BOLETÍN ARGENTINO

Primer Boletín de Noticias de los Argentinos en el mundo - Director: Osvaldo Parrondo - Contacto: oparrondo@telefonica.net

Viernes, 30 de julio de 2010

Fútbol

África 2010: La estrategia blanca

(Escribe Horacio Eichelbaum) Del botín del Mundial a África le va a quedar poco más que la foto de sus niños de la mano con los grandes campeones del balónpie
Hubo quien se puso a hacer predicciones con el Mundial de Fútbol y antes de llegar al ecuador del torneo ya se le habían ido al traste la mitad de las adivinanzas, aunque las presentaban como producto de un análisis ‘científico’. De las 8 selecciones a las que se atribuían mejores posibilidades, tres no habían llegado a los cuartos de final.

No resulta nada fácil tratar de ‘mirarle las tripas’ al Mundial desde nuestra esquina del globo.  Tal vez hubiera sido una aventura apropiada para Philip Marlowe, quizás el detective más famoso de la novela negra, aunque lo suyo no era el continente negro sino la pelea del hombre duro y solitario contra hampones y millonarios excéntricos, dando algún directo a la mandíbula pero recibiendo más palizas de las que propinaba. No sé lo que hubiera averiguado Marlowe pero a nosotros no nos quedó otra cosa que estar atentos a la pantalla, viendo fútbol bueno, regular y malo, pero siempre tenso y bronco porque todos los partidos se convertían en finalísimas. Nos preguntábamos, por ejemplo, qué pintaban esas hileras de niños pequeños que entraban silenciosamente al campo de la mano de los grandes campeones, que apenas les dedicaban alguna mirada de soslayo. ¿Cuál era el simbolismo? Tal vez querían significar que había unos cuantos supervivientes de las hambrunas africanas o simplemente desfilaban para la foto: si llegan a abuelos supervivientes dirán a sus nietos supervivientes que fueron de la mano de un campeón.

Si nos preguntamos dónde está el poder dentro de cada equipo, las cosas parecen claras: en los bancos de los ‘mister’, que son los que pueden decidir quién entra y quien sale del  terreno de juego y sobre todo, cuál será la estrategia. Que no es solamente una extraña fórmula numérica (4-2-3-1 o bien 4-3-3 o tal vez 3-3-2-2…) sino que de repente se condensa en encargar a tres jugadores la persecución incansable de aquel rival ‘creador’ de juego en el medio campo, o en indicar al matón del once propio que guillotine a ese veloz goleador que es la estrella del equipo a batir.

Y bien: está a la vista de todos que salvo el señor amarillo que dirigía al equipo japonés, los directores técnicos suelen ser blancos. Nos hemos acostumbrado a que morenos y negros resulten ser franceses, ingleses, alemanes o escandinavos; ahora hay que hacerse a la idea de que incluso los equipos de países negros buscan un ‘estratega’ blanco. ¿Baja autoestima? ¿Será que no están preparados para la estrategia? ¿O será que la estrategia es hija de la guerra y la rapiña de riquezas ajenas?


Por Internet me llegan algunos montajes hechos por navegantes solitarios que ofrecen datos del mundial. Uno es sorprendente porque, siendo el  continente negro el reino de la musicalidad, es la colombiana Shakira la que aparece cantando el “Waka-Waka” y haciendo punta para una Fundación Pies Descalzos, dedicada a ayudar a niños huérfanos o desplazados de guerra.

Otro ‘power-point’ trae una cantidad de datos sobre Suráfrica y Mandela y unas pocas fotos de otros países africanos. Allí figura el Himno del mundial, escrito y cantado por un somalí, K’naan (que se fue a vivir a Estados Unidos y después pasó a Canadá). Traducido al parecer por alguien que se quedó a la mitad del curso de castellano, se le entiende sin embargo que los africanos luchan “peleando por comer” y que se siguen preguntando –en tiempo presente desesperado- “cuando seremos libres”. Y se dicen: “cuando sea mayor seré más fuerte”. O bien: “me llamarán libertad como una bandera que flamea”. O: las guerras traspasan las barreras, “trayéndonos promesas, dejándonos pobres”… “Les escuché decir ‘el amor es la manera’ pero mira como nos tratan…” Y también: “tratan de controlarnos pero no nos podrán detener porque nos movemos como soldados”.

Al fin, entre incongruencias, tiempos de verbo que no encajan y preposiciones a contrapelo, el Himno viene a contar algo que pertenece sin duda a la verdad de África, cuya independencia despertó en parte por la muerte de tantos africanos en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial: “peleamos sus batallas, entonces ellos nos engañan”.

África: Las multinacionales no golean

Messi, Cristiano, Kaká, Rooney y Ribéry no responden a las expectativas publicitarias
Adidas, la marca más fiel a la FIFA, se quedó sin la gran estrella que patrocina, Lionel Messi, el día que le eliminaron en los cuartos de final coincidiendo con la humillación más grande de Argentina en un Mundial desde 1974. Dijo Arrigo Sacchi, el ex seleccionador italiano, que Messi "fue la única gran figura que estuvo a la altura de su prestigio en Sudáfrica". Al menos, fue la única de las grandes estrellas que abandonó el campo llorando desconsoladamente. Sony se quedó sin el doliente Kaká, que se retiró señalando su pubis inflamado. Castrol perdió a Cristiano en algún campo de África y lo último que se supo de él fue que escupió al camarógrafo que le seguía por la cancha. Coca-Cola no logró rentabilizar un solo disparo de Rooney entre los tres palos. McDonald's tampoco consiguió que el egoísmo de Ribéry vendiera más hamburguesas. Del lado español, El Corte Inglés asistió con resignación a la suplencia de Fernando Torres.

"Los jugadores no consiguen nada por separado", recuerda Van Bronckhorst
.Hay algo salvaje en el fútbol. Algo relacionado con su condición de juego de orden misterioso, hostil al control externo, inhóspito a las reglas del marketing. Desde su creación, hace casi un siglo, la Copa del Mundo ha encumbrado a los mejores futbolistas. Procurando adelantarse a los acontecimientos, las multinacionales que rodean a la FIFA se lanzaron a firmar contratos para unir sus imágenes a distintos individuos cuyo rendimiento individual hacía suponer su apoteosis exitosa en Sudáfrica. Las seis mayores apuestas de los inversores fueron Messi, Cristiano, Rooney, Kaká, Torres y Ribéry, por este orden. No acertaron ni una.

Diego Maradona alcanzó lo más parecido a la gloria en solitario en 1986, en el Mundial de México. Su epopeya coincidió con el apogeo del individualismo en una época marcada por la presidencia estadounidense de Ronald Reagan. Como una señal de los tiempos, este campeonato castigó a los aventureros que se alejaron del grupo. Gio van Bronckhorst, el capitán de Holanda, se encogió de hombros el sábado: "Ya sabemos cómo están las cosas en el fútbol. Aquí los jugadores por separado no consiguen nada. Este Mundial está demostrando que lo importante es la colaboración entre todos. Es la hora de los equipos".

