(Escribe Horacio Eichelbaum) Del botín del Mundial a África le va a quedar poco más que la foto de sus niños de la mano con los grandes campeones del balónpie
Hubo quien se puso a hacer predicciones con el Mundial de Fútbol y antes de llegar al ecuador del torneo ya se le habían ido al traste la mitad de las adivinanzas, aunque las presentaban como producto de un análisis ‘científico’. De las 8 selecciones a las que se atribuían mejores posibilidades, tres no habían llegado a los cuartos de final.
No resulta nada fácil tratar de ‘mirarle las tripas’ al Mundial desde nuestra esquina del globo. Tal vez hubiera sido una aventura apropiada para Philip Marlowe, quizás el detective más famoso de la novela negra, aunque lo suyo no era el continente negro sino la pelea del hombre duro y solitario contra hampones y millonarios excéntricos, dando algún directo a la mandíbula pero recibiendo más palizas de las que propinaba. No sé lo que hubiera averiguado Marlowe pero a nosotros no nos quedó otra cosa que estar atentos a la pantalla, viendo fútbol bueno, regular y malo, pero siempre tenso y bronco porque todos los partidos se convertían en finalísimas. Nos preguntábamos, por ejemplo, qué pintaban esas hileras de niños pequeños que entraban silenciosamente al campo de la mano de los grandes campeones, que apenas les dedicaban alguna mirada de soslayo. ¿Cuál era el simbolismo? Tal vez querían significar que había unos cuantos supervivientes de las hambrunas africanas o simplemente desfilaban para la foto: si llegan a abuelos supervivientes dirán a sus nietos supervivientes que fueron de la mano de un campeón.
Si nos preguntamos dónde está el poder dentro de cada equipo, las cosas parecen claras: en los bancos de los ‘mister’, que son los que pueden decidir quién entra y quien sale del terreno de juego y sobre todo, cuál será la estrategia. Que no es solamente una extraña fórmula numérica (4-2-3-1 o bien 4-3-3 o tal vez 3-3-2-2…) sino que de repente se condensa en encargar a tres jugadores la persecución incansable de aquel rival ‘creador’ de juego en el medio campo, o en indicar al matón del once propio que guillotine a ese veloz goleador que es la estrella del equipo a batir.
Y bien: está a la vista de todos que salvo el señor amarillo que dirigía al equipo japonés, los directores técnicos suelen ser blancos. Nos hemos acostumbrado a que morenos y negros resulten ser franceses, ingleses, alemanes o escandinavos; ahora hay que hacerse a la idea de que incluso los equipos de países negros buscan un ‘estratega’ blanco. ¿Baja autoestima? ¿Será que no están preparados para la estrategia? ¿O será que la estrategia es hija de la guerra y la rapiña de riquezas ajenas?
Por Internet me llegan algunos montajes hechos por navegantes solitarios que ofrecen datos del mundial. Uno es sorprendente porque, siendo el continente negro el reino de la musicalidad, es la colombiana Shakira la que aparece cantando el “Waka-Waka” y haciendo punta para una Fundación Pies Descalzos, dedicada a ayudar a niños huérfanos o desplazados de guerra.
Otro ‘power-point’ trae una cantidad de datos sobre Suráfrica y Mandela y unas pocas fotos de otros países africanos. Allí figura el Himno del mundial, escrito y cantado por un somalí, K’naan (que se fue a vivir a Estados Unidos y después pasó a Canadá). Traducido al parecer por alguien que se quedó a la mitad del curso de castellano, se le entiende sin embargo que los africanos luchan “peleando por comer” y que se siguen preguntando –en tiempo presente desesperado- “cuando seremos libres”. Y se dicen: “cuando sea mayor seré más fuerte”. O bien: “me llamarán libertad como una bandera que flamea”. O: las guerras traspasan las barreras, “trayéndonos promesas, dejándonos pobres”… “Les escuché decir ‘el amor es la manera’ pero mira como nos tratan…” Y también: “tratan de controlarnos pero no nos podrán detener porque nos movemos como soldados”.
Al fin, entre incongruencias, tiempos de verbo que no encajan y preposiciones a contrapelo, el Himno viene a contar algo que pertenece sin duda a la verdad de África, cuya independencia despertó en parte por la muerte de tantos africanos en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial: “peleamos sus batallas, entonces ellos nos engañan”.

Messi, Cristiano, Kaká, Rooney y Ribéry no responden a las expectativas publicitarias
Escribe el filósofo Ricardo Forster: Pasó, para los argentinos, el Mundial, se acabó, por ahora, la ilusión de la redención maradoniana. Duró, el sueño, hasta el fatídico sábado gracias a algunas pinceladas dejadas al correr de los partidos y por la electricidad que recorrió la pasión futbolera de un país que ha sabido de triunfos colosales, de goles inolvidables y de frustraciones memorables que dejaron sus marcas bien adentro de la memoria y de la sensibilidad. Los sueños compartidos, siempre, se entrelazan con las huellas de lo vivido, son la manifestación de una extraña alquimia de ilusiones y de realidades. Su potencia tiene que ver con esos orígenes y con esos trazos dejados en la memoria colectiva por otras circunstancias. Por eso también su desvanecimiento produce un efecto devastador, nos deja con el alma en los pies y con la frustración a cuestas sabiendo que la revancha es un consuelo que queda demasiado lejos. Pero que, de eso también algo sabemos, suele regresar cuando menos la esperamos y nos devuelve la alegría perdida en medio de la derrota actual. Nuestro fútbol, como nuestra historia, está atravesado por esos momentos en los que la felicidad y el dolor han dejado marcas imborrables.
