El boom de la avenida Corrientes. En diez cuadras entre Callao y Maipú hay más de 100 espectáculos. Al revés de lo que pasó con los cines de Lavalle, cada vez abren más salas. Y el fenómeno impulsa a restoranes, comercios y librerías. Como Nueva York y Londres, Buenos Aires ofrece una oferta cultural apabullante. Según cifras del mercado teatral, se estima que cada año se estrenan alrededor de 600 obras por año: a razón de casi dos por día . Importantes, pequeñas, algunas con una gran producción, otras impulsadas a “pulmón”, unipersonales, musicales internacionales, puestas independientes o amateurs; todas las opciones tienen su espacio en la cartelera porteña. Y sin dudas es Corrientes la avenida que congrega la gran mayoría de esas obras . En unas diez cuadras, entre Callao y Maipú, se pueden ver al menos 100 espectáculos ; una oferta que se verá acrecentada cuando largue la temporada de invierno con obras para chicos.
Teatro
Teatros y pizzerías, a pleno como en sus mejores épocas
BUENOS AIRES, EN EL CORAZÓN SUR DEL TEATRO
Buenos Aires, una de las ciudades con más teatros del mundo, ha inaugurado más de 20 salas el año pasado. Ya supera las 200. Pero no es solo cantidad lo que ofrece esta capital del teatro de habla hispana. La escena porteña cuenta con una rica variedad que lleva a que los dramaturgos, directores y actores del circuito alternativo sean cada vez más conocidos por el mundo y que extranjeros de diversos orígenes vengan a ver o a aprender teatro a la megalópolis argentina.
“El teatro under es el de mayor vitalidad, con una versatilidad que va desde el realismo a ultranza hasta trabajos experimentales casi ininteligibles, y si suman todas sus expresiones, se llega a un número inesperado de público”, cuenta el dramaturgo Roberto Perinelli, una de las personas que más obras de teatro ve en Buenos Aires, a razón de cinco por semana. “En 2011 se inauguraron por los menos 20 salas, algunas muy bien equipadas, ya no en casas particulares”, se entusiasma Perinelli.
Murió Juan Carlos Gené
Un artista que transmitió su pasión por el teatro. Arrancó en la década del ’60 y no descansó hasta el estreno de Hamlet, su versión de 2011 para el San Martín. En el medio, escribió obras que hicieron historia, concretó interpretaciones notables y tuvo una intensa actividad gremial y política.
Cuando el actor, dramaturgo y director Juan Carlos Gené regresó a la Argentina después de un exilio que abarcó el período 1976-1993, primero en Colombia y luego en Venezuela, con retornos periódicos en los ’80, supo recuperar esos años de ausencia, no totalmente perdidos, puesto que, en tanto emigrado, fundó el Grupo Actoral 80 (en 1983), ocupó el cargo de director adjunto del internacional Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, y en la vuelta, el de presidente de la sede en Buenos Aires y la Secretaría de Formación de Recursos Humanos para el Teatro. Gené no cortó lazos y estrenó obras creadas en el exterior, como Ritorno a Corallina, y acompañó otras: Guarda mis cartas, pieza de su compañera, la actriz y bailarina chilena Verónica Oddó, armada en base a la correspondencia de Violeta Parra. En esos y otros trabajos, Gené adhería a la idea de revitalizar el texto y el papel del actor, tanto en sus obras como en la de otros autores. Un ejemplo lejano fue El vestidor, de Ronald Harwood, que dirigió Luis Agustoni y el actor protagonizó junto a Oddó y Pepe Soriano. Actor y director premiado en el país y en el extranjero, Gené falleció ayer, a los 82 años, como consecuencia de un cáncer, tras una trayectoria en la que no hubo respiro.