El fracaso de Carlos Dunga con Brasil, de Fabio Capello al frente de Inglaterra y de Maradona como seleccionador argentino recordó que Sudáfrica no es país para histriones. Los entrenadores que acapararon más protagonismo que sus jugadores se extinguieron en los cuartos de final. El más alborotador de todos fue Maradona, cuyas exhibiciones dramáticas fueron proporcionales a su incompetencia. Después de pasarse dos años poniendo dificultades tácticas a Messi, el seleccionador argentino dejó que su instinto le guiara. Sospechó que para ganar el torneo debía cargar toda la responsabilidad en su jugador de mayor talento y trató de convertir a Messi en un factótum que compensara los problemas defensivos y el vacío en el centro del campo argentino. Maradona acompañó sus improvisaciones con un discurso cursi: "Yo quiero que Lio sea feliz. Él es feliz con la pelota y lo que yo he dicho a los muchachos es que tienen que dar la pelota a Lio". Las consecuencias fueron tan desgraciadas para Messi como para los muchachos. Alemania les ganó por 4-0.

El seleccionador portugués, Carlos Queiroz, se paseaba melancólico hace unos días por los centros comerciales más opulentos de Johanesburgo. Mientras su esposa iba de compras, él meneaba la cabeza. "¿Qué le pasó a Cristiano? ¿Por qué jugó tan mal?", le preguntaban. "No lo sé", contestaba Queiroz con una tristeza que invitaba a pensar en su sinceridad. Cristiano jugó como delantero con Portugal y solo fue capaz de meter el sexto gol a Corea del Norte en una goleada que acabó en 7-0. Fue de rebote. Y completamente irrelevante.

En los últimos 60 años han sido muy pocos los 10 de Brasil que no dejaron su sello en la Copa del Mundo. Kaká pasará a la historia por ser una de las excepciones. Hizo poco en 2006 y en 2010, más allá de dos asistencias de categoría, fue incapaz de elevar el nivel. El médico de la selección brasileña, José Luis Runco, dijo lo que el jugador siempre ocultó: "Tiene una pubalgia. Si ha jugado ha sido solo porque hay un Mundial. En condiciones normales, debe descansar". Kaká tampoco dio buenas noticias a su club, el Real Madrid, antes de irse de vacaciones: "Ahora pensaré si paso por el quirófano".

El caso de Rooney resultó doloroso. El emblema de la selección de Inglaterra, famoso por su energía y su capacidad goleadora, se apagó en Sudáfrica. Jugó cuatro partidos, contra Estados Unidos, Argelia, Eslovenia y Alemania, y solo fue capaz de rematar seis veces a puerta. Una vez por hora. No hizo ningún gol. Su hermoso rostro pueril, desconcertado ante la derrota, reflejó fielmente el fracaso del individualismo. Fabio Capello, el seleccionador mejor pagado del planeta, con siete millones de euros anuales, no le ofreció ni una solución.

Diego Torres

 

Maradona y nosotros

Escribe el filósofo Ricardo Forster: Pasó, para los argentinos, el Mundial, se acabó, por ahora, la ilusión de la redención maradoniana. Duró, el sueño, hasta el fatídico sábado gracias a algunas pinceladas dejadas al correr de los partidos y por la electricidad que recorrió la pasión futbolera de un país que ha sabido de triunfos colosales, de goles inolvidables y de frustraciones memorables que dejaron sus marcas bien adentro de la memoria y de la sensibilidad. Los sueños compartidos, siempre, se entrelazan con las huellas de lo vivido, son la manifestación de una extraña alquimia de ilusiones y de realidades. Su potencia tiene que ver con esos orígenes y con esos trazos dejados en la memoria colectiva por otras circunstancias. Por eso también su desvanecimiento produce un efecto devastador, nos deja con el alma en los pies y con la frustración a cuestas sabiendo que la revancha es un consuelo que queda demasiado lejos. Pero que, de eso también algo sabemos, suele regresar cuando menos la esperamos y nos devuelve la alegría perdida en medio de la derrota actual. Nuestro fútbol, como nuestra historia, está atravesado por esos momentos en los que la felicidad y el dolor han dejado marcas imborrables.

Una pasión que conmueve la vida cotidiana, que altera los ánimos y le da forma, muchas veces, al carácter nacional no puede ser la expresión de lo rutinario ni asumir la forma burocrática de quienes no sienten hasta el fondo de sus almas la significación de un deporte que es más que un juego, mucho más que un entretenimiento o que la retórica del fair play; que pone en evidencia lo visceral y lo emotivo, lo racional y lo imaginativo y que se entrelaza con recuerdos y biografías de cada uno de nosotros. Porque, pese a algunos periodistas que se ofrecen como sesudos analistas de la derrota, que siempre es ajena, a muchos de nosotros el 4 a 0 contra Alemania nos atraviesa el cuerpo y los sentimientos, nos hace retrotraernos a lo más recóndito de nuestra memoria futbolística y nos pone delante de una historia maravillosa allí, incluso, donde la frustración, la cachetada destemplada, el golpe de nocaut, la humillación de resultados calamitosos, se conjuga con gambetas inigualables, tacos para la historia y triunfos espléndidos de esos que muy pocos en el mundo pueden ofrecer como propios. Las derrotas también dejan sus marcas y asumen la forma del mito, están allí para recordarnos lo que solemos olvidar de nosotros mismos. Son parte de lo que somos y de lo que podremos ser si no las olvidamos ni dejamos de aprender de sus enseñanzas. Los ojos abiertos por el dolor suelen mirar más intensamente que los que nunca lo conocieron. Y también por eso las victorias, como las alegrías, se disfrutan mucho más. El técnico, único e irreemplazable, de nuestra Selección sabe algo de todo esto. Lo sabe porque lo vivió en carne propia. Y todo eso lleva el nombre de Maradona. El, como ninguno, representa las alturas más gloriosas de nuestro fútbol-poesía, ha sido el nombre de lo más entrañable que habita la saga de nuestro fútbol porque no sólo él fue el creador de un gol eterno, el pibe de los cebollitas que como un mago salido de un circo universal maravillaba con el jueguito interminable que le permitía hacer cualquier cosa con su máximo objeto de devoción que fue y es una pelota de fútbol. Maradona es Villa Fiorito, los picados del pobrerío, la palabra rea, esa que nos ha dejado sentencias únicas, aquel que la rompió en la vieja cancha de La Paternal, que se convirtió, para todo el pueblo napolitano, en un semidios, aquel que redimió a los pobres del sur italiano contra los siempre triunfadores habitantes del norte; fue el de las lágrimas de bronca en la final del ’90, el de los tobillos reventados dando su último esfuerzo, el amado por los humildes y el odiado por los dueños del negocio. También fue el de la caída, el de una vida privada saqueada por la brutalidad amarillista de los medios de comunicación, el de una adicción que le robaba su palabra y le ofrecía el rostro espantoso de la desolación. Fue eso y mucho más. El triunfo deparado a los olímpicos, a los elegidos de los dioses y el que pagó el precio terrible de ser quien fue y quien es. Maradona lleva a cuestas el peso de ser Maradona y, eso creo, lo hace con una dignidad que muy pocos tienen; lo hace con la integridad de los que han conocido el cielo y el infierno, las máximas alturas del éxito y de los elogios rutilantes y su contracara, la caída en abismo, la soledad, la venganza de los mediocres que nunca han dejado de maltratar a Maradona en sus momentos de inquietante debilidad o en circunstancias signadas por la derrota, la futbolera y, peor todavía, la de la vida. Maradona ha sido el del milagro que le permitió reconstruirse, ese mismo que desmintió a los agoreros que se solazaban con su derrumbe. En él, en su travesía extrema y extraordinaria por una cancha de fútbol y por el laberinto de la vida, metabolizó lo impensado de quien ha sabido revertir sus propias ausencias. Hay algo de todos nosotros en el zigzagueo maradoniano, algo de ese juego con los extremos que ha venido marcando la vida argentina desde siempre. Una gramática del exceso, un fervor por el que se paga un altísimo precio cuando llega la hora de la derrota, pero que nos ha permitido disfrutar con una intensidad única cuando llegaron los días del júbilo. Arrepentirse de esa trama profunda que nos constituye me resulta algo vacuo, insustancial e indeseable. Somos, qué duda cabe, la ilusión y la frustración, el empeño por hacernos cargo de lo mejor de una historia pigmentada por sueños a veces

