Ni Adán ni Eva, se supone, tuvieron conflictos de identidad. Es posible que hayan sufrido la carencia de padres naturales, pero en su reemplazo contaron con el Padre Eterno, algo colérico, por cierto: ante la primera desobediencia los echó de casa. El exilio no los amilanó, cubrieron su desnudez y comenzaron a tener hijos: había que poblar el mundo. Caín y Abel fueron los primeros, y aunque no les fue del todo bien, ni uno ni otro se enfrentaron a conflictos de identidad: tenían real conciencia de quiénes eran sus padres. Esta certeza en gran medida se iba a repetir con todos los seres humanos que poco a poco fueron ocupando el planeta, ya sea aquellos que continuaban con la tradición judeo-cristiana, aquellos que habían nacido bajo el paganismo o aquellos que profesaban otras confesiones. Tan importante como las dos preguntas iniciales –¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?– es saber quiénes son nuestros padres, existimos gracias a ellos, sin ellos seríamos la nada, y la nada no se formula preguntas.
Nuestros abuelos prehistóricos fueron de la horda al clan y del clan a la familia consanguínea, para finalmente arribar a la monogámica; hay quienes aseguran que en ese estadio se podría establecer el comienzo de la civilización. La monogámica era una familia fundada en el predominio del hombre: se hacía necesario procrear hijos cuya paternidad no se discutiese. Con el propósito de evitar esas discusiones, los patriarcas judíos optaron por la línea materna. Esto, sin embargo, no les evitó padecer problemas de identidad: José, hijo de Jacob, fue vendido por sus hermanos a los ismaelitas y ellos, a su vez, lo vendieron a los egipcios.
José revirtió su condición de esclavo y llegó a ser gobernador de Egipto. Investidura que no le hizo olvidar su origen: cuando lo consideró preciso reconoció a sus padres y se proclamó hijo de Israel.
El conflicto de Moisés era más grave: ignoraba que había sido adoptado por la hija del faraón, se consideraba egipcio e incluso ante la presencia de Jahvé dudó de su verdadera identidad, pero no bien la confirmó, aceptó su origen, se puso al frente del pueblo de Israel e inició el éxodo hacia la tierra prometida.
El destino de Edipo fue más adverso. Con el fin de evitar la maldición del oráculo, el rey Layo ordenó la ejecución del recién nacido. El súbdito que debía cumplir la orden se apiadó del niño y desencadenó la tragedia: Edipo mataría al rey Layo, su padre, y se casaría con Yocasta, su madre. De esa unión incestuosa iban a nacer dos varones: Eteocles y Polinices, y dos mujeres: Antígona e Ismene. Los cuatro, a su vez, desatarían nuevas catástrofes.
Las epopeyas de José y de Moisés pertenecen a la tradición judía y están puntualizadas en el Antiguo Testamento: Génesis y Exodo. Los funestos destinos de Edipo y de sus cuatro hijos pertenecen a los mitos tebanos, fueron revelados por Homero en el undécimo canto de la Odisea (“Vi también a la madre de Edipo, la bella Epicasta, que cometió sin querer una gran falta, casándose con su hijo; pues éste, luego de matar a su propio padre, la tomó por esposa”) y más tarde desarrollados por Sófocles y por Esquilo en sus tragedias Edipo Rey, Antígona y Los siete contra Tebas. Identidad, parricidio, incesto, respeto por los muertos. Estos incidentes, recogidos en libros, sagrados o no, establecieron las normas morales, las pautas culturales que desde entonces regirían en la sociedad. La identidad, saber quiénes son nuestros padres, es una de esas normas.
En 1976 se instauró un régimen de terror en la Argentina. Las Fuerzas Armadas habían estudiado la metodología de crímenes y torturas instaurada por los nazis en Alemania, y con voluntad de alumnos aventajados la pusieron en práctica aquí. Treblinka, Auschwitz, Maidanek fueron campos de exterminio; la ESMA, El Olimpo, La Perla, también. Los jerarcas del gobierno nazi de Alemania debieron responder por más de seis millones de asesinatos. Los jerarcas del gobierno nazi de la Argentina, por treinta mil. Varía el número de muertos; no la forma en que se cometieron los crímenes. Las tropas aliadas juzgaron a los criminales alemanes; el gobierno de Raúl Alfonsín juzgó a algunos criminales argentinos, a otros les otorgó el beneficio de “la obediencia debida”, más tarde el gobierno de Carlos Menem indultó a todos; luego fiel a su estilo, el gobierno de Fernando de la Rúa optó por el silencio y finalmente los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner pusieron las cosas otra vez en su lugar: los responsables de crímenes de lesa humanidad, tantos militares como civiles, volvieron a someterse a la Justicia.
Los soldados del Tercer Reich destruían a la familia completa: asesinaban a los abuelos, a los padres y a los hijos. Los soldados del Proceso se propusieron imitar esa metodología –en 1977 el general Ibérico Saint Jean proclamó eufórico: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos–, aunque más tarde optaron por otro modo de destrucción: asesinaban a los abuelos y a los padres; pero en lugar de matar a los hijos, los vendían o los canjeaban en pos de algún beneficio. Más de un verdugo se quedó con esos niños. Se dio así la paradoja de que represores y torturadores criaran con ternura “maternal” a los hijos de los padres que habían asesinado. Ahora algunos de esos hijos adoptados se niegan a la certeza de descubrir a sus verdaderos padres; otros van más lejos: aceptan a sus padres asesinos y repudian a sus padres asesinados.
A lo largo de la historia de la humanidad no se había dado una perversión de ese calibre. Durante siglos logramos respuestas culturales para el incesto, para el parricidio, para el genocidio. Hoy nos enfrentamos a nuevas categorías, desde la negación de la identidad hasta la alabanza a los asesinos de nuestros propios padres, que a simple vista parecen un diabólico disparate pero que, sin embargo, comienzan a producir preguntas inéditas. Se hace difícil, terriblemente duro y difícil, elaborar las respuestas.
Vicente Battista
Represores
En busca de la identidad perdida
¿Qué hiciste en la dictadura, papá?
Diálogo con una psicóloga argentina que trató durante diez años a hijos de militares. María José Ferré y Ferré tiene 49 años y se recibió de licenciada en Psicología de la Universidad Católica en 1985. Durante diez años trabajó en una obra social de las FF.AA., con niños y adolescentes de hasta 18 años. Muchos eran hijos de militares que estuvieron en actividad entre los años 1976 y 1983. Durante la cursada de la diplomatura en Problemas y Patologías del Desvalimiento de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (Uces) se interesó en la temática y decidió investigarla.
Tomó los casos de 45 pacientes nacidos durante el período de la última dictadura.
Se especializó en el análisis de las pesadillas y se puso a estudiar sobre el tema.
A todos les pidió permiso para trabajar de manera académica con sus casos clínicos.
Presentó los resultados en el XI Foro Internacional de Psicoanálisis que se hizo en Chile en 2008.