LES LUTHIERS, SILENCIO, HORA DE REIR
Entrevista. El grupo se despide de “Chist!” Con 44 años de carrera, los músicos y humoristas se siguen eligiendo. Imaginan cómo serían sus vidas sin la banda. Ni bien Marcos Mundstock, Jorge Maronna, Daniel Rabinovich, Carlos López Puccio y Carlos Núñez Cortés aparecen en el Gran Rex (hoy y mañana, a las 21 y en esa sala, son las últimas funciones de Chist! ), se adivina el (buen) clima que habrá durante la entrevista. Están a un par de horas de ponerse sus trajes, tomar sus instrumentos y convertirse en Les Luthiers. Ofrecen café, Maronna pregunta si será molestia que su hijo menor se quede durante la entrevista y elogian el campanófono, el instrumento que sumaron para estos días. Como grupo, llevan 44 años recorriendo con su música y humor los escenarios del mundo. Pareciera que supieron dejar que los años los añejaran de manera inteligente. Y esa es una fórmula que les resulta tanto arriba como abajo del escenario. Veamos.
El espectáculo en Mar del Plata como producto turístico
Ya nadie lo duda, pero conviene analizar, pienso, antecedentes y motivaciones que han llevado a la oferta teatral de Mar del Plata a ser un verdadero “Producto Turístico”. Estamos tan habituados a definir, solamente como tales a la hotelería, los alquileres temporarios y la gastronomía, que nos olvidamos que todo servicio que se ofrezca al visitante es un “Producto Turístico”. Lo son las playas, las sierras, la pesca deportiva, los pubs, y tantos otros que, los espectáculos no pueden estar ajenos a su inclusión, máxime cuando (nos consta), desde el punto de vista de la economía, su aporte al PBI es fundamental. No solo por la cifra que surge de la venta de entradas, sino por el incremento del consumo en la ciudad y la zona que significa la presencia de los miles de artistas y admiradores del espectáculo que constituyen la “mano de obra cultural” del gran negocio. Artistas, directores, productores, técnicos, que consumen, también ellos, productos y servicios de “uso turístico”.
Alfredo Álvarez, y el Laboratorio de Teatro Buenos Aires en Barcelona
Es el último trabajo del grupo NLT (Laboratorio de Teatro de Buenos Aires) que cumple 41 años de actividad. La historia del grupo se remonta a 1969 cuando Alfredo Álvarez, tras la realización de un espectáculo en el Instituto Di Tella de Buenos Aires, decide crear el NLT con artistas y grupos que ansiaban investigar otros caminos teatrales. E inicia su trabajo en Buenos Aires en abril de 1970 en Buenos Aires. en el Salón Naranja del Centro Cultural San Martín. Labor que continuó en las salas del CAYC (Centro de Arte y Comunicación de Buenos Aires) que llevó los espectáculos del NLT a las semanas de Arte Latinoamericano de Nueva York, París, Londres, Amberes, Chicago, Caracas y Milán. En el año 1977 el NLT se trasladó a Barcelona y en la Ciudad Condal ha presentado sus espectáculos en la Fundación Miró, Club de Vanguardia, Festival de Sitges, Centros Cívicos, Muestra de Teatro de Enseyament de Catalunya, etc.
Se internacionaliza la rica escena teatral porteña
El festival de Buenos Aires (FIBA) acoge montajes de varios países Buenos Aires se jacta de ser una de las ciudades con más teatros del mundo. Tiene 187 salas, más o casi tantas como Nueva York, Londres, París o Madrid. El debate que está detrás de esa cifra es si la calidad acompaña la cantidad. Es una discusión que ha reverdecido en la nueva edición del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), la bienal de la dramaturgia que se celebra en una de las capitales más reconocidas de la materia. El Gobierno porteño, conservador, ha puesto mucha energía en este festival, pese a que la comunidad teatral en general critica que durante el resto del año apoya poco la actividad.
FIBA nació en 1997 y desde entonces pasaron alcaldes de diversas ideologías, pero siempre se celebró. El director artístico de la octava edición, que comenzó el pasado sábado y finalizará el 8 de octubre, es Darío Lopérfido, el mismo que lo creó y lo dirigió en 1997 y 1999. "Buenos Aires no tenía en aquel tiempo un festival como tienen Bogotá o Caracas", recuerda Lopérfido. "Extrañamente no tenía, pese a ser una ciudad con una impactante y permanente cartelera teatral. ¿Pero entonces qué papel podía tener un festival en una ciudad así?
