Argentina tiene en el altar mayor de su patriotismo a Juan Domingo Perón, Evita y Diego Armando Maradona. Ninguno de los tres se ha distinguido por valores de santidad y sin embargo, todavía hoy quienes brillan en el mundo en los campos de la cultura la ciencia o el deporte, únicamente tienen la posibilidad de llenar una hornacina en un altar menor. Es el caso de Lionel Messi, reconocido en todo el mundo, excepto su país, como el mejor jugador actual. No es ´galáctico´, al estilo madridista, pero es futbolista de otra galaxia.
Para que el barcelonista subiera a los altares porteños sería necesario quitar del mismo a Maradona y ello no es posible todavía. Los argentinos perdonaron a Perón y Evita todos sus enormes errores. A Maradona le han aplicado varias veces el indulto como se pretendió con los militares golpistas. Dieguito ´El Pelusa´ sigue siendo el héroe que derrotó a Inglaterra y vengó la derrota de Las Malvinas. No importó que en el Mundial del 94 fuera descalificado por el control positivo y dejara a la selección a la intemperie.
Maradona, ahora seleccionador, no ha conseguido que Messi triunfe plenamente. No es arriesgado sospechar que no le permite libertad para expresar con los pies su oratoria futbolística. No importa. Es probable que en Suráfrica actúe sin trabas tácticas y ratifique ante el jurado mundial, las extraordinarias calificaciones que ha obtenido en Europa.
Lionel llegó a La Masía con trece años y no se le vaticinaron grandes triunfos a pesar de la superior clase que exhibía jugando con los muchachos de su edad. Durante tres años, para combatir su enfermedad hormonal se le aplicó el tratamiento de la hormona del crecimiento (GH) con el fin de que pudiera alcanzar una altura razonable. Le llamaban ´La Pulguita´ y ello tenía tanto de admiración como de funesto pronóstico. Hacía mucha gracia, divertía y se ponía como ejemplo, pero se vaticinaba que con el cuerpo que tenía, y se le presumía para el mañana, no podría triunfar. Cuando se le comenzó a llamar la ´Pulga atómica´ era presunción de que el éxito era posible.
Nació el 2 de junio de 1987, en Rosario, ciudad dividida en dos aficiones y no hizo nido en ninguna de las dos, aunque perteneció a Newells Old Boys. Debutó en el Espanyol-Barcelona del 16 de octubre de 2004. El primer gol se lo marcó al Albacete al año siguiente. Pasó dos años en el Barcelona B y en las cinco temporadas en que ha pertenecido a la primera plantilla ha ganado dos Copas de Europa, tres Ligas, una Copa del Rey, una Supercopa, y ha ganado el Balón de Oro y el Fifa Word Player.
Fue antes la figura del Mundial sub´20 en el que fue ganador de la Bota de Oro y dada su facilidad goleadora va camino de conquistar la homónima europea, que solamente han ganado grandes estrellas. En su historial está también la medalla de oro olímpica ganada en Pekín.
La biografía de Messi tiene como añadido el haber marcado cuatro veces los tres goles, la tripleta, que da derecho a quedarse con el balón del partido. Al Arsenal le hizo cuatro y tras ello se agotaron los adjetivos para realzar sus cualidades balompédicas.
Messi goza del aprecio de sus compañeros porque en el campo saca a relucir su ingenio para ganar los partidos y al terminar no saca pecho. Messi hace del fútbol un juego, un divertimento con el que goza. Di Stéfano llamaba al Bernabéu ´La fábrica´ porque tenía un sentido laboral del oficio. Lionel va a los entrenamientos y a los partidos como iba al potrero en el que su abuela Celia, a quien dedica todos sus goles, le impulsó a jugar a pesar de que era diminuto y los otros muchachos tenían dos años más que él. Ese día se hizo con el balón dribló a todos los contrarios y el entrenador quedó pasmado por la facilidad del pequeño.
Lionel no ve problema en enfrentarse a tres defensas a la vez. En un metro cuadrado se zafa de ellos. Su ingenio va paralelo al desparpajo que se necesita para no amedrentarse ante una barrera que, como mínimo, tratará de derribarle. Su movilidad va unida a la lucha contra la ley de la gravedad. Es como los pajarillos de ciudad que huyen de la gente a saltitos buscando otras migas. Cuando le dan un tantarantán no tiene los pies firmes en el suelo. Cae y, afortunadamente, el golpe no es tan fuerte, hace menos daño.
Messi ha roto esquemas tradicionales. Es zurdo y entra por la banda derecha y a la hora del disparo a gol no necesita su pie izquierdo. Puede hacerlo con el derecho con notoria eficacia. En abril de 2007, en partido de Copa ante el Getafe, burló a cinco contrarios y marcó un gol que, inmediatamente, fue comparado al de Maradona en México´86. La preocupación madridista para el partido del siglo es muy simple: encontrar el modo de pararle.
JULIÁN GARCÍA CANDAU
España

