El tango no es un género particularmente afecto a las fusiones. La preservación de su esencia suele ser defendida a capa, espada e inercia por celosos preceptores; a poco de alejarse un atrevido de los cánones tradicionales no faltará quien inmediatamente se acerque a su obra para pontificar que “eso no es tango”. Acaso sea por eso que desde el año 2004 la experimentación tiene espacio propio: un grupo de artistas provenientes del ambiente de las milongas porteñas crearon entonces el Festival Cambalache, un ámbito para investigar qué sucede con el tango cuando logra franquear sus estrictas tranqueras. Del 5 al 11 de diciembre tendrá lugar en Buenos Aires la octava edición del Festival; José Garófalo, uno de sus creadores, cuenta los comienzos del proyecto: “Empezamos en 2004 con una sola fecha que tuvo lugar en Urania, el ex espacio Giesso. Fue una sola función, maratónica, que comenzó a la tarde con clases y perfomances y luego hubo teatro hasta las tres de la mañana. En las siguientes ediciones el festival empezó a expandirse en cantidad de días y en oferta de actividades; a la parte escénica, la más fuerte del festival, se le agregaron secciones de video, de música, hubieron charlas y conferencias y se amplió oferta pedagógica.”
Festival Cambalache. "Revolcaos en un merengue"
En tango, ¿sabías que…
Aquí te contamos secretos de: Discepolín, Gardel, Ángel Vargas, el tango "A media luz", Eva Duarte, Goyeneche y hasta de Serrat cantando tangos:
…el término Cambalache que da nombre a un tango genial de Enrique Santos Discépolo, proviene del antiguo “cambálachar”? Este último derivaría del portugués a fines del siglo XVI y su etimología proviene de “cambar”, más tarde transformado en “cambiar”. En Argentina se llamaba así a las tiendas o mercadillos donde se acumulaban prendas, instrumentos musicales, libros, armas, cuadros y objetos usados que esperaban una segunda oportunidad para volver a ser puestos en uso. En dichos negocios se utilizaba el mercadeo y regateo y tuvieron su auge en los años 30 y 40 del siglo pasado. Discepolín compuso su magistral retrato del “siglo veinte problemático y febril” en 1934 y lo estrenó Sofía Bozán en las revistas del Maipo en 1935 con un éxito sensacional, aunque Discépolo lo había compuesto para la película “El alma del bandoneón”, protagonizada por Libertad Lamarque y Santiago Arrieta en la cual lo cantaría Ernesto Famá y que dirigió Mario Soffici. Para dicho filme, Discépolo compuso también Pero el día que me quieras y en yunta con Luis César Amadori, Alma de bandoneón y Tu sombra. La letra que resumía la protesta popular en forma magistral provocó una verdadera conmoción y fue grabada ese mismo año 35 por Ernesto Famá con la Orquesta Típica Víctor y por Francisco Canaro cantando Roberto Maida. Posteriormente daría varias veces la vuelta al mundo y lo han registrado intérpretes de todas partes en varios idiomas. Entre otros Caetano Veloso en 1969; Tania con la orquesta de Carlos Figari en 1972; Libertad Lamarque con la orquesta mexicana de Rodríguez de Hijas en 1979; Roberto Goyeneche con Astor Piazzolla en 1982 o Juan Manuel Serrat. Hoy, Cambalache es más actual que nunca.
Artistas y amigos homenajearon a Facundo Cabral
Víctor Heredia, Litto Nebbia, Alberto Cortez, Piero y Gianfranco Pagliaro cantaron y contaron anécdotas de momentos compartidos con el autor de “No soy de aquí ni soy de allá”. El nudo emotivo pudo haber sido Víctor Heredia, entregando al público una sólida versión de “Vuele bajo”, en clave de trova. O contando cuando lo invitó a su primer Obras posdictadura y el barbón trotamundos no emergió de camarines sino de entre la gente “pidiendo limosna con una gorra”. Pudo haber sido, también, Litto Nebbia cantando tres canciones de un disco aún inédito que combinaba su puño musical con el poético del homenajeado.
Pudieron haber sido, si no, Piero y sus breves relatos acerca del extenso anecdotario que los unió en los ’70, Gianfranco Pagliaro recitando el texto que más le gustaba (“La balada del boludo”) o Yamila Cafrune, hija de Jorge –uno de sus grandes amigos– cantando “Dos y dos es nunca”, con su clara y potente voz.
Lo que dicen los tangos
Qué letras, las de los tangos. Por algún motivo, o varios, se tiende a identificarlas siempre con la soledad, el desamor, la pérdida. Será el éxito disparador de "Mi noche triste". O descubrir que el dolor se baila tan bien, quizás mejor, que la alegría. No hay como el tango para expresar el dolor casi como una cuchillada, como un golpe hondo y desolado.