inalcanzables y la imperiosa necesidad

de hacernos cargo de nuestras imposibilidades.

Algo de lo extremo, de eso que siempre acompañó a Diego, parece dar cuenta de nuestras vicisitudes, como si no nos convinieran el equilibrio ni el consenso. Todo o nada. El itinerario de Maradona se entrelaza con el del país, juega en espejo y nos muestra imágenes de nosotros mismos. Sus éxitos y sus derrotas no parecen ser muy distintas a las que nos acompañaron a lo largo de la historia. Supimos de momentos espléndidos, de mundos populares alcanzando cotas de equidad, que dejaron sus huellas en lo más profundo de la memoria colectiva (y el Maradona de los suburbios populares, el amasado en los potreros del pobrerío, el del lenguaje reo, el que siempre estuvo más cerca de Garrincha que de Pelé representa una parte no menor de esa memoria de un pasado mejor); supimos, también, de descensos al infierno, de horrores dictatoriales y de masivas destrucciones de nuestros sueños en distintas circunstancias de nuestra travesía como nación. Conocimos la esperanza y supimos del desencanto, tocamos los resortes más íntimos de la ilusión y nos descubrimos en medio de la pesadilla. Como país tuvimos, y tenemos, algo maradoniano, imposible, loco, entrañable, inesperado que no sabe de puertos intermedios, de maquinarias que siempre funcionan de la misma manera. Conocimos la improvisación genial y el desastre de la improvisación. Jugamos en equipo y nos embelesamos ante la aparición del genio que, él solo, resolvía partidos. Tal vez nuestro problema radique en no lograr que se crucen más y mejor ambos caminos. Tal vez ése fue el error de Maradona en este Mundial: imaginar que Messi era como él, que los mitos se repiten y que las epopeyas están a la vuelta de la esquina. A Messi, como a la historia argentina, le pesa la sombra del mito, el recuerdo de lo maravilloso perdido que, sin embargo, sigue insistiendo. Todos, sabiéndonos portadores de una vana ilusión, soñábamos el sábado en medio de lo que parecía un desastre, con la jugada maradoniana hecha por Messi, con esa gambeta increíble reproducida 24 años después. Claro, descubrimos que los acontecimientos inolvidables son únicos y no se repiten o, al menos, no cuando los esperamos.

Messi no es Maradona, no puede serlo. Su vida, el itinerario que lo llevó, siendo un chico, desde su Rosario natal hacia Barcelona no tiene nada que ver con los pasos seguidos por Diego. En Maradona hay todavía un resto de otro país, la saga mutilada de viejas historias populares, el camino desde la pobreza hacia la cumbre, la fidelidad a los orígenes que siempre se denuncia en sus momentos de arrebato, allí donde suele cincelar frases filosas y memorables como aquella que para siempre nos recordó “que la pelota no se mancha”. Messi, que es un buen chico, humilde pese a ser quien es, tiene más que ver con el futbol espectáculo, con Europa, con las canchas armónicas y prolijas, de esas que parecen mesas de billar y que nada tienen que ver con las nuestras (muchas veces impresentables y salpicadas por la violencia y lo delincuencial, pero también portadoras de la memoria del potrero). Y sin embargo Messi, de un modo notable, guarda en sus genes aquello mismo que hizo posible un Maradona. Quizás, como en una antigua tragedia griega, su hora sólo podrá llegar cuando la sombra del otro dios le deje ocupar su propio lugar bajo el sol. ¿Será dentro de cuatro años?

* Doctor en Filosofía, profesor de la UB

Lamentablemente acerté el final de toda esta locura vergonzante.

Escribe José María Otero: Y reitero que el 50% de la culpa de lo que nos pasó es del “periodismo” deportivo argentino actual. Que no saben nada y pòr  eso Maradona mandó que “la chupen”. Y la chuparon.
Pero después de la humillación, de ver al pobre Masherano correr por toda la cancha detrás de los alemanes mientras  otros miraban, de ver a Messi corriendo en su campo para agarrar alguna pelota y de comprobar cómo Argentina jugaba como lo hacíamos en el barrio : “Yo me voy arriba y que se quede otro atrás” –Y nos íbamos todos-, de aguantar la soberbia y mala educación de Maradona para que ahora nos avergüencen en todo el mundo, veo que los periodistas “han descubierto” los problemas.
Lo leo en Clarín y me cuesta creerlo. Se han dado cuenta ahora. Después de admitir que el DT y su patota llevasen jugadores que les impuso la barra brava, otro que pidió el amigo Mohhamed, el que pidió Verón…., varios ex futbolistas, etc., el “periodista” de Clarín nos da el bombazo y nos enteramos porqué perdimos… ¡Primicia mundial!
Leamos, enterémosnos de los porqués:

Diez razones de la eliminación de Argentina


La Selección nunca estuvo cerca de la clasificación ante Alemania. Un equipo desordenado y un cuerpo técnico que tomó malas decisiones. (reíte de Janeiro)
¿Por qué diez? Ese numerito caprichoso que tanto se vio en este Mundial relacionado con Argentina. Porque Diego Maradona es el diez, porque Lionel Messi heredó el diez, porque se esperaba un torneo redondo y perfecto. Por eso 10. Diez razones que explican la lenta y dolorosa eliminación de la Selección del Mundial de Sudáfrica.