Declararan como "Monumento Histórico" a una veintena de teatros
Por medio de un decreto publicado en el Boletín oficial, 21 salas de Capital, Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza y Tucumán fueron distinguidas por su aporte histórico y cultural. Algunos son gigantes y fastuosos. Otros, más pequeños, tuvieron su época dorada y hoy viven un presente más austero, aunque no por ello menos digno. Unos se levantan en pleno centro porteño y, otros, en el Interior. Sus diferencias son enormes, pero -más allá de ellas- todos tienen algo en común: son parte fundamental del patrimonio cultural argentino. Es por esa razón que una veintena de salas de teatro –repartidas entre la Capital Federal y las provincias de Buenos Aires, Tucumán, Santa Fe y Mendoza- acaban de ser declaradas por el Gobierno como “Monumento histórico nacional” y “Bien de interés histórico-artístico”.
Buenos Aires, puro teatro
Escribe un importante crítico teatral catalán. Si visitan Buenos Aires, no busquen el número 348 de la calle Corrientes. Sólo existe en el famoso tango. Lo que sí encontrarán en la porteña avenida es un gran número de teatros con una notable diversidad de espectáculos: desde la revista de ayer, de hoy y de siempre en Maipó (“si no es en Maipó, no es revista”, dice la publicidad), a la revisión
de la obra de Neil LaBute Gorda, que triunfó en la Villarroel esta temporada y que en Argentina ha dirigido Daniel Veronese, uno de los más interesantes puestistas del momento. O la última de Eduardo Pavlovsky (nada que ver con nuestro Ángel, sino el de Podestá) Sólo Brumas. Realmente, sorprende el compromiso profesional y social de este gran actor que en esta obra se inspira en un “matadero” de niños descubierto en Sudamérica donde se sacrificaba a los neonatos de poco
peso. El actor se acerca a la estética del absurdo para mostrar a tres habitantes del luctuoso lugar en una feroz y valiente crítica a la vileza humana especialmente en Argentina, pero de resonancias internacionales.
Buenos Aires presume de ser capital teatral. Y lo es porque su amplísima programación puede competir con la de otras ciudades como Londres o Nueva York.
El Colón reabre después de tres años
La obra de restauración, iniciada durante gestiones anteriores, fue paralizada durante la actual y se terminó en un final acelerado. Trabajaron los profesionales más respetados en la materia y su acústica permanecería intacta.
La propaganda del gobierno de la Ciudad invita a ver hoy la reapertura del Teatro Colón. Desde afuera, claro. Y, casi como un chiste de mal gusto, aclara que el espectáculo (que se realizará adentro) no se suspenderá por lluvia. Al fin y al cabo, si hace doscientos años hubo un pueblo que quería saber de qué se trataba (adentro) bajo los chubascos otoñales (afuera), por qué habría de ser distinto en la conmemoración de aquella empresa. Es obvio: jamás podrían caber en un teatro todos los habitantes de una ciudad. Pero la torpeza comunicacional guarda una precisa relación con los gestos que hasta ahora han emanado de las autoridades con respecto al teatro comunal de ópera. Señales, sin duda, hacia adentro.
Teatro Colón secretos de una restauración histórica
Fue una obra monumental. A lo largo de siete años, 1.500 personas trabajaron para recuperar los 60.000 m2 del teatro Colón, dotando a un edificio centenario con tecnología del siglo XXI. El Gobierno porteño invirtió $ 340 millones en las obras. El gran desafío fue preservar la acústica de un teatro considerado como la mejor sala de ópera del mundo. El resultado se pudo apreciar en una función privada, el jueves 6, y será presentado al público en una semana, en la reapertura del teatro.
El siglo XXI empezó mal para el Colón. "Sus instalaciones tenían un avanzado grado de obsolescencia y un altísimo riesgo de incendio, sobre todo por el estado de las conexiones eléctricas y la acumulación de basura y materiales que son carga de fuego. A fines de los 80 le habían sacado las instalaciones contra incendio al escenario y no las habían repuesto", recuerda Sonia Terreno, la arquitecta que coordinó el Master Plan que, en 2003, comenzó a implementarse para poner en valor el teatro bajo el ala de la Secretaría de Cultura.