Era una versión corta de la investigación, que se llamó Mi padre ¿fue? un represor: transmisión generacional del trauma.
Ese mismo año revalidó su título de psicóloga en Chile, defendiendo el trabajo completo.
Miradas al Sur la entrevistó en su consultorio, con las paredes cubiertas por una biblioteca llena de libros.
–¿Cómo nace el interés por esta temática?
–Empecé a notar una serie de características, síntomas y rasgos que se repetían en los casos. Armé ciertos patrones o cosas en común. Los psicólogos no creemos en las casualidades. Me interesé en todo esto y descubrí el sufrimiento de estos chicos y chicas, ya hoy hombres y mujeres de entre veinte y treinta años. Al crecer se fueron preguntando sobre qué hicieron sus padres en esa época.
–¿Cómo lo empezó a trabajar?
–Los pacientes traían a la sesión sus sueños y pesadillas. Empezamos a hablar, a interpretarlos y enfocarlos en la relación que podían tener con la actividad de sus padres. En vez de recibir resistencias, me encontré con que sentían alivio. Me decían “uy, ¿de esto puedo hablar acá?”, “¿a vos te puedo contar?” o “¿sabés que nunca se lo pude decir a nadie?”.
-Claro, justamente estando en una obra social de militares…
–Pero no se daba una particular indicación que diga “de esto no hay que hablar”. Crecieron con ese mandato. En casa se daban pautas que no se podían cuestionar. “Vos en el colegio tenés que decir que tu papá es peluquero”, les explicaban. Una paciente me decía: “Yo con ocho años me preguntaba, ¿por qué tengo que decir que es peluquero si es militar?”, “vos decís eso, porque lo digo yo”, le respondían. Ahora los pacientes son adultos, que si hoy en día van a una entrevista de trabajo definen a su padre como empleado estatal. Décadas después no pueden decir o prefieren no decir “mi padre es militar”.
–¿No lo decían con orgullo?
–No en esa época. En muchos casos la versión era que no se podía decir porque era peligroso o había gente mala. Los malos eran los otros. Era una cuestión de proteger a la familia. “¿Por qué no volvemos dos días seguidos por el mismo camino de la escuela?”, se preguntaban, por ejemplo.
–¿Qué síntomas se ven en estos pacientes?
–Me volqué en terapia al tema de las pesadillas, pero también hay síntomas físicos. Hay un común denominador, y no es el mismo en varones y mujeres. Todavía estoy analizando el por qué de la diferencia. Es la segunda parte de mi estudio. A grandes rasgos, en los hombres hay personalidades transgresoras: repetir en la escuela, consumo de drogas y hasta situaciones de delincuencia. Se podría hablar de lo que para esos papás sería transgresor, como hijos militando en partidos de izquierda o estudiando Filosofía. Cada generación hace lo que puede con lo que recibió de la anterior. Algunos repiten y otros tratan de elaborar algo distinto.
–¿Y las hijas mujeres?
–Tienen personalidades tendientes a la sumisión. Crecieron en el no preguntar, en el “no se entiende muy bien pero no importa”. Desarrollaron una capacidad de negación inconveniente para ellas mismas. Por ejemplo, encontré muchas chicas con relaciones de pareja terribles. Eran engañadas, los hombres tenían historias y hasta vidas paralelas. No era una canita al aire. Lo que llama la atención es que realmente no se daban cuenta. Te dicen que mucho no les “cerraba” cuando sus novios o maridos les decían “mirá, no me llames por las próximas cuatro horas porque voy a estar en una entrevista”. No está la curiosidad de investigar y no detenerse hasta entender. Está este entrenamiento, esta facilidad de negar, que por ahí otras personas no tenemos.
–Algo así como “el silencio es salud”...
–Claro, terminan ellas teniendo parejas donde hay cosas no dichas, secretas o cuestiones ocultas. El “de esto no se habla” está a la orden del día en la casa. No se habla del tema de la dictadura. Son familias donde el padre ha sido tan autoritario dentro del hogar como lo era afuera. El silencio es cualquier cosa menos salud. Todo lo no dicho tiene riesgo de ser repetido. Todo lo que se calla en una generación de alguna manera aparece en las siguientes.
–¿Eso es la transmisión transgeneracional?
–Sí, es como una posta. Un corredor que llega hasta un punto, le entrega el testimonio al siguiente corredor y ése arranca donde lo dejó el anterior. Le deja todo un saber inconsciente que se transmite por mecanismos que hoy por hoy no están del todo precisados, pero vemos los resultados. Como en las pesadillas.
–¿Cómo eran?
–Muchísimas historias de persecución. Los pacientes son los perseguidos y son atrapados. Incluso aparecen Falcon verdes. Otras veces eran los encargados de rescatar personas de situaciones de riesgo. A veces eran catástrofes naturales. Había una inundación y ellos eran quienes tenían que salvar a todos. Pero también tuve una paciente que soñaba que la torturaban con picanas y que la colgaban viva de un gancho. Describía las torturas que sus agresores le hacían con una nitidez que era escalofriante. Con lujo de detalles y en tanto lo vívido de su sufrimiento durante el sueño.
–¿No podrían haberlo escuchado u oído en algún lado?
–No lo vivieron, el conocimiento que tuvieron fue por lo que se enseña en la escuela. Los padres les decían “esa no es la verdadera historia”. Algunos tenían el Nunca Más abajo de una pila de libros.
–¿Todos sabían lo que habían hecho sus padres?
–No. Y acá se presenta un dilema interesante. Más que saber, estaba la sospecha. En un momento, si partís de lo psicoanalítico, con develarlo, con hacer consciente lo que está inconsciente, se supone que caminás a una cura. Pero éste no es el caso, porque en realidad, que estos hijos lleguen a comprobar o saber fehacientemente la participación de sus padres termina con la incertidumbre, pero inaugura la certeza. Una certeza destructiva. Hubo quienes fueron a la Conadep a buscar si sus padres estaban en la lista de represores. Terminan como en un callejón sin salida. El sospechar y no animarse a preguntarlo te daña de una forma. El saberlo y confirmarlo inaugura un nuevo drama. Tuve una paciente cuyo padre se sentó a confesarle con lujo de detalles todo lo que había hecho. Lejos estaba de decir “ah, que bueno, ahora que lo sé me quedo más tranquila”.
–¿Y esto los llevó a replantearse lo que hacían sus padres?
–En muchos casos sí. El trabajo analítico ayudó, pero no crea algo que no está latente en el paciente. Nosotros ayudamos a que salga, no ponemos algo que no está. Si salió, es porque estaba.
–¿Le tocaron casos de chicos que estén de acuerdo con lo que hicieron sus padres?
–Es raro que lleguen a terapia por el armado psíquico que tienen.