1: Un cuerpo técnico incapaz de resolver situaciones. Diego Maradona hizo un curso acelerado, y lo reprobó. Nunca encontró el equipo. No instaló una ideología de juego y pocas veces acertó con los cambios. Fue claro, en cada presentación de Argentina en el Mundial, volantes lejos de los delanteros. Messi recibiendo la pelota detrás de la mitad de la cancha. Nunca logró conexión en la transición de una posición defensiva a una ofensiva. Toda la responsabilidad recayó sobre Messi, y Messi no es Maradona. Ante Alemania, recién con el partido 0-2 el técnico decidió el ingreso de Javier Pastore. Cuando ante México se había notado el mismo problema y fue el ex Huracán el que mostró las mejores credenciales para ser el socio de Messi en el triunfo sobre Grecia.

2: Maradona se equivocó en la convocatoria.
Quedó en evidencia el técnico. Dejó afuera a Esteban Cambiasso y se peleó con Juan Román Riquelme. Encima se deshizo de Javier Zanetti, de una temporada brillante. ¿Y qué pasó con el lateral derecho en el Mundial? Primero improvisó con Jonás Gutiérrez, que terminó saliendo del equipo. En su lugar fue Nicolás Otamendi y el pibe de Vélez tuvo un partido pésimo ante Alemania, una de las claves de la derrota. No es culpa de Otamendi, un central con poca experiencia llamado a ser bombero para tapar agujeros. Además, Maradona convocó a Ariel Garcé y el Chino no jugó ni un minuto en el Mundial.
Nota: ¡Y ahora lo decís! ¿Por qué no contás porqué fue Otamendi y quien lo puso...?

3: Una defensa desordenada. Dijo Maradona, poco después de asumir como técnico de la Selección: "Conmigo Heinze juega de central". Y en el Mundial, Heinze fue el lateral izquierdo de un equipo que no tuvo salida desde el fondo. Heinze fue lo más flojo de la Selección en la Copa del Mundo. Por otro lado, el cuerpo técnico informó que Walter Samuel estaba recuperado para volver ante México, pero el central le había comunicado a Maradona que no se sentía pleno para jugar. Se expuso a Samuel y después perdió el puesto con Burdisso para el partido con Alemania.

Nota: ¡Y ahora lo decís del botón – Heinze-  que introdujo a Maradona en la Selección traicionando a Basile!

4: Un mediocampo sin juego. Maradona eligió a Mascherano como capitán. "Masche más diez", era la frase. Y el volante del Liverpool (que terminó jugando como lateral derecho en Inglaterra) tuvo una temporada muy floja. En el Mundial, nunca estuvo preciso y pegó más de lo que jugó. Corrió como ninguno, pero le faltó panorama. Algo que le podría haber dado Mario Bolatti al equipo, un jugador preciso y con mucho más juego, que vio casi todo el Mundial desde el banco de suplentes. Una asignatura pendiente ver a Mascherano complementarse con Bolatti.

Nota: ¡Y ahora lo decís! ¿Y del ex futbolista Maxi-Mini Rodríguez que opinás?

5: Un Messi maltratado por las malas decisiones de su entrenador. "Yo le doy libertad a Lio para que juegue cerca de la pelota", había dicho Maradona ayer en la conferencia de prensa en el Green Point de Ciudad del Cabo. Una frase que delata la incapacidad de Maradona como técnico. Messi, el goleador de Europa con 43 tantos, no pisó el área en el Mundial de Sudáfrica. Recibió la pelota siempre lejos del arco y tuvo que intentar generar todo el juego de ataque del equipo. El mejor jugador del mundo, desaprovechado.

Nota: ¿Y ahora te avivás?

6: La interna en el plantel. Porque Carlos Tevez se enojó cuando nadie se acordó del cumpleaños de Javier Pastore y todos festejaron el de Lionel Messi. Porque Juan Sebastián Verón y Jonás Gutiérrez le reclamaron al técnico por haberlos sacado del equipo. Porque Walter Samuel desató su bronca cuando mancharon su nombre en la previa del partido ante México.

Nota: ¿Y ahora lo decís? Si vos me contabas que era un ambiente sensacional. Todos grandes amigos y Maradona era el papito genial de todos…

7:
Cuando los jugadores descubren que Papá Noel no existe. Porque Maradona pasó de ser esa figura divina a un mortal más, de carne y hueso. Porque sin un plan de juego, sin una ideología, sin convicciones, sin un mensaje, no se puede ganar un Mundial. Porque Maradona apostó todo a la motivación y los jugadores no son tontos. Dejaron de creer en el regalo abajo del árbol. Perdieron la fe.

Nota: ¿Y ahora lo decís? ¿Cómo no te avivaste antes que Maradona y su patota no tienen ni idea de armar un equipo y un plan de juego…?Y están en la joda total…

8: Un rival superior. Alemania fue superior a Argentina. No hay dudas. No hacía falta que el resultado fuera de 4-0, aunque le da mayor validez. Porque con una idea para atacar (dos toques cortos y uno largo) le alcanzó para aplastar a una Selección que nunca supo cuál era el camino.

¿Y ahora lo decís? Si Argentina “jugó” igual que en los otros partidos,  4 atrás, 1 en el medio 3 adelante y dos en el limbo.

9: Al final Schweinsteiger tenía razón. Dijo el volante alemán que los "argentinos intentaban sacar ventajas siendo prepotentes y hablando con los árbitros". Dieron vuelta la cara cuando ante México Tevez abrió el partido con un cabezazo en clara posición adelantada. Y con Alemania, cuando Higuaín tocó al gol (había cuatro jugadores adelantados), todos se quejaron.

¿Y ahora te avivaste que Heinze sólo sabe botonear compañeros, agitar los brazos y dar todas las ventajas del mundo, pero eso sí, haciendo bandera con el árbitro…

10: Lo dijo Verón tras la clasificación ante Uruguay: "Hay cosas que tienen que cambiar". Y no cambió nada. "Desde la cabeza, hasta el último jugador de las Eliminatorias". ¿Qué cambió? Primero hay que reencontrar la identidad perdida. Esa que se perdió tras una renuncia cargada de dudas de Alfio Basile.

¿Se perdió la identidad? Mirá vos. ¿Ahora te desayunás? ¿Dónde estuviste hasta ahora? ¿La renuncia cargada de dudas de Basile? ¿No sabías la cama que le hicieron Heinze y Maradona? ¿Pero vos, de qué laburás? Maradona dice que éste es el camino… Para comernos 6 con Bolivia, 4 con Alemania…. Y ustedes lo aplaudían y él exigiéndole que pidieran perdón…

Faltan cuatro años para volver a soñar.

Sí, para soñar con periodistas deportivos como vos y tus colegas ignorantes que nos llevan al infierno y avalan estas aberraciones…

Las acotaciones en negrita  son de un argentino humillado, derrumbado y con ganas de matar a alguien…

En Sudáfrica, ¿tiembla el fútbol-negocio?

