Desde un lugar de respeto pero evitando la solemnidad, la película combina lo histórico, lo ficcional y lo político en una misma unidad digna de verse. Así, abre un nuevo capítulo en la manera en que el cine argentino aborda la figura de Eva Perón. “Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria.” La frase, pronunciada por Evita el 17 de octubre de 1951 –el último de su vida–, es de una potencialidad dramática tan intensa que no pierde emotividad aunque se la haya escuchado miles de veces. Y a poco más de 59 años de su muerte, Evita sigue siendo el icono femenino más fuerte de la historia política argentina, el símbolo de la defensa de la dignidad de los trabajadores y la representante más fiel de los derechos políticos de las mujeres. Tan amada como odiada, la Abanderada de los Humildes fue abordada por el cine en numerosas oportunidades: desde la gran Eva Perón, de Juan Carlos Desanzo (con actuación consagratoria de Esther Goris) hasta la irrespetuosa Evita, de Alan Parker (con Madonna como protagonista), y más recientemente Juan y Eva, de la cineasta Paula de Luque, que contó la historia de amor de Perón y su mujer.
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