Ferré y Ferré se levanta del sillón y camina hacia la biblioteca. La estantería rebalsa de libros. Con el dedo marca los que usó para su trabajo. Señala La interpretación de los sueños , de Sigmund Freud, y El alma de los verdugos , de Baltasar Garzón y Vicente Romero. “Hay un mexicano que tiene un capítulo dedicado a la Argentina –explica–. Se llama Fernando González.” El título confirma lo que estudia: La guerra de las memorias. Psicoanálisis, historia e interpretación. “La poca bibliografía que hay sobre hijos de victimarios es la que escribieron sobre los descendientes de los nazis”, cuenta la psicóloga. Habla de Tú llevas mi nombre. La insoportable herencia de los hijos de los jerarcas nazis, que escribieron Norbert y Stephan Lebert. El libro cuenta el padecimiento de los hijos que cargan el apellido y la culpa por los crímenes de sus padres.
–¿Cómo tomaron los pacientes el hecho de que analizó sus casos?
–A todos les pedí el consentimiento para trabajar en mi tesis. Contestaban: “Qué bueno que alguien se acuerde de nosotros”. De hecho, hay algo curioso. Los casos más graves eran pacientes cuyos padres mejor estaban a nivel psíquico, económico y social. Cuanto menos procesó esa generación, más negó y silenció, peor paquete le pasó a la siguiente. Cuando hubo padres militares ya retirados que desarrollaron un cáncer o enfermedades terminales, o sea, cuanto más les quedó a ellos dando vueltas, mejor estaban los hijos. Eran conflictivas más leves y trabajables, estaban menos traumatizados.
–¿Cuál es el resultado de su estudio?
–Hay muchísimo hecho para los hijos de las víctimas y muy merecido que lo tienen. Tienen instituciones, orientación y tratamiento. Pero no hay nada para los hijos de los victimarios. Son una nueva categoría o clase de víctimas. Creo que es una postura que no está constituida ni es clara en el país. Habría que habilitar espacios de orientación o asistencia. O donde se dé formación a los psicólogos que reciban este tipo de casos. Todavía es una pelea solitaria.
–¿Por qué cree que es así?
–Me parece obvio el porqué no hay nada trabajado desde las instituciones militares. Lo que me pregunto es por qué no desde los gobiernos que siguieron después. Es un tema que todavía genera resistencias en la sociedad, creo que está atravesado por cosas como la heredabilidad de la culpa. ¿Son culpables, son responsables? Hay que poder desligar a los hijos de lo que hicieron sus padres. Los hijos nunca debemos responder por los actos de los padres, ni en éstas situaciones ni en otras. Salvo que vos elijas hacerlo por algún motivo equis. Me parece que hay algo todavía de esto, de no poder justamente pensarlos como otras víctimas.
El trauma de una generación
Los psicólogos llaman “trauma transgeneracional” a las situaciones no resueltas que se transmiten de una generación a otra. Aunque una persona no haya sido partícipe directa ni haya vivido una problemática, la arrastra en su psiquis.
Trasciende las generaciones, son traumas que continúan de padres y ancestros a hijos. Es una herencia inconsciente, como un trabajo pendiente a solucionar que se manifiesta de distintas maneras, como en enfermedades y pesadillas. La terapia del psicoanálisis ayudaría a resolverlas.
Según el psiquiatra francés Serge Tisseron, el trauma transgeneracional no es por simple transmisión –en donde la persona se identifica con una situación anterior, se la apropia y la reelabora a su modo y estilo–. No es una decisión consciente, sino una influencia que no se percibe ni se puede asimilar.
Así, el psiquismo de las personas no sólo estaría formado por lo individual, sino que es una construcción colectiva.
María José Ferré y Ferré.
El día en que Videla estaba ansioso por hablar
Empezó en Córdoba el juicio oral y público contra Videla, Menéndez y otros 29 represores. El dictador pidió la palabra, pero el presidente del tribunal le dijo que debía esperar su turno. Se leyó la acusación fiscal. Los 31 imputados se distribuyeron en cuatro filas de butacas, separados del público por un blíndex. Jorge Rafael Videla se sentó en primera fila, con una carpeta en las manos, a la derecha de Luciano Benjamín Menéndez. El tribunal dio inicio a la audiencia a las 10.50.
Con la lectura de la acusación fiscal comenzó en Córdoba el juicio oral y público a Videla, Menéndez y otros 29 imputados por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura. Se trata del primer juicio al ex presidente de facto desde el proceso a los ex comandantes, en 1985.
El dictador de 84 años hizo una señal hacia el tribunal con intenciones de hablar mientras se describía el esquema de la represión ilegal en Córdoba, pero recibió una drástica respuesta de Jaime Díaz Gavier, presidente del Tribunal Oral Federal 1, que le ordenó guardar silencio y le recordó que podrá hacer uso de la palabra más delante.
La sala de audiencias, con capacidad para un centenar de personas, estuvo colmada por representantes de organizaciones civiles, de derechos humanos, familiares de víctimas y, en menor medida, de los imputados, incluido un hijo de Videla. Díaz Gavier les ordenó a los allegados a los represores retirar una bandera argentina que habían desplegado, en tanto los familiares de las víctimas debieron cubrir las remeras con los rostros de sus seres queridos. “Para evitar situaciones de roces”, explicó el juez. Estuvieron presentes el intendente, Daniel Giacomino; el vice, Carlos Vicente; el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde; el secretario de Derechos Humanos de la provincia, Raúl Sánchez, y la diputada del Frente para la Victoria Carmen Nebreda.
Frente a los tribunales se concentraron centenares de miembros de organismos de derechos humanos, agrupaciones políticas, sociales y educativas. La manifestación, que partió desde Ciudad Universitaria hacia el edificio de tribunales, fue convocada por Hijos, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, Abuelas de Plaza de Mayo, el Serpaj y la Asociación de Ex Presos Políticos. En la calle hubo murgas y se colocaron siluetas en recuerdo de las víctimas. También funcionó una radio abierta en el cruce de las calles Concepción Arenal y Paunero.
La nota de color del día la aportó un hermano del mayor Gustavo Adolfo Alsina, que intentó desvincular al imputado de las torturas que derivaron en el homicidio de José Moukarzel nada menos que ante la hermana de la víctima. Moukarzel era un médico del Ejército Revolucionario del Pueblo y murió luego de permanecer un día estaqueado, desnudo, en el patio de la cárcel. “No alcancé a reaccionar, fue muy fuerte lo que ha pasado”, explicó Marta Josefina Moukarzel.
La lectura de la acusación estuvo a cargo del secretario del tribunal, Pablo Bustos Fierro. Según el escrito fiscal, el “aparato represivo” que se instaló a partir del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 tenía como máximo responsable a Videla. “Luego de la toma ilegal del control de las instituciones del país, se pergeñaron acciones secretas, de modo clandestino y anormal, hasta convertirse en una práctica sistemática para el aniquilamiento de personas con pensamiento distinto”, leyó. Agregó que “para ejecutar el aniquilamiento de los grupos políticos y sociales se utilizó toda la maquinaria y logística militar y de poder”. Añadió que tal accionar se apoyaba en “un sistema jurídico secreto para legalizar el secuestro, la tortura y en muchos casos la muerte simulando situaciones inexistentes”, como ocurrió con los 27 presos políticos asesinados en operativos que se publicitaban como “intentos de fuga” por los que se realiza el juicio. La jornada concluyó a las 18.10.