Quienes disfrutamos y los que sufren con el fútbol, por igual, coinciden que este deporte-espectáculo es un fenómeno político y social que entre otras funciones opera como un mecanismo de identidad nacional. Tampoco hay dudas sobre el hecho de que el fútbol-espectáculo posibilita la manipulación de la sociedad en pos de afianzar el modelo político-económico y el statu quo, disuadiendo el cambio social y, a la vez, abriendo las puertas a las enormes ganancias de pocas empresas trasnacionales.

Ciao Italia, ciao

Al fútbol se le considera el deporte más popular del mundo, ya que unos 300 millones de personas lo practican a lo largo y ancho del orbe, desde Corea del Norte hasta Estados Unidos, desde Palestina a la caribeña Turcos y Caicos.

Es entretenimiento, diversión y pasión, pero también es una actividad muy lucrativa tanto para las federaciones nacionales, para la Federación Internacional de fútbol Asociación (FIFA) y para las empresas trasnacionales, socias de esta institución en la organización de los torneos locales, regionales, intrarregionales, interregionales e, incluso, las copas mundiales.

Hace ya 24 años, cuando el Mundial e México, escribíamos una nota-ficción junto a Víctor Ego en la que especulábamos que quizá en el futuro los mundiales se jugarían entre los contratados por Nike contra los de Adidas, los de Coca Cola contra Gatorade… Ni tan lejos estábamos: Internacionales de Milán, campeón de Italia y de Europa, es supuestamente un equipo italiano donde generalmente no se alinea a ningún italiano.

Sin dudas, el fútbol tiene implicaciones políticas, sociales y culturales muy amplias, y dentro de esta teoría neoliberal de dejar todo librado al mercado, el Mundial sirve para que, a través de los medios cartelizados de comunicación, estas grandes empresas trasnacionales garanticen nuevos mercados para sus productos.

Hay jugadores que ganan más por ser “modelos” de estas empresas trasnacionales, que por su labor profesional. Las empresas pelean el mercado para que los mejores jugadores usen tal o cual calzado o ropa deportiva, se afeiten o no, tomen este refresco o la otra bebida energizante, usen este reloj, aquel automóvil. Son los mejores referentes para el consumismo: Fulanito triunfó porque usó esta marca y tú también puedes (si usas la misma marca, claro).

Hay más selecciones nacionales (199) en la Federación Internacional que países reconocidos en las Naciones Unidas (186). La FIFA reconoce a Escocia, Gales, Irlanda del Norte y hasta ha admitido a Palestina. Parafraseando al estratega prusiano Karl von Clausewitz, se podría concluir que “el fútbol es la continuación de la guerra con otros métodos”.

Y no sería la primera vez que este mecanismo de identidad nacional tenga derivaciones bélicas (o sirva de excusa para ello), como ocurriera en 1969 en la tragedia armada vivida por Honduras y El Salvador.

La crisis del capitalismo europeo

Por eso, ¿permitirá la FIFA y sus socios que un pequeño país –y, a la vez pequeño mercado- se apodere de la Copa del Mundo? ¿A quién le venderán, entonces, los cientos de millones de camisetas, de zapatillas, cervezas, refrescos, electrodométicos, automóviles, televisores, etcéteras, etcéteras… y hasta vuvuzelas? ¿Lo permitirán árbitros que muchas veces han inclinado la balanza en favor de los más poderosos? (Basta recordar la clasificación de Francia con el manotón de Thierry Henry.)

La crisis capitalista en Europa trajo aparejada la debacle de los dos últimos finalistas del Mundial: Francia e Italia. También se fueron Grecia, Serbia y Dinamarca. De Inglaterra y Alemania sobrevivirá apenas uno hasta cuartos de final. Desaparecieron grandes mercados para colocar los productos y entre los africanos (presuntos mercados emergentes) apenas clasificó Ghana. Hay preocupación en la FIFA.

Quedan varios mercados emergentes de países subdesarrollados, como los latinoamericanos, que metieron a Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y México entre los 16 mejores. Si es por mercados potenciales, Brasil, Argentina y México son los más rescatables, y, además, en los dos primeros la crisis del capitalismo ha sido contenida con medidas oportunas. Y, junto a ellos, aparecen los outsiders asiáticos, Japón y Corea del Sur.

En su desesperación por sobrevivir deportivamente, aquellos orgullosos equipos blancos europeos debieron abrir sus puertas a los inmigrantes e hijos de inmigrantes: Francia salió campeona del mundo con muchos jugadores nacidos o hijos de nativos de sus ex colonias. En la selección holandesa de los años 1980-90 había varios nacidos en Surinam, por ejemplo. Después de muchos años, hay negros, polacos y turcos jugando en la selección alemana (y hasta un brasileño), olvidando aquello de la raza aria… Aparecen brasileños incorporados a la selección portuguesa, un argentino en la italiana.

En 1924, Uruguay, un país –entonces- de casi dos millones de habitantes, entró a puntapiés en la geografía mundial, al clasificarse Campeón Olímpico, hazaña que repitió cuatro años más tarde. Y en 1930, esos blancos, mulatos, zambos y negros de un “paisito” que casi se cae del mapa, que se divertían jugando al fútbol, fueron los primeros campeones mundiales, proeza que repetirían en Brasil 20 años después.

Pero Uruguay no es el único ejemplo, aunque sí, quizá, el primero. Ahí estuvo Costa Rica con sus tres millones de habitantes llegando a cuartos de final en 1990, y la Bolivia aymara en la Copa estadounidense de 1994. O la presencia de Eslovenia, con apenas dos millones de habitantes, y Eslovaquia, con 5,4 millones, en el mundial de Sudáfrica. Eslovenia casi clasifica a octavos de final y Eslovaquia, parte de la antigua Checoslovaquia, lo logró y nada menos que ante Italia, el último campeón.

El fútbol debiera servir para integrar símbolos nacionales, como estilos, ritmo, movimientos, dinámica, que tengan que ver con la propia historia e idiosincrasia de los pueblos y las naciones. Decía el argentino Dante Panzeri que el fútbol es la dinámica de lo impensado. Claro, Panzeri se refería al deporte y a sus cultores, y no al espectáculo profesional –y el circo asociados- auspiciado por las grandes trasnacionales.

Pero cuando vemos hoy, en Sudáfrica, que las selecciones africanas, en su mayoría, son dirigidas por “mercenarios” entrenadores europeos, observamos cómo se les quiere amputar esa identidad en pos de un supuesto “juego moderno y competitivo”. Cuando se salen de los rígidos esquemas de entrenadores que vienen del frío, es cuando renace la alegría del juego africano, cuando se oyen de fondo los tambores de la selva, y no solo las vuvuzelas.

¿Se juega como se piensa? Esa es una buena pregunta. Porque lo que quedó demostrado en Sudáfrica es el aburguesamiento del profesional europeo, que parece haber perdido (salvo honrosísimas excepciones) la alegría de jugar, para calcular cada paso que da en la cancha y sus alrededores. Los han vuelto metrosexuales, modelos de otras mercancías (y no de su arte, que es el jugar al fútbol) y de consumismo, alejados de sus gentes, de su idiosincrasia,  su historia. Hoy se juega más de acuerdo a los cálculos que haga la federación de cada país y las ideas o esquemas que tenga el entrenador (y si es foráneo, peor).