El dolor en el tango, deslumbra. Lo describe magníficamente Homero Manzi en "Che, bandoneón": "Tu canto es el amor que no se dio/ y el cielo que soñamos una vez/ y el fraternal amigo que se hundió/ cinchando en la tormenta de un querer/ Y esas ganas tremendas de llorar/ que a veces nos inundan sin razón/y el trago de licor que olvida a recordar/ que el alma está en orsai, ché bandoneón".
El nieto de Piazzolla está grabando a su abuelo
“Sí, es una presión. Y una rotura de huevos. Desde el jardín de infantes que vengo hablando de mi abuelo. Ahora por lo menos hay una excusa artística.” En su casa de Coghlan, rodeado de mujer e hijos, Daniel “Pipi” Piazzolla habla con cierta resignación del estigma del apellido, tan poderoso que ni su pueril apodo logra neutralizar. El “caso Pipi” puede ser analizado desde lo musical o desde el diván psicoanalítico. Lo concreto es que esquivó el tango como pudo, se dedicó a la batería y, recién después de cinco discos con la banda de jazz Escalandrum y casi 20 años de trayectoria en diferentes grupos (un abanico impresionante que puede ir de las Sabrosas Zarigüeyas al Lito Vitale Quinteto, pasando por bandas ad hoc como la que integró hace dos semanas para amenizar el casamiento de... ¡Karina Jelinek!), puede dar una entrevista él solito como lo que es: un Piazzolla.
En el medio, dos datos significativos: hizo terapia durante cinco años tres veces por semana y le dieron de alta en 2008; y Escalandrum se corrió de su libreto para sacar un disco enteramente consagrado al repertorio de Astor que, ateniéndose al título, le otorga una entidad extraordinaria al batero: Piazzolla plays Piazzolla. El álbum va a ser presentado el 15 de junio en el Gran Rex con el saxofonista cubano Paquito D’Rivera de invitado en siete temas y Susana Rinaldi en uno. Dice Pipi en la gacetilla de prensa: “El deseo de interpretar las obras de mi abuelo estuvo presente desde el inicio de mi carrera profesional. Ahora me siento realmente preparado y con la confianza necesaria para enfrentar este desafío. Decidí hacerlo con mi grupo Escalandrum, que lleva 12 años de trayectoria con la misma formación, discos, viajes, y muchos escenarios y vivencias compartidos. Una de las claves de mi decisión fue la interrelación y el conocimiento, tanto en lo humano como en lo musical, que tenemos como grupo.
El repertorio está elegido minuciosamente para que la música suene a la altura de las circunstancias y que Escalandrum no pierda su sonido. La idea fue elegir algunos clásicos y otras obras no tan conocidas, pero de igual belleza. Este es un tributo a Astor Piazzolla, que es una fuente de inspiración permanente para todos los músicos del mundo. Es un homenaje que le hacemos con mucho amor y respeto”. Dice ahora, con su hija Mora clavada frente a la computadora y el pequeño Lorenzo circulando por el living con un martillo, temerario: “La cosa empezó cuando en un ensayo tocamos un tema de mi abuelo no muy conocido, ‘Lunfardo’. Lo terminamos, nos miramos y dijimos: ‘Guau, cómo sonó’. Y lo más importante: sin traicionar el estilo y el espíritu de la banda. Hay una parte que improvisamos, otra parte que no. La versión tiene un montón de capas... Conservamos nuestro sonido y al mismo tiempo respetamos el tema tal cual fue concebido. Lo complejo fue trasladar lo que hace el violín y el bandoneón a tres saxos. El tango es muy delicado: una melodía tanguera tocada con saxo en lugar de bandoneón suena grasa. Es horrible. Precisamente elegimos temas que no tengan esas cosas atacadas, duras, del fueye. ‘Lunfardo’ fue la semilla de este disco; era principios de 2008”.
El término “Escalandrum” es un neologismo que juega con una variedad de tiburón criollo que Astor Piazzolla gustaba pescar en Punta del Este (el escalandrún) y la palabra inglesa drum (tambor). El sexteto lo completan Nicolás Guerschberg (piano y arreglos), Mariano Sívori (contrabajo), Damián Fogiel (saxo tenor), Martín Pantyrer (clarinete bajo y saxo barítono) y Gustavo Musso (saxo alto y soprano). Guerschberg lidera además el quinteto La Camorra que, como su nombre lo indica, es de cuño piazzolliano. Sin embargo, el director de Escalandrum es el baterista. El lo dice de un modo oblicuo: “Soy el que dirige hacia dónde va la música”.