El abogado Martín Fresneda, miembro de Hijos, calificó al juicio como “histórico” y a Videla como “uno de los principales responsables del terrorismo de Estado en el país”.
Eduardo Duhalde, en diálogo con la prensa, sostuvo que el juicio “es muy importante, tanto por los crímenes que se juzgan como por los represores sentados en el banquillo de los acusados”. Consideró que “es muy bueno que se investigue, que ningún crimen de lesa humanidad quede impune”. “Estamos convencidos de que no se puede profundizar la democracia sobre la ciénaga del olvido, de la impunidad”, destacó el secretario de Derechos Humanos. Afirmó que “deben ser juzgados todos los responsables, sean militares, civiles o policías” y evaluó que “en ese sentido se ha avanzado”. “Son más difusas las responsabilidades en algunos casos, pero se avanza”, reconoció y recordó que “de aquí a fin de año comenzarán otros juicios importantes”. El juicio a Videla, Menéndez & Cía. se reanudará el lunes a las 9.30.
Los 700 nombres del personal civil que operaba en la dictadura.
Invesigación exclusiva
Poco a poco, los secretos bien guardados de la última dictadura militar se van develando.
En sintonía con las listas del Personal Civil de Inteligencia (PCI) del Batallón 601 y de la Fuerza Aérea que cumplió tareas entre 1976 y 1983 , a continuación se difunde la nómina del Personal de Inteligencia que cumplió tareas en el poderoso Servicio de Inteligencia Naval (SIN) durante el Proceso.
Así, retrasada respecto de las otras dos fuerzas, la Marina revela quiénes fueron sus espías durante el terrorismo de Estado.
La lista, que fue remitida al Ministerio de Defensa por el jefe del Estado Mayor General de la Armada, almirante Jorge Omar Godoy, contiene más de 700 nombres.
La información era secreta y fue desclasificada por la presidenta Cristina Fernández a través del decreto 4/2010. Si bien se trata de personal de inteligencia, el hecho de aparecer en la lista no implica que las personas allí mencionadas estén involucradas en delitos de lesa humanidad.
Inicialmente, el Servicio de Inteligencia Naval debía tener a su cargo las operaciones represivas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), mientras que el Grupo de Tareas (GT) 3 debía ser su brazo operativo.
Pero la decisión del almirante Emilio Massera, en aquel entonces jefe del arma y miembro de la primera junta militar, de convertir al GT 3 en un aparato que sustentara sus ambiciones políticas incentivó la competencia entre ambas estructuras y terminó por quebrar su relación.
Por este motivo, el Servicio de Inteligencia Naval gestó su propia base de operaciones que se conoció como “Casa SIN”, en Thames y Panamericana, Villa Adelina.
Sin embargo, la competencia entre ambos se diluyó en 1979, cuando el capitán de fragata Luis D’Imperio, miembro del SIN, reemplazó a Jorge “Tigre” Acosta en la jefatura de Inteligencia.
Entre los puntos paradigmáticos donde operó la Marina, figuran la Escuela de Mecánica de la Armada –hoy Archivo Nacional de la Memoria–, Puerto Belgrano –el mayor asentamiento naval del país, a 30 kilómetros de Bahía Blanca– y las localidades de Berisso y Ensenada, en la provincia de Buenos Aires, donde se desempeñó el Batallón de Infantería de Marina III. Y en el ámbito internacional, Uruguay y Bolivia.
En la ESMA, por caso, estuvieron secuestrados Norma Arrostito, Azucena Villaflor –fundadora de Madres de Plaza de Mayo– y Jaime Dri, cuyo paso y huida de ese centro clandestino de detención fue relatado por Miguel Bonasso en el libro Recuerdo de la muerte.
Junto a ellos, hubo unos cinco mil secuestrados en el establecimiento ubicado sobre la Avenida del Libertador, en el límite de la Capital Federal con la provincia de Buenos Aires. Algunos de ellos fueron sedados y arrojados al Río de la Plata, en lo que se conoció como los “vuelos de la muerte”.
En ese mítico centro clandestino había un altillo llamado “Capuchita” que, según consta en el libro Nunca más, “fue utilizado por los miembros del SIN para torturar y mantener a sus secuestrados separados de los de la ESMA. ‘Capuchita’ se prestaba a la Fuerza Aérea, al Ejército y al SIN para llevar a sus detenidos allí. El piso era de color rojo y tenía ventiluces siempre cerrados”.
A pesar de los cruces entre el SIN y el GT3, el marino Antonio Pernías demostró que a la hora de la represión estaban todos del mismo bando cuando aseguró en 1986: “Fue una guerra en la que se empeñó toda la Armada”.
Veinticuatro años más tarde, el capitán Adolfo Donda repitió la aseveración durante su testimonio en el proceso que se le sigue por los crímenes cometidos en la ESMA: “Fue una actuación institucional, de toda la Armada”.
Por este motivo, para Ramón Torres Molina, presidente del Archivo Nacional de la Memoria, “el conocimiento del personal civil de inteligencia de las Fuerzas Armadas es un avance en la investigación que se está llevando adelante en todos los ámbitos de la Justicia y también en el Archivo Nacional de la Memoria. La lista de la Marina es un aporte muy importante”.
A continuación se enumeran los casos paradigmáticos de la nómina:
Jorge Ernesto Vildoza. Figura como miembro del Servicio de Inteligencia Naval durante la dictadura. Es hijo del subdirector de la ESMA Jorge Raúl Vildoza, prófugo de la Justicia, acusado de haber robado bienes de desaparecidos y apropiarse del hijo de un matrimonio desaparecido. El chico es uno de los nietos recuperados por las Abuelas de Plaza de Mayo, aunque no quiso volver a vivir con su familia biológica. Jorge Ernesto Vildoza habría sido investigado por complicidad en esa apropiación por la jueza Servini de Cubría. Hoy preside –según publicó Página 12– la empresa American Data S.A., ligada a la venta y concesiones de máquinas electrónicas en los casinos.
Ricardo Joaquín Molina. Fue jefe de Inteligencia de la Base Naval Puerto Belgrano en 1976. Prófugo de la Justicia, debe rendir cuentas por los crímenes de la Armada. El Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación ofrece 100 mil pesos por datos sobre su paradero. También lo busca Interpol.
Luis Alberto Pablo Pons. Capitán de corbeta retirado, encabezó en 1976 la Brigada de Infantería número 1 y está imputado como ejecutor directo del secuestro y tormentos a Hugo Giorno, ex intendente de Punta Alta, donde está Puerto Belgrano. Hasta 2007 estuvo en la contaduría general del Ejército. Es primo hermano del juez Miguel Guillermo Pons.
