BOLETÍN ARGENTINO

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Lunes, 21 de mayo de 2012

Con la desocupación entre ceja y ceja

El programa, conocido como "Argentina Trabaja", fue lanzado en el año 2009 con el objetivo de atender al sector de la población que no lograba insertarse laboralmente, aun a pesar de las altas tasas de crecimiento económico. Cuál es su impacto.
Recientemente el diario La Nación publicó una nota en la que se condensaban una serie de apreciaciones sobre el programa Ingreso Social con Trabajo, conocido como Argentina Trabaja, detrás de la cual asomaba la intención de desacreditar una de las líneas programáticas más importantes que en términos sociales puso en acción la actual gestión de gobierno. Más allá de la intencionalidad por construir una mirada turbia sobre el programa, vale decir que la misma invita a una discusión en serio. El programa Argentina Trabaja fue lanzado en el año 2009 con el objetivo de atender a aquel sector de la población que no lograba insertarse laboralmente aun a pesar de las altas tasas de crecimiento económico, cuestión que halla explicación en las escasas credenciales educativas que portan estas personas, así como también porque no reúnen la experiencia laboral o saberes que el mercado de trabajo demanda. Para atender esta cuestión, entonces, los interesados en formar parte del programa deben conformar cooperativas para llevar a cabo diversos proyectos a cambio de lo que reciben un ingreso mensual.

Adicionalmente, el programa apunta al mejoramiento de las condiciones sociales de los barrios más postergados, que son “casualmente” los espacios territoriales donde viven y reproducen sus condiciones de vida los sujetos destinatarios del mismo. En atención de ello, las cooperativas ejecutan distintas obras en las localidades donde residen.

En el artículo mencionado se denuesta el fomento y la existencia de estas cooperativas asociándolas a una mera asistencia estatal. Al respecto, cabe decir que el estímulo y apoyo a la conformación de cooperativas recogen una práctica que comenzó a manifestarse más intensamente a partir de la crisis del 2001 por parte de los sujetos que iban quedando fuera del mercado laboral. Esas personas tomaron la decisión de mancomunarse con otros que, como ellos, necesitaban construir mecanismos que les permitieran salir adelante. Aunque sin darle un aspecto formal de cooperativa, esa gente estaba ejerciendo de hecho el espíritu de lo que implica asociarse con otros de manera horizontal, compartiendo los beneficios y vicisitudes de una actividad laboral a partir del convencimiento de que la salida nunca es individual sino colectiva.

No se puede analizar el programa sin ponerlo en perspectiva junto con la implementación de la Asignación Universal por Hijo, ya que ambas iniciativas apuntan a mejorar la situación de ingreso de las familias. Podrá cuestionarse el monto que los cooperativistas reciben, mas no puede desconocerse que estas acciones les permiten acceder a estándares de alimentación y cuidado muy superadores de aquellos que recibieron a lo largo de los años noventa vía los programas sociales de transferencia condicionada de ingresos.

La significación e implementación del Argentina Trabaja no finaliza en la cuestión monetaria, ese sólo es su punto de partida, ya que se pretende incluir a los cooperativistas en áreas de política social de la que quedaban por fuera o a las que nunca habían accedido, como es el caso de la salud y un seguro de vida por accidentes que se constituyen en cuestión de derecho para quienes forman parte de aquel. Asimismo, el programa incluye la capacitación en oficios, la promoción de valores y aspectos organizacionales relacionados con el cooperativismo y la posibilidad de finalizar estudios primarios y secundarios.

En definitiva, estas cuestiones “hablan” de qué lugar ocupan las condiciones de reproducción de los sectores postergados para el Estado, por lo que es incorrecto catalogar de clientelista a una línea programática expresión de la política social actual que se propone correr su eje hacia la inclusión, los derechos y el trabajo para tomar distancia del asistencialismo que en los años noventa estaba destinado a los “perdedores” del modelo, a quienes sólo cabía administrar en la pobreza para que permanecieran en esa doble posición social: la de perdedores y de pobres “inútiles para el mundo”.

No es un mundo perfecto el del Argentina Trabaja. Falta mucho por hacer y mejorar. Lo que es seguro es que evidencia la atención de cuestiones sociales que en términos discursivos decimos que nos preocupan pero que, en verdad, vale preguntarse hasta dónde toleraremos que se resuelvan o siquiera que mejoren. Por ello creo que tildarlo de clientelista se presenta como atajo fácil para eludir la discusión de cuánta igualdad estamos dispuestos a sostener como sociedad.

Sandra Guimenez