras traspasan las barreras, “trayéndonos promesas, dejándonos pobres”… “Les escuché decir ‘el amor es la manera’ pero mira como nos tratan…” Y también: “tratan de controlarnos pero no nos podrán detener porque nos movemos como soldados”.

Al fin, entre incongruencias, tiempos de verbo que no encajan y preposiciones a contrapelo, el Himno viene a contar algo que pertenece sin duda a la verdad de África, cuya independencia despertó en parte por la muerte de tantos africanos en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial: “peleamos sus batallas, entonces ellos nos engañan”.