Policarpo Luis Vázquez. Ex oficial de la Armada, fue el apropiador de Evelyn Vázquez, hija biológica de los desaparecidos Beatriz Pegoraro y Rubén Bauer.
Rodolfo Patricio Florido. También está incluido en la lista. Antes de pasar por la Marina, Florido se desempeñó como PCI del Batallón 601 durante la dictadura, como publicó esta revista a mediados de febrero. Hasta entonces, era secretario de prensa del Concejo Deliberante de Bariloche, órgano que, al revelarse su pasado, aprobó por unanimidad “el repudio institucional” a su persona.
Luis Emilio Sosa. También fue parte del SIN durante la última dictadura militar. Ya había demostrado de qué era capaz el 22 de agosto de 1972: fue el principal responsable de la Masacre de Trelew, el fusilamiento de 19 guerrilleros presos en la Base Almirante Zar.
Con la aparición de este nuevo documento se iluminan un poco más las tinieblas que se extendieron entre 1976 y 1983. La difusión de la lista intenta contribuir con la búsqueda de memoria, verdad y justicia.
Personal civil de inteligencia que ha revistado en la Armada en el período comprendido entre el 1º de enero de 1976 y el 31 de diciembre de 1983
Acevedo, Carlos Horacio
Acevedo, Santiago Gervasio
Acosta, Juan César
Acosta, Julio César
Acosta, Orlando Eloy
Acuña, Andrés
Acuña, Armando Ramón
Agnelli, María Cristina
Agüero, Rubén Darío
Aguilar, Ricardo E.
Aguilera, Hugo Zenón
Aguirre, José Ramón
Agusti, Miguel Francisco
Aimonetto, Dante Raúl
Aisemberg, Issac
Albanesi, Carlos Alberto
Albanesi, Liliana María
Albertengo, Manuel Joaquín
Albornoz, Víctor Manuel
Alecci, Eduardo Esteban
Almada, Guido Alcides
Almada, Jorge Gerardo
Aloisio de Pons, Carmen E.
Álvarez Vivar, Julio César
Álvarez, Américo A.
Álvarez, Ángel Guillermo
Álvarez, César Armando
Álvarez, Dora Isabel
Álvarez, Liberio
Ambrosini, Inés E.
Andrés, Félix
Angel, Raúl Oscar
Antignani, Graciela Liliana
Antun, Jalil Chehede
Aprile, Luisa Magdalena
Arancibia, José Luis
Aráoz, Secundino del Carmen
Arce, Carlos Anastacio
Arcos, Rubén Joaquín
Arena, Carlos Daniel
Arias, Eduardo Alberto
Arias, Eufracio Félix Rafael
Armella, Juan José
Arraya, Alba Beatriz
Artesi, Rubén Mario
Astigarraga Larrañaga, Antonio
Astort, Javier S.
Avalos, Alejandro Guillermo
Avalos, Norberto Rodolfo
Avendaño, Julio Argentino Baltazar
Azcoitía, María Fernanda
Bacchini, Norma Beatriz
Bachini, Manuel Rubén
Báez, Justo Rodolfo
Baigorria, Mariano
Ballester, Nora Liliana
Bandera, Gustavo Fernando
Barberena, Horacio Daniel Marcelino
Barberio, Alba
Barrionuevo, Pedro Luis
Barrios, Francisco
Barrios, Juan Carlos
Baroca, Hugo Clemente
Barrueco, Horacio José
Baruzzi, Pedro José
Bauducco, Raúl
Bavera, Graciela Beatriz
Beccaria, Carlos Alberto
Becker, María de los Ángeles
Bellei, Dalia Cristina
Benesch, Ana María I.
Bergeonneau, Viviana Alejandra
Berini, Gerardo
Berneker, Jorge Juan
Bertani, Mirta B.
Bertoni, Néstor Alfredo
Biagini, José
Biancciotti, Manuel Rubén
Bilbao, Carlos Adolfo
Bilbao, José Enrique
Bischoff, Jorge Néstor
Blason, Domingo Manuel
Boffelli, Alicia Carmen
Bolaño, Raúl José
Bonazzi, Alba Susana
Bonifacio, Oscar Raúl
Bonino, José María
Bos, Carlos Alberto
Branda, José Alberto
Britzzi, Arturo Mario Víctor
Broglino, María Cristina
Broglino, Orlando Segundo
Bruzzone, Norberto Gerónimo
Buil, Rubén H.
Bulgarelli, Dante Romeo
Bulgarelli, Jorge Luis
Buscaglia, Osvaldo Héctor
Bustamante, Alberto Daniel
Bustamante, Nerón
Bustos, Edgardo Bautista
Cabezas, Lydia Isabel
Cabrera, María Andrea
Cáceres, Sergio Marcial
Calabró, Sebastián
Calcagno, Osvaldo Germán
Calero, Celedonio
Callenius, Carlos Alfredo
Calo, José Rafael
Calvo, Jorge
Calvo, Nicanor Oscar
Camelino, Jorge Abel
Campana, Tomás
Capello, José
Cardone, Horacio Héctor
Carmele, Hermelindo
Carnevale, Héctor
Carou, Héctor Manuel
Carozzi, Héctor Jorge P.
Carrascosa, Joaquín
Carrieres, Armando Juan
Carrillo, Carlos Facundo
Carrillo, Héctor Eduardo
Carrizo, Mario del Carmen
Cartazzo, Lucio Ignacio
Caruso, María Marta Isabel
Casal, Antonio Roberto
Casas, Onofre Arturo
Casellas, Carlos Alberto
Casemajor, María de los Ángeles
Castagna, César Augusto
Castagnino, Daniel Esteban
Castelli, Avelino Lorenzo
Castillo, Gerónimo Hugo
Castillo, Matías
Castro, Vicente Raúl
Catini, Juan Carlos
Ceballos, Julián Ángel
Cedeira, Olivio Juan
Cedola, Juan Carlos
Celestino, Francisco Juan Carlos
Cerliani, Rodolfo Luis
Cerotti, Héctor Mario
Cerrato, Gustavo Sergio
Cerretti, Hugo Daniel
Cerruti, Blanca Estela
Cesaro, José
Chacón, Nicanor Carlos
Chamorro, Diego
Chávez, Víctor Hugo
Chiapesoni, Elbelsio Miguel
Chiaradia, Rafael
Chiodi, Carlos A.
Chiozza, María Cristina
Chiozza, María Laura
Chivelekian, Carlos
Chivelekian, Fernando
Clarión, Adriana Aneri
Clementti, Ricardo Oreste
Clermont, Jorge Gustavo
Colombo, Ricardo César
Compagno, Carlos A.
Conforti, Carlos Orlando O.