Debe haber habido más de un conflicto con todo lo que representa el apellido, su peso...
–Es increíble, pero no. Incluso ellos quieren que yo cobre más, pero me niego. En una época no quería dar notas solo, pero eso se quebró. No pude sostenerlo. Lamentablemente los periodistas quieren entrevistas conmigo. Y la banda aprovecha: de pronto hay que ir a una radio a las dos de la mañana y... ¡tengo que ir yo! La última vez en Colombia llegamos a las seis de la mañana, a las ocho me metieron en un taxi y estuve dando notas hasta las seis de la tarde. Una locura, pero bueno... así se promocionan los shows y alguien lo tiene que hacer. Volviendo: lo que ocurre entre nosotros es mágico. Cero conflicto. Es que más allá del apellido, con el que seguramente conseguimos más trabajo, yo me quemo las pestañas estudiando y los chicos también. Hace ocho años que ensayamos todos juntos. Yo siempre traté de tener las cosas claras: quería estar al nivel familiar. Mi abuelo siempre me decía: “Estudiá, estudiá”. Mi viejo hipotecó la casa para que yo me fuera a estudiar a los Estados Unidos por un año.
Astor murió en 1992, Pipi es de 1972 y entre las enseñanzas de su padre Daniel –también músico, tocó en los ’70 en el Octeto Electrónico de Piazzolla– y la fama de su abuelo, se fue consumiendo su tierna infancia. “Los últimos tres años de Astor no se cuentan: tenía hemiplejia, no podía hablar. Pero hasta mis 17 construimos un lindo vínculo.”
¿Qué saltó en terapia?
–Uff... tanto... La búsqueda obsesiva de la perfección. Me ocurre cuando hago un café expreso como ahora o cuando Nico Guerschberg trae un tema que es una bossa nova y yo me paso toda la noche tratando de volverlo jazz argentino... Mi abuelo también buscaba la perfección, pero no porque en su familia hubiera alguien perfecto. El era así. En fin, no es fácil...
¿Qué cosa no es fácil?
–Nada. Es bravo: me siento a tocar la batería y hay diez tipos que miran qué carajo voy a hacer. Yo lo sé, siempre fue así, convivo con eso. Es una presencia, una observación permanente. Después te bajás y te encaran: “Yo era amigo de tu abuelo”. ¡Siempre hay un amigo de mi abuelo! (risas). Toco 250 veces por año, te imaginás...
Vos sos el nieto de Astor, pero Daniel es el padre de Pipi... Claramente superaste musicalmente a tu viejo.
Mariano Del Mazo
La tragedia del Belgrano inspiró una ópera
En 1982, el compositor estadounidense Joseph M. Cristina quedó muy impresionado por las fotos del hundimiento del buque de la Armada Argentina; años más tarde decidió componer una obra en un acto, que se estrenó el año pasado en Los Ángeles
El 2 de mayo de 1982 dos torpedos hundieron al crucero General Belgrano. En ese momento el buque se convirtió en un recuerdo imborrable para los argentinos. También para un músico norteamericano que el 9 de mayo de ese año, justo cuando cumplía 23 años, se conmovió por la fotografía del buque mortalmente escorado mostrada en las portadas de períodicos de Los Angeles.
Joseph Michael Cristina conservó esa imagen en su mente.
Revelan cartas inéditas de Gardel
También recuperaron fotos y documentos originales. Son 160 y el Zorzal las escribió entre 1932 y 1935. Las editarán en un libro.
Querida viejita: aquí me tenés como siempre, muy contento porque sé que estás bien y contenta. ( ...) Yo gracias a Dios (toco madera), me encuentro muy bien de salud, de espíritu y de trabajo, todo muy importante en estos tiempos. Bueno mamita, ya sabés, saludá a todos de mi parte. De mi viejita no puedo decir nada pues cada vez la encuentro más guapa y fuerte, total todavía nos quedan 50 años de vida a cada uno”.
La carta está fechada en Nueva York, el 13 de febrero de 1935.
Un experimento para que te autovalores
El 12 de enero del año 2007, un joven vestido con una remera de mangas largas, jeans y usando una gorra con los colores de un equipo de béisbol de los Estados Unidos llegó a una estación de subte de la ciudad de Washington. Bajó algunos escalones y se ubicó al lado de un tacho de basura. Llevaba una caja pequeña. La abrió y sacó de ella un violín.
Apoyó la caja en el piso. Tiró él mismo algunas monedas y unos pocos billetes para usarlos como “invitación” a los transeúntes. Sopló un poco su instrumento para sacarle el polvo y se dispuso a... “tocar el violín”. Era viernes, alrededor de las 8 de la mañana. La estación hervía de gente, apurada por llegar a sus trabajos.