El Teatro San Martín cumplirá cincuenta lejos de su esplendor
Las autoridades y representantes de los actores intentan, solucionar los problemas más profundos. Mientras, los artistas dicen que el edificio se encuentra en estado de abandono y que en algunas salas llueve en plena función. Denuncian que los arreglos son pocos e insuficientes.
A dos meses de su aniversario, el Teatro San Martín lucha por normalizar la situación de deterioro al que lo han empujado el paso del tiempo y los presupuestos ajustados. Caños rotos, cucarachas, goteras y bachas de lavatorios en el piso de los camarines forman parte de la realidad cotidiana para los artistas y técnicos del teatro. Si bien las autoridades están llevando a cabo obras para reparar algunos de las muchas deficiencias que sufre el edificio, los actores aseguran que los arreglos son parciales e insuficientes.
A esto se suman los problemas con los contratos y pagos, que, si bien parecen estar encaminados a resolverse, esperan hasta mediados de esta semana una normalización definitiva de la que muchos dudan.
“El edificio está en un nivel de deterioro muy grande. Hay camarines con la pileta del baño tirada en el piso y cucarachas. Se ve el estado de abandono. Creo que es un lugar que está castigado por el macrismo. Se suponía que debía estar reciclado para el Bicentenario y no va a estar”, dice Cristina Banegas. La protagonista de Medea, obra que concluyó sus funciones el domingo pasado, aseguró que no hace falta más que pasar por la puerta del teatro para darse cuenta de su deterioro.
No pasa inadvertido, es cierto, que el Teatro San Martín –un proyecto de los arquitectos Mario Roberto Álvarez y Macedonio Ruiz, inaugurado el 25 de mayo de 1960– está en obra. Basta con levantar la cabeza al pasar por la entrada de Corrientes para ver el frente tapizado de andamios y alguna ventana con el vidrio roto tapada con plásticos. En el interior, las bolsas de material se apilan cerca de las escaleras y los baños de la planta baja están clausurados por reformas.
Otra actriz, Malena Solda, que protagonizó la obra Marat-Sade el año pasado en una de sus salas señala que el estado del edificio es “bastante lamentable”, que cuando llueve hay una gotera enorme en el hall principal y que hace unos meses se rompió un caño y hubo que suspender las funciones un viernes a la noche porque llovía sobre el escenario. Después de eso, explicó, se hicieron obras para sacar el asbesto –que es cancerígeno– que estaba en la sala Martín Coronado.
“Cuando empezás a tocar la estructura de un edificio de tantos años, se resiente. Cada tanto colocaban vallas en la puerta, pero después no se hacía nada. Arreglan de a puchitos, es muy lamentable”, dice.
Uno de los principales actores de una de las obras que están actualmente en cartel no quiere dar su nombre pero relativiza: “Las condiciones no son normales, aunque tampoco terribles. Necesita un poco más de presupuesto para que todos tengamos el teatro que nos merecemos”.
Las autoridades, por su parte, aseguran que los arreglos están en marcha. “El edificio tiene problemas estructurales, como todo edificio construido hace cincuenta años y sometido a uso intensivo. En este momento se está llevando adelante la obra de cambio total de las carpinterías metálicas, en su última etapa, que corresponde al cuerpo A , es decir, la fachada de la avenida Corrientes y contrafrente”, explicó Carlos M. M. Elía, director general adjunto del Complejo Teatral de la Ciudad de Buenos Aires.
Respecto del tema de las goteras, tortura intermitente que ni los actores ni el público deberían incluir en el disfrute de una obra de teatro, el directivo admitió que “depende de cómo pega el viento, llueve en algunos lugares, porque no está terminada aún la colocación de la nueva carpintería metálica. Esto es cambiante, según esta circunstancia y la cantidad de lluvia que cae por hora”.
En cuanto a la gotera dentro de la sala, el funcionario aclaró que hace pocos días llovía en el escenario de la Sala Martin Coronado, debido a la ruptura de un caño de desagüe pluvial, que fue reparado el lunes de carnaval. “El año pasado hubo una circunstacia parecida, con otro caño de desagüe pluvial en el hall de la Sala Martín Coronado, que también fue reparado por nuestro personal”, aclaró.