Congett, Armando
Conrad, Ireneo
Controne, María Cristina
Cordero, Adolfo
Cordero, Germinal
Cordero, Noemí Aurora
Cordero, Rafael Rolando
Cornejo, Norberto A.
Cornejo, Onaldo Linardo
Coronel, Genaro Jesús
Corradi, Elida Beatriz
Cortes, Carlos
Cremona, Ricardo Augusto
Cristian, Luis Armando
Cuba, José Antonio
Cucci, Héctor Guillermo
Curutchet, Néstor Luis
Cuzzoni, Siro
Dacunto, Graciela I. Alsina de
Daino, Marco Roberto
Darroux, Juan Manuel
D’Arezzo, Alicia Estela
Davies, Elvio Romeo
Dávila, Enrique
Dávila, Lilia Irma
Dávila, Luis Alberto
Davis, Hidalgo Luis
De Bartolomeis, Eduardo V.
De Bartolomeis, Estela Alicia
De Elia, Rafael Carlos
De Giácomo, Roberto Carlos
De la Fuente, Stella Maris Rosa
De Llano, Carlos
De los Santos, Juan José
De Luca, Emilio
De Mersico, José Luis
De Montmollin, Alejandro
De Micheli, Susana Mabel
De Sanctis, María Angélica
Del Real, Emilio Jorge
Denza, Gustavo Adolfo
Desio, Dardo Oscar
Di Bella, Ana María
Di Marco, Edio César
Di Pascuale, Miguel Ángel
Díaz Guerrero, Rodolfo C.
Díaz Osler, Alicia Mónica
Díaz Osler, Marta Elena
Díaz Osler, Nélida Lucía
Díaz, Omar
Dicarlo, Salvador Felipe Juan
Diemand Hartz, Carlos Eduardo
Dierickx, Juan José
Dolcemascolo, José
Domínguez, Martín T.F.
Domínguez, Tomás
Durante, Luis Alberto
Durante, Oscar Gabriel
Echagüe, Gonzalo
Echagüe, Martín Diego
Elías, Gabino Rufino
Eppens, Eduardo Marcelo
Erbiti, Ignacio María
Escobar, Juan Manuel
Eufemio, Jorge Alberto
Fabre, Claudia Estela
Fabrizis, Alicia Mirta
Fantini, Alberto Osvaldo
Farías, Norman E.
Fariña, Antonio
Farran, Héctor A.
Feola, Carlos Horacio
Fernández Fortuny, Alejandro
Fernández, Adolfo Benito
Fernández, Aída M.
Fernández, Alicia Inés
Fernández, Arsenio V.
Fernández, Evaristo Marcelo
Fernández, Francisco Domingo
Fernández, Graciela Inés
Fernández, Héctor Martín
Fernández, Hugo Alberto
Fernández, Jorge Alberto
Fernández, Juan Hugo
Fernández, Luis Eduardo Alejandro
Fernández, Mabel Nélida
Fernández, Milton Daniel
Ferrate, Dardo Alberto
Ferreira, Héctor
Ferrer, José Arturo
Ferrero, Julio Federico
Ferreyra, Adalberto Vicente
Ferreyra, Alcides Tomás
Filippini, Norma Graciela
Finochietto, María Laura
Fischer, Verónica
Florido, Rodolfo Patricio
Fochesato, Roberto René
Folgueira, Oscar
Fortunato, José Luis
Fraguio, Constantino Eduardo
Frasca, Rosa Delia
Fratti, Alberto Luis
Freigido, Mirta Aurora
Freites, Manuel Eduardo
Frexas, Luis Pablo
Froio, Jorge Homero
Fuentes, Andrés Cándido Aníbal
Fuentes, Víctor Augusto
Funes, Héctor José
Furer, Margarita
Galeano, Miguel Ángel
Galeota, Jorge Horacio
Galíndez, Héctor Raúl
Gamboa, Raúl Arturo
Gamboa, Gladys Beatriz
Gandara, Héctor Eduardo
Gandini, Darío Enrique
Garay, Félix Fortunato
Garay, Jesús Esteban
Garay, Jorge Orlando
García, Alfredo Ángel
García, Eduardo Julio
García, Félix Antonio
García, José María
García, Secundino
Garrido Fernández, Alfredo
Gasparini, Carlos Alberto
Gatica, Roberto Jorge
Gavotti, Oscar Luis
Gayaso, Julio César
Gayoso, Dardo Hipólito
Geisbuhler, Elisa M.
Gentile, María del Carmen
Gigena, Jorge Horacio
Gil García, Guillermo
Giménez, Argemino
Giménez, Julio Argentino
Giordano La Rosa, Claudio
Giovinazzo, Juan Carlos
Girotti, Rubén Norberto
Giunta, Angel
Godszisz, Estanislao
Gómez, Héctor Horacio
Gómez Luzuriaga, Julio
Gómez, Carlos Roberto
Gómez, Eduardo R.
Gómez, Horacio Daniel
Gómez, Leoncio
Gómez, Narciso
Gómez, Raúl Lindolfo
González Montiel, Orlando Luis
González, Carlos David
González, Eduardo Javier
González, Elis Enrique
González, Héctor Rubén
González, Jesús Eusebio
González, Osvaldo Alberto
González, Osvaldo José
González, Rita Beatriz
González, Saturnino Mario
Gordillo, Antonio Andrés
Gozzi, María Marta
Granja, Ramón Marcelo
Greco, Luis
Grosso, Carlos Alberto
Guerrero, Eladio
Guerrero, Eleazar
Gutiérrez, Guillermo Alfredo
Gutiérrez, María Cristina
Gutiérrez, Ricardo César
Guzmán, Ernesto Miguel
Guzmán, Juan Carlos
Heinen, Miguel Ángel
Herbalejo, Daniel Adrián
Heredia, Agustín Sinesio
Heredia, Eduardo José
Heredia, José
Herms, Emilio Tomás Luis
Hernández, Manuel
Herrera, Hugo Oscar
Herrera, Carlos Dante
Herrero Mayor, Enrique
Hildmann, Jorge Teodoro
Igarzabal, Bernardo Hugo
Iglesias, Hipólito
Isasi, Roberto
Juárez, Julio César
Kapica, Rodolfo José
Krasser, Pedro Domingo
Krylov, Eugenia
Kun, Julio
Labanca, Horacio Omar
Lafosse, Alejandro J.
Lafuente, Américo
Langer, Edgardo Marcos
Lares, Luis Oscar Jesús
Larrea, Héctor Hugo
Larrea, Viviana Elizabeth
Lastreto, Adrián Lorenzo
Lastreto, Gustavo Eduardo
Laurelli, Carlos Enrique
Lauret, Dimer Bautista
Lehmann, Juan Walter
Leiva, Juan Carlos
León, Jorge Oscar
Leone, Jorge Roberto
Lepine, Juan Pedro
Lezana, Justo Marcelo
Lezica, Martha Susana
Lobbosco, Nora Alicia
Lombardi, Edgardo F.