Escribe José María Otero: Y reitero que el 50% de la culpa de lo que nos pasó es del “periodismo” deportivo argentino actual. Que no saben nada y pòr eso Maradona mandó que “la chupen”. Y la chuparon.
¿Quiénes manejan la FIFA? Hasta el 1974 fueron los europeos, pero era otra época más romántica del fútbol (obviamente dejando de lado los campeonatos mundiales ganados por Italia en plena dictadura de Mussolini). El brasileño Joao Havelange rompió esa hegemonía europea hasta que nuevamente la tomó el suizo Joseph Blatter, quien está ahora al frente de las decisiones del organismo.
Escribe José María Otero
La euforia futbolística estalla. A partir de este viernes 11 de junio y durante exactamente un mes – hasta la esperada final del 11 de julio- el planeta se mimetizará en un gran balón.
Pretoria - Cada Mundial deja su marca. Pero está todo dado para que éste, Sudáfrica 2010, sea definitivamente distinto de todos los anteriores. Y que quede en la historia por esas diferencias. ¿Por qué habría de ser distinto?
Los afortunados que viajen a Sudáfrica con el sueño de ver a la selección argentina de fútbol ganar el Mundial, además de algunos recaudos sanitarios, deberán estar atentos al bolsillo. En primer lugar, para los que aún no la conocen, el rand es la moneda sudafricana. Lo que aconsejan los expertos es viajar con rands en la billetera desde Ezeiza. Es decir, el consejo unánime es cambiar dinero en Argentina. La cotización de la moneda sudafricana se ubica en 7,5 unidades por dólar y por cada rand se otorgan u$s 0,13. Contra la moneda local, la conversión es la siguiente: cada 0,50 centavos de pesos argentinos se otorga 1 rand.
Cada cuatro años el planeta parece enloquecer. Son las fechas en que se efectúa el mundial de fútbol, deporte de alta convocatoria global y mayoritariamente popular en relación a otros deportes en casi la totalidad de los países del orbe, exceptuando Estados Unidos donde el “Súper Tazón”, la final del fútbol americano, lo supera.
Una servilleta, una farmacia y el empeño de un ex empleado del Espanyol llevaron a Messi al Barça. Jorge Messi se plantó y, harto de dar vueltas por las instalaciones del Camp Nou durante el mes de octubre de 2000, amenazó con llevarse a su hijo si el Barcelona no le extendía ya mismo un contrato.A Carles Rexach, director deportivo del club, el ultimátum le sonó tan serio y el niño le parecía tan bueno que tomó una servilleta de papel y en el restaurante del Club Tenis Pompeia, presidido por Josep Maria Minguella, escribió: "Yo, Charly Rexach, en presencia de Horacio Gaggioli [representante de la empresa Marka y que actuó en nombre de la familia Messi] y Josep Maria Minguella, me comprometo a la contratación de Lionel Messi en las condiciones pactadas y a pesar de la contra interna que existe en el club".
Argentina tiene en el altar mayor de su patriotismo a Juan Domingo Perón, Evita y Diego Armando Maradona. Ninguno de los tres se ha distinguido por valores de santidad y sin embargo, todavía hoy quienes brillan en el mundo en los campos de la cultura la ciencia o el deporte, únicamente tienen la posibilidad de llenar una hornacina en un altar menor. Es el caso de Lionel Messi, reconocido en todo el mundo, excepto su país, como el mejor jugador actual. No es ´galáctico´, al estilo madridista, pero es futbolista de otra galaxia.
El asesinato de Walter Cáceres, el hincha de Newell´s, de tan solo 14 años, deja en evidencia, una vez más, que el crimen organizado está siempre vinculado al aparato de las fuerzas represoras estatales.
En la excitación por el comienzo del Clausura, un debut pasó inadvertido: Michael Hoyos, un chico de padres argentinos que nació en Manhattan hace 19 años, jugó por primera vez en nuestro fútbol. Fue el viernes, en Estudiantes 3-Arsenal 0, y es el segundo estadounidense en 79 años de profesionalismo argentino (el primero fue Renato Corsi, un espigado volante de Argentinos e Instituto en la década del 80). La curiosidad de Hoyos, que en el verano le había hecho un gol a Boca, permite un repaso por las nacionalidades más excéntricas que pasaron por aquí. ¿O acaso usted recuerda que hemos visto a jugadores de Japón, Malawi y Zambia?