La burocracia y la corrupción se instalaron en todas las estructuras de los organismos del Estado que existen para promover y custodiar la preservación del ambiente y de la biodiversidad, especialmente el bosque nativo chaqueño. Los desmontes y los aprovechamientos forestales terminaron por beneficiar a los barones de las topadoras y de las motosierras y, en menor medida pero de manera extraordinaria, a funcionarios y agentes burócratas y corruptos que aliados a la patria forestal y a la república sojera terminaron por estragar el ecosistema local.
Durante la gestión del ex gobernador Ángel Rozas se aceleró el festival desenfrenado de desmontes y aprovechamientos forestales, legales y clandestinos, casi siempre vinculados con el saqueo de las tierras fiscales. La devastación continuó durante la gobernación de Nikish porque a pesar de que dictara un decreto prohibiendo los desmontes, estos continuaron con intensidad en gran parte del territorio chaqueño, particularmente en el Departamento Maipú.
La matriz que se repite
Con la administración de Capitanich continua la matriz destructiva que suponen los aprovechamientos forestales y los desmontes. La actividad devastadora continua intacta. Los intereses forestales y agrícolas ganan la pulseada de la mano de las sociedades anónimas que integran funcionarios y técnicos. Las fiscalizaciones y las auditorias son absolutamente deficientes. La localización y el funcionamiento del sistema georeferencial aparenta una fiscalización que no es tal dado que se encuentra absolutamente cooptada, lo que finalmente determina el aumento de las explotaciones y de los desmontes, total todo se explica finalmente por los desbordes y por el pésimo funcionamiento de lo sede central de la Dirección de Bosques. La Dirección de Suelos sigue la misma suerte de auspicios y objetivos, hasta con la intervención de funcionarios en consultarías que dictaminan, de manera complaciente o permisiva, para que continúen el festival que arrasa la riqueza y la biodiversidad, cuyo frágil saldo actual está en vía de extinción. Mientras tanto, la provincia oculta información; sin embargo, tenemos un Chaco desmontado, con un bosque nativo muy frágil y muy lastimado, lo que ha producido una notable degradación socio-ambiental y profundos cambios climáticos que acusamos a la naturaleza sin atinar ha asumir las responsabilidades que derivan de nuestras propias acciones destructivas.
Los desmontes de cada día
El desmonte que encontramos corresponde al ex campo Alonso, ubicado en Pampa Regimiento, aproximadamente a 16 kilómetros de Avia Terai. La topadora que utilizaron operaba con silenciador y lo hacía de noche. En lo que aparentaba un deslinde, se desmontó 50 hectáreas. En un silvo-pastoril, se desmontaron aproximadamente 100 hectáreas para ser destinadas a la agricultura. Actualmente ya son chacras sembradas.
Los desmontes se produjeron en el curso de los meses de agosto y septiembre. Las imágenes son suficientemente reveladoras, a pesar de que no encontramos antecedentes que hayan autorizado los desmontes para deslinde y silvo-pastoril. Parece que todo fue y es ilegal, de manera que si existieron autorizaciones fueron totalmente desnaturalizadas porque todo desembocó en desmontes abiertos. Mientras tanto, los organismos del Estado continúan efectuando publicaciones a través de las cuales ponderan sus propias gestiones, en una suerte de estrategia alocada y desconcertante. Baten el parche mientras los barones de las topadoras y motosierras continúan avanzando y destrozando el ambiente y la biodiversidad. Todos o casi todos actúan con total y absoluta impunidad. El corolario se va a consumar con el traslado de la Dirección de Bosques a Sáenz Peña, que constituye el nicho donde operan los dirigentes forestales que son verdaderos depredadores ambientales, que se benefician con los esfuerzos de los trabajadores semi esclavos.
El segundo caso
El segundo desmonte lo encontramos en el Paraje Pampa Solís, en el campo que fuera de propiedad de los hermanos Dimitroff, como herederos de la sucesión de su padre. Vendieron el campo hace cinco años, aproximadamente.
Está ubicado a 20 kilómetros de Avia Terai. Se desmontaron muchas hectáreas; no pudimos precisar la extensión, aunque los testimonios recogidos señalan que la mitad del campo de 250 hectáreas fue desmontado y quemado. Cuando visitamos el lugar, la lluvia había apagado las cenizas.
El tercer caso
El tercer desmonte se produjo en el Paraje Tres Naciones. Se llevó adelante en el campo que fuera propiedad de Juan Paz, ubicado a 20 kilómetros de Tres Isletas. Los testimonios recogidos señalan que el campo de 200 hectáreas fue vendido hace un año y medio a una empresa paradigmática, vinculada con el anterior poder político, que fue comprando grandes extensiones de tierras en el Departamento Maipú y en El Impenetrable.
El desmonte comprendió 100 hectáreas. Trabajó un tractor grande con pala, aunque se vieron dos unidades más.
En el mes de octubre prendieron fuego a los restos forestales, que tomó los montes de algunos vecinos. Según los testimonios de los lugareños, a Enrique Rolón le quemaron 50 hectáreas, a Carlos Miño una franja de 10 hectáreas y a Luis Sajben le quemaron 5 hectáreas de monte.
Ciagro Campos
Ciagro Campos tiene tierras en Concepción del Bermejo y Los Frentones. Los suelos de la región son mayoritariamente clase IV, de manera que salvo ocasionalmente y con mucha rotación, no deben ser destinados a la agricultura, menos a la de carácter intensivo porque de lo contrario terminan siendo suelos inutilizables.