Lombardi, Silvia Teresita
Lopardo, Stella Maris
López, Carlos Alberto
López, Guillermo Jorge
López, Hugo Marcelo
López, Omar Vicente
Loprete, José Raúl
Lostuzzi, Carlos Guido
Loza, Tulio Carlos
Ludueña, Ernesto
Luna, Miguel Ángel
Maciel, Graciano Adolfo
Macri, Eduardo
Magallanes, Eduardo
Malanaij, Diego León
Mallorca, Miguel Ángel
Mandarini, Mónica Elena
Manes, Lucrecia Aurora
Mangold, Carlos Máximo
Mannarino, Bermilia A.
Marcovecchio, Ricardo
Marello, Jorge Alberto
Mariani, Rodolfo Héctor
Marrafino, Raúl
Martin, Oscar Héctor
Martin, Hernán Estanislao
Martin, Jorge
Martin, Juan Carlos
Martin, Liliana Nélida
Martin, Stella Maris
Martínez, Francisco
Martínez, Graciela
Martinovic, María
Marzano, Carlos A.
Masciotra, Mónica Cristina
Masciotra, Roberto Daniel
Mason, Mario Alberto
Massera, Carlos Alberto
Massocco, Eduardo Raúl
Mauleon, Julio Fabián
Mauvezin, Horacio Enrique
Mazo, Edit Liliana
Mazzei, José
Massey, Luis A.
Mazzucco, Alberto Adrián
Mazzuco, Walter
Mazzuchi, Rodolfo
Medina, Gustavo Adrián
Medina, Ramón
Medina, Ramón Eduardo
Melon, Beatriz Mónica
Méndez, Oscar G.
Méndez, Teófilo María
Menghetti, Ernesto Mario
Menghetti, Eduardo
Menguetti, Gustavo Fernando
Meotto, Leopoldo
Mercurio, Vicente
Midon, Oscar
Millán, Enrique
Millám, María del Rosario
Mingorance, Luis
Minutella, Antonio
Miranda, Juan Carlos
Molina, David Jesús
Molina, Francisco M.
Molina, Luis Bernardo
Molina, Manuel Ignacio
Molina, Ricardo Joaquín
Molinari, Susana Beatriz
Moline, Fernando Amílcar
Monrroy, Luis Antonio
Montenegro, Diana Faustina
Montero, Jorge César
Montes, Alfredo Jorge
Montesano, Atilio
Morales Lucero, Carlos Walter
Morán, Leonor Teresa
Morando, Lucas
Moratzzo, Jorge S.
Moreira, Noemí
Moreno, Carlos Roberto
Moreno, Diana M.
Moreno, Manuel
Moreyra, Elba Eusebia
Morrone, Mirta Amalia
Mosquera, Oscar
Mosteiro, María del Carmen
Moyano Arrigoni, Raúl H.
Muñoz, Luis María
Musicco, Blas Evaristo
Musicco, Elena Dolores
Musolino, Heriberto Fioravanti
Mutio, Jorge Rolando
Nagel, Otto Rodolfo
Nakazato, José Raúl
Nalda, Marcelo Valentín A.
Nardi, Luis Alberto
Navarro, José Blas
Navarro, Enrique Alberto
Navarro, Osvaldo Daniel
Navarro, Ramón Orfilio
Nelson, Gloria
Neto, Arturo Aristóbulo
Nieto, Valerio
Notario, Camilo
Núñez, Máximo
Ñoqui, Víctor Hugo
Obiols, Santiago Andrés
Obregoso, José Luis
Ojeda, Rodolfo Ovidio
Olaciregui, Osvaldo José
Olmedo, Alfredo Faustino
Olmos, Jorge Luis
Orellano, Osvaldo Nazareth
Oros, Ángel
Ortiz, Librado
Oscar, Octavio Crescencio
Otero, José Francisco
Ottaviano, Alfredo Emilio Walter
Ottino, Juan
Ottino, Roberto
Oubiña, Ricardo
Padula Perkins, Jorge Eduardo
Paiz, Alistarco
Palmas, René Leonor
Pantano, Alcides S.
Pantusa, Héctor Luis
Papasidero, Francisco
Papeschi, Edith Ester
Parafita, Jorge Eduardo
Parafita, Oscar Ricardo
Pascual, Francisco
Pascual, Viviana Nérida
Pascucci, Domingo Ignacio
Paterno, Hamlet
Paulos, Francisco
Pedernera, Juan Andrés
Pedrozo, Lindolfo Serrano
Peláez, Manuel Osvaldo
Pellicer, Daniel D.
Peña, Ezequiel
Peñalva, Miguel Ángel
Peralta, Ramón Jorge
Peralta, Nicolás Ricardo
Pereira, Roberto César
Peretti, Pedro Francisco
Pérez, Daniel
Pérez, Estela Mónica
Pérez, María Dolores
Pérez Millán, Eduardo Hipólito
Pérez, Ignacio Alejandro
Pérez, Pedro
Pérez, Roberto Evaristo
Peronja, Gregorio Pedro
Peschiuta, Raymundo Mario
Piaggio, Eduardo Víctor
Piaggio, Juan Carlos
Picchi, Guillermo Félix
Piedrabuena, Argentino Lorenzo
Pinal, Oscar Benito Enrique
Piñeiro, Rubén
Pirillo, Antonio
Pirosanto, Otto Edgardo
Pitar, Irma Liliana
Pitar, Luis Julio
Pitzzio, Jaime Omar J.
Poggi, Hugo Carlos
Poggi, Nora Elvira
Poletti, Rodolfo Antonio
Pons, Luis Alberto Pablo
Porcu, Franco Osvaldo
Posadas, Víctor Alberto
Prado, Rafael Alfredo
Prat, Mabel
Pratto, Ernesto Justo
Pucheta, Gabriel Raúl
Quintela, Norma R.
Radivoj, Emilio Daniel
Ramírez, Ruben Darío
Ranni, Esther N.
Ratto, Raúl Guillermo
Ravani, Dino
Recavarren, Eduardo Dardo
Reinoso Rosso, Marta Haydeé
Res, Juan Carlos
Resio Pedernera, León Alfredo
Retamal, José Santiago
Reyes, Ernesto Juan
Rial, Osvaldo Joaquín
Ribot, Carlos
Ricci, Guillermo Horacio
Ricci, Horacio Daniel
Ricci, Osvaldo Aníbal Ambrosio
Ricciardi, Osvaldo Héctor
Riganti, Claudio Ricardo
Rigoni, Daniel Leonardo
Rigoni, Italo Teodoro
Rinaudo, Osiris Benito
Ríos, Juan Bautista
Riquelme, Silvio Luis
Rivas, María Alejandra
Riveira, Rodolfo Constancio
Rodríguez Prada, Mirta Noemí
Rodríguez, Carlos A.