Virginia Innocenti, protagonista de Mucho ruido y pocas nueces, confirmó que las goteras sobre el escenario ya se arreglaron. “Se está reparando, aunque muy levemente; la verdad es que está todo bastante deteriorado y las cosas que faltan no se reponen. Si los espectáculos salen bien, es por el esfuerzo que hacemos”, dijo.
El presupuesto general para el Complejo Teatral San Martín aprobado por la Legislatura para este año es de $ 64,9 millones de pesos, frente a los $ 56,7 millones de 2009. Sin embargo, puntualmente para obras, las cifras de la Dirección General de Infraestructura y Mantenimiento Edilicio marcan $ 6 millones para este año, cuando eran $ 7,3 millones en 2009. Según aclararon funcionarios de la Ciudad, el jefe de Gobierno puede incrementar o recortar este presupuesto durante el año en función de las necesidades.
Consultado acerca del presupuesto con que cuenta el teatro para las refacciones, Elía comenta: “Se está analizando la continuidad de las obras a mediano plazo, en función de las disponibilidades presupuestarias”.
En las últimas semanas, además, se llevaron adelante reclamos por falta de contratos y pagos atrasados. Ante la gravedad de la situación –con actores ensayando durante dos meses y medio sin cobrar–, se decidió leer un comunicado antes del inicio de las funciones. La semana pasada, se realizó una reunión con el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, en la que el funcionario prometió resolver la situación.
Según confirmaron los representantes gremiales, en reuniones que se realizaron entre el miércoles y el jueves pasados se confirmó que ya están listos los contratos para los elencos de las obras en cartel y los pagos comienzan a normalizarse, pero aún faltan contratos de los espectáculos que se están ensayando.
Los atrasos en la firma de estos contratos se repiten año tras año y la idea es trabajar para buscar una solución definitiva a este tema. Luis Alí, del Sindicato de Actores, subrayó el hecho de que que, justo en 2010 con la celebración del aniversario, el teatro tiene una programación insuficiente por problemas presupuestarios. Esta tarde, los representantes de los actores se reunirán con Lombardi para tratar los temas de fondo que aún hace falta resolver. Algunos de los puntos que incluirá la agenda son que el pago por los ensayos se equipare con el que cobran los actores en función, que no se empiece a ensayar si no están los contratos o por lo menos una carta de compromiso al respecto, la falta de seguro de los actores ya que facturan y no están en relación de dependencia, y varios aspectos de las condiciones de trabajo como la cantidad de gente por camarín (los camarines del tercer subsuelo han sido clausurados).
Entre conflictos laborales y mal estado edilicio, lejos de engalanarse para festejar sus cincuenta años como uno de los teatros más importantes del país, el San Martín pelea por recuperar su esplendor, con fondos que no siempre se adecuan a las necesidades, una burocracia espiralada y un deterioro del que trata de escapar.
Celebraciones, a pesar de todo
Entre las actividades que se realizarán en el marco del 50º aniversario del Teatro San Martín, está previsto un espectáculo a cargo de Cocho Paolantonio, junto con un documental dirigido por Mario Sábato y guión de Aída Bortnik, con producción del Complejo Teatral de Buenos Aires. Se editará además un libro alusivo a cargo de los Departamentos de Publicaciones y Arte. En la Fotogalería del Teatro San Martín habrá una muestra fotográfica en adhesión al 50º aniversario del Teatro. Además, sigue abierta hasta el 15 de marzo la convocatoria a participar del Concurso Abierto para el Diseño de la Identidad Visual Conmemorativa del 50º Aniversario del Teatro San Martín de la Ciudad de Buenos Aires. Para más información contactarse a
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Paula Boente
Mi espalda contra la tuya
Escribre el crítico teatral Javier Vallejo en el diario "El País" de Madrid.
¡Qué sorpresa! Este espectáculo de presupuesto cero, segundo que firma el actor, autor y director argentino Pablo Messiez, interesa, entretiene y da que pensar. "Muda" habla de la soledad profunda y de la necesidad de compañía, de la incomunicación genética y de la búsqueda de un lenguaje compartido, del desarraigo obligado y de la manera de volver a hacerse un lugar en el mundo.