El negocio

¿Quiénes manejan la FIFA? Hasta el 1974 fueron los europeos, pero era otra época más romántica del fútbol (obviamente dejando de lado los campeonatos mundiales ganados por Italia en plena dictadura de Mussolini). El brasileño Joao Havelange rompió esa hegemonía europea hasta que nuevamente la tomó el suizo Joseph Blatter, quien está ahora al frente de las decisiones del organismo.
Dicen que fue Havelange y su visión empresarial la que globalizó y el fútbol y lo convirtió en mercancía, generando ingresos millonarios para ciertos consorcios trasnacionales. En 1994 llevó al Mundial a un país donde el fútbol era muy poco popular. Ahí hizo caso de las influencias de las empresas trasnacionales, asociadas ya a la FIFA en el negocio. Lo mismo pasó con las Olimpíadas, cuando Delta Airlines y Coca Cola lograron imponer la sede de Atlanta.


Y hoy llegaron a Sudáfrica, a África por primera vez, buscando nuevos mercados para los mismos productos, cuyas ventas bajaron sensiblemente en el último año en Europa y Estados Unidos, gracias a la crisis de modelo económico y político. En Sudáfrica, la mayoría negra se contagió de la fiebre mundialista, mientras los blancos estaban más interesados en el partido de rugby que jugaron los Sprinboks con Francia.

Obviamente, la FIFA olvidó a quienes generan al negocio, a las futbolistas, la mayoría de los cuales (exceptuando los pocos cientos de privilegiados) sufren situación de servilismo por parte de los clubes (e intermediarios) que trafican sus fichas y sus futuros.

La página web de la FIFA señala que las Copas del Mundo “generan ingresos sustanciales (…) a través de la venta de boletos, los derechos de transmisión, los patrocinadores y la mercancía alusiva.” También señalan que “los beneficios fluyen a los equipos finalistas, mientras que la FIFA retiene únicamente los fondos que necesita para financiar sus costos administrativos y las actividades centrales para el siguiente período de cuatro años”.

Suena demasiado altruista, ¿no?, sobre todo cuando se sabe que las ganancias de la institución superaron los 400 millones de dólares en el mundial anterior, cifra exponencialmente superior a los gastos administrativos que pueda tener.

¿Habrá posibilidad para que un país “chico” se alce con la Copa? Claro, sería un muy mal negocio para los mercaderes, pero ¡que bueno sería para el fútbol!

Aram Aharonian
Question digital

Ganamos pero….

Escribe José María Otero

El debut de Argentina en el Mundial de Sudáfrica nos sirvió para seguir alentando esperanzas, pero…son tantos los peros que a veces nos gana el desánimo, aún sumando de arranque.

Lo visto hasta ahora nos sirve para comprobar que a Argentina le ha tocado una zona muy fácil. El aperitivo de Corea-Grecia nos mostró a dos rivales indignos de las finales de un Mundial. Y Nigeria reveló un nivel paupérrimo. Tres equipos ingenuos, sin capacidad técnica, que nos permiten situarnos virtualmente en la segunda fase.

Pero después de diez minutos iniciales brillantes, Argentina se fue quedando y en la segunda parte se conformó con el raquítico uno-cero que nos hizo contemplar nerviosamente el transcurso de los 45 minutos finales.

Agotado Verón –como era de esperar- el cambio por Maxi Rodríguez me pareció penoso. En lugar de ingresar a gente con capacidad técnica, capaz de ordenar el juego y teniendo en el banco a Pastore o Bolatti ese cambio es inexplicable.

Higuain necesita campo y espacio para que desarrolle su velocidad y poder de definición. Al ritmo cansino que adoptó el equipo se diluye completamente.

Agüero era un ingreso cantado cuando se va Di María. Está claro que el cuerpo técnico tiene pocas luces, no sabe leer el partido y da la impresión de que la influencia de Verón en las decisiones de Maradona va más allá que las de un experimentado componente del equipo.

Se ganó pero las dudas se mantienen. Por el lado positivo vale la pena rescatar la seguridad de Romero en el arco, la presencia solvente de Mascherano en la recuperación y control y las ganas de Messi que cada vez que encara hace presagiar cosas importantes.

Negativo: Jonás no es lateral, ni Di María capaz de tapar toda su banda. Y sigue faltando el futbolista que enlace el medio con los de arriba. Por eso no me queda más remedio que dudar, aunque los resultados, si se siguen sumando triunfos pueden ser un espaldarazo para la moral del equipo.

El otro mundial

La euforia futbolística estalla.  A partir de este viernes 11 de junio y durante exactamente un mes – hasta la esperada final del 11 de julio- el planeta se mimetizará en un gran balón.
El mundial de fútbol ocupará entonces el epicentro mediático internacional. Nada, o muy poco, se escapará a la fiebre deportiva estimulada por enormes intereses económicos. Derechos de televisión varias veces millonarios; ganancias extraterrestres para las firmas auspiciantes; premios indecentes para los triunfadores... Excitación – comprensible- de la mano de beneficios económicos –inimaginables- en el mayor carnaval planetario jamás vivido hasta ahora. Con el escenario particular de un país de África. Continente que por primera vez en la historia acogerá al Mundial de la FIFA (Federación Internacional del Fútbol)

El apartheid social

Organizaciones sociales sudafricanas aumentaron en las últimas horas el tono de la denuncia. Acusan a las autoridades municipales del *Cap* y de otras ciudades del país de expulsar a miles de “sin techo” hacia zonas periféricas alejadas de la vista de los visitantes.
Derrotado heroicamente el apartheid en 1994, sin embargo el impacto colonial no ha sido superado radicalmente en estos tres lustros de la nueva Sudáfrica, principal potencia económica del continente.
Si bien desde 1995 el ingreso mensual medio de la mayoritaria población de color aumentó en un 37 %, en igual período el de la población blanca superó el 83%. África del Sur es una de las diez naciones del mundo con mayor desigualdad interna.
El 20 % de las familias más ricas concentran el 62 % de los ingresos a nivel nacional, mientras que el 40 % más pobre de la población total araña apenas el
10 %.

El desempleo explota junto con la desesperación. Oficialmente, el 24.3% de la población en edad productiva no tiene trabajo. Cifra que en realidad oscila en el 40%. Uno de cada dos jóvenes esta excluido del proceso productivo. Tasa que aumenta sensiblemente entre los jóvenes negros: 70% de ellos no tiene acceso al trabajo al concluir la escuela.

Cuatro de cada diez sudafricanos viven con menos de 2 dólares diarios – frontera del concepto de la pobreza según las Naciones Unidas-. Desde 1990 a la actualidad la esperanza de vida media descendió de 62 a 51 años.

¡Fuera de juego!: tarjeta amarilla a la FIFA

Más de 13 mil suizos sostuvieron con su firma la campaña lanzada en abril pasado contra la FIFA y en solidaridad con los sectores más excluidos de la población sudafricana.