Rodríguez, Daniel Julián
Rodríguez, Enzo Donadío
Rodríguez, Haydee Susana
Rodríguez, José Luis
Rojas, Pedro Antonio
Rojas, Sergio Pascual
Rola, Juan Alberto
Romanutti, Juan Carlos
Romero, Alberto Juan
Romero, Jehová Orlando Estanislao
Romero, Rubén Eduardo
Rosales, Héctor A.
Rosell, Beatriz Susana
Rubio, Carlos A.
Rubio, Manuel Saturnino
Rucci, Carlos Eduardo
Rueda, Alejandro Adrián
Rueda, Eduardo Antonio
Rugiati, Héctor Constantino
Ruiz Díaz, Horacio
Russo, Francisco Rosario
Sabathie, Emilio Alberto
Saez, Hipólito Pascual
Sal, Adriana Silvia
Sal, Roberto Daniel
Salis, Jacinto
Salvador, Neldo
Sampedro, Alfredo
Sánchez, Eduardo Antonio
Sánchez, José
Sánchez, Juan Rafael
Sánchez, Osvaldo Alberto
Sánchez, Venancio
Sanfeliu, Rogelio Carlos
Santana, Osvaldo
Santi, Augusto Juan
Santiso, Alfredo Manuel
Santoiani, Claudia Beatriz
Santucho, Ángel Segundo
Santucho, Georgina Graciela
Saraiva Piacenza, Oscar Antonio
Scavone, Roberto
Seghetti, Emilio Carlos
Seia, Rómulo Sebastián
Sena, Edmundo Eloy
Sengiali, Luis Alejandro
Sgandurra, Ernesto Jorge
Shulmeister, Juan Carlos
Silva, José Miguel
Slimmens, Silvia Cristina
Sobre Casas, Clemencia Amalia
Sommaruga, Mario Andrés
Soria, Abel A.
Soria, Hipólito Felipe
Soria, José Robustiano
Sosa Pagano, Rubén Héctor
Sosa, Héctor Emilio
Sosa, Héctor Miguel Angel
Sosa, Luis Emilio
Sotomayor, Andrés Marino
Srur De Bosch, Beatriz Rosa
Stordeur, Carlos
Stramschak, Julieta M.
Sturzenegger, Blanca Elena
Suárez, Paulino Juan
Suárez, Ricardo Oscar
Suárez, Santiago Carlos
Sylvester, Lydia Inés
Taboada, Alberto
Tagliaferro, Marcela Claudia
Taglioretti, José Bernabé
Talamoni, Sonia I.
Tamburelli, Enrique R.
Tejerina, Rosendo Adrián
Telis, Alfredo
Terasi, Oscar E.
Terrone, Ángel
Tetamanti, Luis F.
Tipper, Enrique
Tisera, Teresa Concepción
Toledo, Roberto Gil
Tomasini, Julio Ismael
Torre, Horacio Raúl
Torre, Raúl Omar
Torrelio, Raúl Antonio
Torres, Elba Nora
Torres, Emilio Raúl
Torres, Enrique O.
Torrez, Julio Eduardo
Traglio, Antonio Gaspar
Tramonte Rocha, Vilma María
Tronceda, Eugenio Manuel
Tucci, Pablo Osvaldo
Tuma, María Belén
Tuñón, Antonio Oscar
Ullua, Héctor Luis
Valdes, Jorge Rogelio
Valenzuela, Alfredo V.
Valla, Héctor
Vallejos, Clementino
Vallini, Alberto
Van De Griendt, Jacobo Cornelio
Varela, José Héctor
Varela, Noemí
Vargas, Camilo Martín
Vázquez, Jorge Alberto
Vázquez, Policarpo Luis
Vázquez, Ramón Pedro
Vega, Roberto Nicolás
Vega, Rogelio Alberto
Vélez, Antonio
Veloso, Roberto Hugo
Venturino, María Isabel
Vera, Pablo Teodoro
Veri, Pascual Mario
Vernazza, Juan
Verón, Olindo Amado
Vicente, Alicia Liliana
Vicente, Belizario
Vico, Juan José
Victory, Héctor A. Néstor
Videla, Héctor Daniel
Viegas, Roberto Joaquín
Vilardo, Liliana
Vildoza, Jorge Ernesto
Villatoro, Andrés Reinaldo
Viñuales, Inés María
Windey, Juan José María
Zárate, Alicia Noemí
Zárate, Juan Luis David
Zarsa, Pacian
Zavaleta, Víctor Mariano
Zorzoli, Luis Alberto
Por Franco Mizrahi
Revista Veintitrés
"Nosotras buscamos a nuestros nietos, ellos a sus abuelos". Estela de Carlotto.
Ecos de un gran acto realizado en Madrid, por la “Red Argentino Europea por el Derecho a la Identidad”. El viernes 4 de junio, en Casa de América, la “Red Argentino Europea por el Derecho a la Identidad” coordinada por Martha Bello y Lila Parrondo, organizó una Jornada “Contra el olvido. Identidades buscadas, Identidades encontradas”. En el Auditorio, la sala de mayor aforo de Casa de América, parte del público asistente, tuvo que seguir el acto de pie, por haber superado la capacidad establecida.
La temática prevista era unir dos hechos desgraciadamente importantes que ocurrieron en Argentina y España. El robo de la identidad de miles de niños, que en ambos países ordenaron las dictaduras de turno y el intento de lograr la recuperación de la memoria de estas víctimas inocentes de la sin razón de gobiernos tiránicos..
El acto se dividió en dos partes. En “Identidades encontradas” participaron el sociólogo Francisco González de Tena y el abogado Carlos Slepoy, reconocido mundialmente por su lucha a favor de los Derechos Humanos. Lo hicieron también las organizadoras Parrondo y Bello.
En un breve intervalo pudieron admirarse obras concebidas sobre este tema de los escultores Andrés Montesanto y Rego Curten y "Ausencias", la muestra fotográfica de Gustavo Germano.
En la segunda parte, el tema elegido fue “Identidades encontradas” e hicieron uso de la palabra Estela de Carlotto, Presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Emilio Silva, Presidente de la Asociación para la recuperación de la memoria histórica de España y el poeta y escritor Marcos Ana.
Los dos procesos, aunque diferentes en los procedimientos y en el tiempo, tuvieron en común el obligar a miles de chicos a vivir con una identidad distinta a la suya, cambiada por la fuerza y la maldad.
Es curioso, dijo Estela Carlotto, “mientras nosotras buscamos a nuestros nietos, ustedes buscan a sus abuelos”.
Todos reconocieron la labor, pionera en el mundo, de las Abuelas de Plaza de Mayo que sirve de ejemplo en su lucha incesante. De hecho, a imitación de las rondas que las madres y abuelas realizaron en torno a la Pirámide de Mayo, Estela Carlotto asistió el jueves a la Puerta del Sol, lugar emblemática madrileño, donde se vienen desarrollando rondas de apoyo a la recuperación de la memoria histórica española.
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