Lo hizo ante la Presidenta, en la apertura de la muestra editorial más importante del mundo
El marcado acento en las referencias literarias a la desaparición de personas durante la dictadura militar y el intercambio de encendidos elogios entre alemanes y argentinos formaron ayer un potente y muy festejado cóctel ceremonial que señaló el punto de partida para la edición 2010 de la Feria del Libro de Fráncfort.
La Argentina, invitada de honor al encuentro de la industria editorial más importante del mundo, recibió una halagüeña bienvenida del presidente de la Asociación Alemana de Editores y Libreros, Gottfried Honnenfelder, quien no dudó en calificar la literatura nacional como "una de las más dinámicas de América latina" y la más prolífica.
"Nunca un país invitado a esta feria logró editar aquí tantos libros de ficción. Este año han sido 170 sobre un total de 200, lo que significa todo un récord", señaló, ante la mirada de la presidenta Cristina Kirchner, que encabezó la delegación argentina y dio, sobre el final de la presentación, el martillazo inaugural de la feria.
El discurso de Honnenfelder, que destacó la importancia de la renovación generacional de los escritores argentinos ("en las décadas del 70 y 80 sorprendían al mundo con Borges y Cortázar, y ahora lo están empezando a hacer con Martín Kohan y Laura Alcob i", dijo) fue sucedido por otros no menos elogiosos, como el del director de la feria, Jürgen Boos, o el de la alcaldesa de Fráncfort, Petra Roth. "La Argentina es un país de honor, de sueño, porque puede presentarse sin maquillaje, ya que no lo necesita", dijo la mujer fuerte de la ciudad germana, en referencia a los retratos de miseria moral de la época del Proceso de Reorganización Nacional que la mayoría de los 70 escritores argentinos integrantes de la delegación se esmeraron en trazar en sus obras.
Más ceñido al protocolo, pero con ánimo de recordar datos sobre el crecimiento de la economía de la Argentina desde 2003 que parecieron extraídos del archivo de los discursos de la presidenta Kirchner, el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Guido Westerwelle, se sumó a las loas hacia el país invitado y destacó la inversión de su gobierno en el sistema educativo: "En la Argentina, donde hay más de un millón de descendientes de alemanes, nosotros tenemos escuelas que suman en la actualidad 16.000 alumnos. Esto habla de la fortaleza de las relaciones entre dos países que son socios culturales, más allá de lo económico".
Antes, la escritora y dramaturga Griselda Gambaro, quien se exilió en Barcelona durante el gobierno de facto, pronunció un discurso en nombre de los escritores presentes, en el que, como todos los demás oradores, hizo hincapié en aquella dictadura y en el papel desempeñado por sus colegas en aquellos años.
"Como toda época de riesgo, hemos tenido escritores para avergonzarnos. Pero muchos más, por suerte, para sentirnos orgullosos", afirmó, tras lo cual citó a Rodolfo Walsh, Haroldo Conti y a Héctor Oesterheld. "En la Argentina -continuó- la dictadura sacrificó a muchos escritores, creyendo equivocadamente que la supresión física iba a implicar la supresión de las ideas", subrayó.
Y mencionó la importancia de la actitud del escritor ante los gobiernos opresores. "Literatura y poder tienen una relación mucho más estrecha de lo que se cree. Estos vínculos, aun en democracia, muchas veces han sido conflictivos. Pero está bien que así sea, porque el escritor, como se ha dicho, debe estar en conflicto con la autoridad más o menos como los santos y los mártires lo estuvieron en su momento con las jerarquías eclesiásticas", observó, para exhortar a los presentes a "fortalecer siempre el espíritu crítico y cultivar la disidencia". No obstante, la escritora, de 82 años, hizo una contundente aclaración sobre su frase: "Es importante no confundir, eso sí, ese empleo de la disidencia con el culto al antagonismo, que siembra la discordia".
El esperado cierre fue protagonizado por una Cristina Kirchner que apostó a la emoción del público para presentar el tema central destacado por su gobierno en la conmemoración del Bicentenario argentino.
"Quiero saludar a los más de setenta escritores argentinos que están aquí. Podría hacerles un homenaje a ustedes uno por uno, pero prefiero homenajearlos en la persona de una mujer que no es escritora, pero que está aquí y es viuda de un gran autor desaparecido", dijo la Presidenta al invitar a Elsa Sánchez, cuyo marido, Héctor Oesterheld (autor de El Eternauta ), desapareció en 1977 y habría sido ejecutado por el régimen militar al año siguiente.
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