Iniciativa promovida por la “Ayuda Obrera Suiza” (AOS), que dio así continuidad a la Campaña Internacional a favor del “Trabajo Digno” lanzada por las principales centrales sindicales mundiales en el marco del Foro Social Mundial de Nairobi, Kenya, en enero del 2007. Ya entonces se anticipaban los potenciales estragos sociales que llegarían de la mano del mundial 2010.

Esa organización de solidaridad helvética acusa a la Federación con sede en Zürich de pasividad o falta de compromiso activo en tres áreas sensitivas.

No presionar a los países organizadores de competencias (en este caso África del Sur) para que sus empresas y auspiciantes respeten las normas mínimas de trabajo digno y consulten a los sindicatos.

No denunciar la violación de derechos humanos, en particular las expulsiones de los “sin techo”. Y en tercer lugar, no respetar a fondo la libertad de prensa.

Organizaciones del sector denuncian las restricciones impuestas para el trabajo informativo y las condiciones para la acreditación de sus miembros. En particular, el inciso que estipulaba que la actividad periodística “no debe atacar la reputación de la FIFA”. Esa fuerte reacción llevó a la Federación a relativizar ese punto.

La presión internacional y la movilización social interna produjeron frutos parciales. El caso de los obreros que construyeron los estadios fue significativo. Lograron pasar de los 2500 *Rands* por mes a 3000 *Rands* (en torno a los 460 dólares estadounidenses). Sin embargo todavía menor a los 700 dólares exigidos como salario mínimo – vital por parte de los sindicatos sudafricanos.

Flagelos sociales contra la niñez

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) convocó el jueves 10 de junio a su campaña “Ir derecho hacia el arco” para eliminar las peores formas de trabajo infantil hasta 2016.

Al tiempo que crece la excitación planetaria por el Campeonato Mundial de fútbol, señala la OIT, “215 millones de niños en todo el mundo deben trabajar para sobrevivir. Para ellos, la educación y el juego son un lujo”, sentencia.

Y es al organismo internacional de convocar, en este caso en colaboración con la FIFA, a la jornada “Tarjeta roja al trabajo infantil” a realizarse en 60 naciones, el mismo viernes de la apertura del Mundial.

En paralelo la Organización de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), aprovecha del telón de fondo de la competencia futbolística para lanzar un alerta sobre el riesgo de abusos sexuales potenciales contra niños y niñas durante esa competencia que reunirá a casi 3 millones de espectadores locales.

Sergio Ferrari

ALAI AMLATINA,

Las diez razones por las que será un Mundial distinto

Pretoria - Cada Mundial deja su marca. Pero está todo dado para que éste, Sudáfrica 2010, sea definitivamente distinto de todos los anteriores. Y que quede en la historia por esas diferencias. ¿Por qué habría de ser distinto?
1) Por Africa

Será el primer Mundial en continente africano, después de 10 en Europa, 7 en América y uno en Asia. Y aunque Joseph Blatter, presidente de la FIFA, ha declarado que cumple una promesa que se hizo a sí mismo en 1981, cuando ingresó en la organización, y a los africanos, en tiempos más recientes, es más fácil encontrar la clave en su reelección de 1998, cuando con los votos del continente venció al favorito, el europeo Lennart Johansson, por 111 votos a 80. Perdió la oportunidad de devolverles el favor en la elección de la sede para 2006, que ganó Alemania, pero lo logró el 15 de mayo del 2004, cuando él mismo definió: "Estaba muy feliz de no haber tenido que desempatar en un 12-12. Hace poco, Franz Beckenbauer me preguntó cuál habría sido mi voto. Le dije que estaba anotado en un papel y que lo rompí".

2 ) Sudáfrica
El próximo 25 de junio, cuando se estén jugando cuatro partidos en cuatro puntos cardinales de este país -en Pretoria; en Durban; en Bloemfontein; en Nelspruit- se estarán cumpliendo 15 años, nada más, de aquel otro partido "que salvó a una nación": la final del Mundial de rugby que los Springboks le ganaron a los All Blacks y que, por la prédica de Nelson Mandela, fue festejada por todos los sudafricanos, tanto blancos, fanáticos de aquel equipo de camiseta verde, como negros, que hasta ese momento veían en esa misma camiseta el símbolo del aberrante apartheid que habían sufrido.

Quince años no es nada, y por eso la pelota -esta vez, redonda- pica en calles donde todavía la historia, de tan reciente, se palpa y se vive. Cómo se palpan y se viven las sensaciones más contradictorias: la amabilidad, la cordialidad, la alegría y el colorido de la gente en las calles, contrastadas con cifras que asustan, como que el 50% de los habitantes vive en la pobreza, que la expectativa de vida cayó por debajo de los 50 años, o que 1000 personas por día mueren por el sida. Que el Mundial se juegue aquí lo hace, en sí mismo, diferente. Y deja abierta la pregunta: ¿si el de rugby le sirvió para tanto, para cuánto le servirá el de fútbol?

3) La Música
Será un Mundial con música y no precisamente agradable. Pasarán los años, se repetirán los partidos que habrán de jugarse aquí, y no será necesaria ni la imagen ni el relato para darse cuenta de dónde y cuando fue: detrás, estará sonando ese instrumento, una corneta que hace sentir que un enjambre de abejas se le están metiendo a uno en el oído. Ni Shakira ni K´nann: la música del Mundial serán las vuvuzuelas.

4) Maradona
Con Diego Maradona pasa lo mismo que pasaba con Sudáfrica: hace sólo un año, tal vez un poco más, nadie garantizaba que estarían haciendo hoy lo que están haciendo: organizando un Mundial uno, dirigiendo a la selección argentina el otro. De los dos se desconfiaba, pero aquí están. Conociendo a Maradona, una sola cosa puede arriesgarse: no pasará inadvertido.

5 ) Por Messi

Maradona llegó al Mundial de México como candidato a ser el N°1; Lionel Messi llega a Sudáfrica 2010 como el N°1. Es cierto, Diego tenía 25 años, la edad ideal, cuando alcanzó el reinado. Pero a los 23 que cumplirá Leo en plena competencia, el 24 de junio, habrá que agregarle en su favor la extraordinaria cosecha de títulos -y por lo tanto, de experiencia- en los últimos años: 2 Ligas, 1 Champions, 1 Mundial de clubes, 1 Copa del Rey, 1 Supercopa española y 1 Supercopa europea. Desde que se levantó de aquel banco de suplentes en la eliminación de Alemania 2006 -¿el España ´82 de Maradona?- hasta hoy, en Barcelona ha jugado 180 partidos y ha convertido 118 goles.

Ahora tiene la oportunidad de coronarse. En 2006, Fabio Cannavaro fue más que la figura, el representante de la defensa italiana y Zinedine Zidane dejó caer la corona con un cabeza. El trono está vacante. Competirá con Cristiano Ronaldo, con Sabih o con goleadores como Rooney. Pero él llega antes.

6) Los que no están
El síndrome Mundial golpea siempre, pero esta vez ha sido una pandemia. Entre los que no fueron elegidos por sus entrenadores, los que se lesionaron en sus clubes, los que se lesionaron estando ya en la selección, el listado de ausentes o de posibles ausentes es notable: Ballack, Ronaldinho, Beckham, Owen, Ashley Cole, Ferdinand, Cabañas, Essien, Mikel, Ibrahimovic, Robbie Keane, Carew, Berbatov, Cech, Keita, Adebayor y, por qué no, Juan Román Riquelme, entre otros, más las sombras que cayeron sobre Drogba y Robben en las últimas horas.

7) Por el juego
Quizá bajo el influjo de los globales duelos entre Barcelona e Inter, la discusión táctica ha vuelto al fútbol. También las chicanas, cierto, pero esa es otra historia. La verdad es que, en un ambiente en el que "hace 20 años no se cambia nada", según la opinable definición de Carlos Bilardo, y en un contexto como en el de los mundiales, en el que cuesta mucho encontrar buenos partidos, parece todo dado para los duelos de estilo. En todo caso, basta tomar como referencia lo que sucede con dos de los máximos favoritos: esa España cada vez más brasileña y ese Brasil cada vez más europeo.

8) Por las barras
Si bien el "nunca antes se había visto algo igual" ha sido bastardeado, en este caso vale. Nunca se había visto tanta impunidad y nunca se habían visto tantas barras de viaje a un Mundial. Apoyados por unos o por otros, por protagonistas o por funcionarios, aliados o enfrentados, pero todos salpicados. Las Hinchadas Unidas Argentinas y la Banda Oficial de la Selección pasarán, tristemente, a la historia, en un Mundial en el que la seguridad incluye por primera vez a Interpol y a fuerzas extranjeras para controlar tanto el terrorismo internacional como a la inseguridad local.

9) La hiperconexión
Está dicho y escrito mil veces, pero cada Mundial obliga a repetirlo. A renovarlo. Cada cuatro años, este acontecimiento se ofrece como mesa de pruebas para los avances tecnológicos: del télex en México ´86 al fax en Italia ´90; de la computadora en EE.UU. ´94 a las redacciones remotas en Francia ´98; del WI-FI en Japón-Corea 2002 al blog en Alemania 2006? En Sudáfrica 2010 manda la hiperconexión, con Twitter como herramienta más novedosa pero, más que eso, con información al instante, 24 horas por día, todos los días. Será distinto por eso, sí, pero ya vendrá Brasil 2014 con algo nuevo.

10) Por el desempate

Quiso el destino, o vaya a saber qué, que el gran duelo entre América del Sur y Europa se dirima en terreno neutral. Será en Africa donde desempatarán, ya que de los 18 torneos han ganado hasta aquí nueve cada uno. También puede suceder, claro, que el equilibrio no se rompa, pero aparezca un tercero en cuestión: ¿y si un africano gana en tierras africanas? Sería por eso, y más que nunca todavía, un Mundial diferente.

Daniel Arcucci


Como cuidar bolsillo de los hinchas argentinos en el Mundial

Los afortunados que viajen a Sudáfrica con el sueño de ver a la selección argentina de fútbol ganar el Mundial, además de algunos recaudos sanitarios, deberán estar atentos al bolsillo. En primer lugar, para los que aún no la conocen, el rand es la moneda sudafricana.  Lo que aconsejan los expertos es viajar con rands en la billetera desde Ezeiza. Es decir, el consejo unánime es cambiar dinero en Argentina. La cotización de la moneda sudafricana se ubica en 7,5 unidades por dólar y por cada rand se otorgan u$s 0,13. Contra la moneda local, la conversión es la siguiente: cada 0,50 centavos de pesos argentinos se otorga 1 rand.

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Fútbol: de pasión de multitudes a negocio billonario

Cada cuatro años el planeta parece enloquecer. Son las fechas en que se efectúa el mundial de fútbol, deporte de alta convocatoria global y mayoritariamente popular en relación a otros deportes en casi la totalidad de los países del orbe, exceptuando Estados Unidos donde el “Súper Tazón”, la final del fútbol americano, lo supera.
Cada cuatro años se habla fútbol, se respira fútbol, se sueña fútbol. Gran parte de los ciudadanos del mundo, se olvidan momentáneamente de sus problemas alucinados por esta “fiesta universal del deporte y del balón” que les permite soñar que la selección de sus respectivos países alcanzará el áureo trofeo que la identificará como la mejor del mundo.

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Messi: El inaudito fichaje de un chico genial

Una servilleta, una farmacia y el empeño de un ex empleado del Espanyol llevaron a Messi al Barça. Jorge Messi se plantó y, harto de dar vueltas por las instalaciones del Camp Nou durante el mes de octubre de 2000, amenazó con llevarse a su hijo si el Barcelona no le extendía ya mismo un contrato.A Carles Rexach, director deportivo del club, el ultimátum le sonó tan serio y el niño le parecía tan bueno que tomó una servilleta de papel y en el restaurante del Club Tenis Pompeia, presidido por Josep Maria Minguella, escribió: "Yo, Charly Rexach, en presencia de Horacio Gaggioli [representante de la empresa Marka y que actuó en nombre de la familia Messi] y Josep Maria Minguella, me comprometo a la contratación de Lionel Messi en las condiciones pactadas y a pesar de la contra interna que existe en el club".

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Messi, con vitaminas creció hasta el infinito

Argentina tiene en el altar mayor de su patriotismo a Juan Domingo Perón, Evita y Diego Armando Maradona. Ninguno de los tres se ha distinguido por valores de santidad y sin embargo, todavía hoy quienes brillan en el mundo en los campos de la cultura la ciencia o el deporte, únicamente tienen la posibilidad de llenar una hornacina en un altar menor. Es el caso de Lionel Messi, reconocido en todo el mundo, excepto su país, como el mejor jugador actual. No es ´galáctico´, al estilo madridista, pero es futbolista de otra galaxia.

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La violencia en el fútbol, al servicio de la comunidad

El asesinato de Walter Cáceres, el hincha de Newell´s, de tan solo 14 años, deja en evidencia, una vez más, que el crimen organizado está siempre vinculado al aparato de las fuerzas represoras estatales.
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El fútbol argentino se llena de extranjeros

En la excitación por el comienzo del Clausura, un debut pasó inadvertido: Michael Hoyos, un chico de padres argentinos que nació en Manhattan hace 19 años, jugó por primera vez en nuestro fútbol. Fue el viernes, en Estudiantes 3-Arsenal 0, y es el segundo estadounidense en 79 años de profesionalismo argentino (el primero fue Renato Corsi, un espigado volante de Argentinos e Instituto en la década del 80). La curiosidad de Hoyos, que en el verano le había hecho un gol a Boca, permite un repaso por las nacionalidades más excéntricas que pasaron por aquí. ¿O acaso usted recuerda que hemos visto a jugadores de Japón, Malawi y Zambia?

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