Entre los años 2001 y 2008 desmontaron poco más de 5000 hectáreas. En ese período se registraron cuatro permisos de desmontes, de 300 hectáreas en cada caso y un permiso silvo pastoril, también de 300 hectáreas.
Las imágenes satelitales del período mencionado son claramente reveladoras de la acelerada evolución de los desmontes clandestinos que se produjeron, que en la actualidad superan las 6000 hectáreas, ante la inercia o complacencia de los organismos de control, principalmente de alguno de sus funcionarios.
Provincias
Chaco: Los barones de las topadoras
El mapa del olvido
El trabajo no parece tan complicado. Alcanza con tomar un mapa de nuestro país, marcar con un fibrón las zonas más pobres, rastrear al olvido en toda esa geografía, y entonces daremos con las pestes que azotan a los que menos tienen.
El mapa del mal de Chagas ocupa la misma zona que el mapa de la pobreza. En la misma superficie se podrá encontrar tuberculosis, desnutrición, brucelosis… Todas las pestes están ahí. No hace falta un rastreo demasiado profundo, solo hay que buscar los cuerpos resquebrajados por la desidia, los que no ofrecen ninguna resistencia a las enfermedades.
"Antes había diversidad, ahora solamente soja y veneno”
Entrevista a Graciela Gómez, abogada y escribana especializada en Derecho Ambiental.
1 ¿Cómo y por qué empieza su lucha contra el uso del glifosato?
–Viajar a Rosario para cursar en la universidad me acercó al tema y a mis raíces. La impotencia de ver cómo le mienten a la gente me llevó a denunciar el engaño de la siembra directa, los transgénicos y los cócteles de plaguicidas que se usan.
Argentina - Chaco: Tobas, miseria sin fin
Prensa y televisión global vienen a mirar los estragos de la desnutrición que afecta a miles de aborígenes en los bosques que se conocen - ya impropiamente - como El Impenetrable. Mi colega y amiga Cristina Civale, autora del blog Civilización y Barbarie, del diario Clarín, me invita a acompañarla. No es la primera invitación que recibo, pero sí la primera que acepto. Rehusé viajar antes de las recientes elecciones, porque, obviamente, cualquier impresión escrita se habría interpretado como denuncia electoral. Y yo estoy convencido, desde hace mucho, de que la espantosa situación socioeconómica en que se encuentran los pueblos originarios del Chaco, y su vaciamiento sociocultural, no son mérito de un gobierno en particular de los últimos 30 o 40 años (los hubo civiles y militares; peronistas, procesistas y radicales) sino de todos ellos.
Primero nos detenemos en Sáenz Peña, la segunda ciudad del Chaco (90 mil habitantes), para una visita clandestina -no pedida ni autorizada- al Hospital Ramón Carrillo, el segundo más importante de esta provincia. Civale toma notas y entrevista a pacientes indígenas en las salas de Tisiología, mientras yo recorro los pasillos mojados bajo las infinitas goteras de los techos, y miro las paredes rotas, despintadas y sucias, los patios roñosos y un pozo negro abierto y rebalsando junto a la cocina.
Aunque el frente del hospital está recién pintado, detrás hay un basural a cielo abierto en medio de dos pabellones. Vidrios y muebles rotos, escombros, radiografías, cascotes y deshechos quirúrgicos enmarcan las salas donde los pacientes son sólo cuerpos chupados por enfermedades como la tuberculosis o el Chagas. Me impresiona la mucha gente que hay tirada en los pisos, no sé si son pacientes o familiares, lo mismo da.
Una hora después, en el camino hasta Juan José Castelli -población de 30 mil habitantes que se autocalifica "Portal del Impenetrable"- la desazón y la rabia se perfeccionan al observar lo que queda del otrora Chaco boscoso. Lo que fue imperio de quebrachos centenarios y fauna maravillosa, ahora son campos quemados, de suelo arenoso y desértico, con raigones por doquier esperando las topadoras que prepararán esta tierra para el festival de soja transgénica que asuela nuestro país.
Entramos -nuevamente por atrás- al Hospital de Castelli, que se supone atiende al 90 o 95 por ciento de los aborígenes de todo el Impenetrable. Lo que veo allí me golpea el pecho, las sienes, los huevos: por lo menos dos docenas de seres en condiciones definitivamente inhumanas. Parecen ex personas, apenas piel sobre huesos, cuerpos como los de los campos de concentración nazis.
Una mujer de 37 años que pesa menos de 30 kilos parece tener más de 70. No puede alzar los brazos, no entiende lo que se le pregunta. Cinco metros más allá una anciana (o eso parece) es apenas un montoncito de huesos sobre una cama desvencijada. El olor rancio es insoportable, las moscas gordas parecen ser lo único saludable, no hay médicos a la vista e impera un silencio espeso, pesado y acusador como el de los familiares que esperan junto a las camas, o tirados en el piso del pasillo, también aquí, sobre mantas mugrientas, quietos como quien espera a la Muerte, esa condenada que encima, aquí, se demora en venir.
Siento una furia nueva y creciente, una impotencia absoluta. Le pregunto a una joven enfermera que limpia un aparador vidriado si siempre es así. "Siempre", responde irguiéndose con un trapo sucio en la mano, "aunque últimamente han sacado muchos, desde que empezó a venir la tele".
Es flaquita y tiene cara de buena gente: se le ve más resignación que resentimiento. Son 44 enfermeros en todo el hospital pero no alcanzan para los tres turnos. Trabajan ocho horas diarias cinco días por semana y cobran alrededor de mil pesos los universitarios, y menos de 600 los contratados, como ella.. Los días de lluvia los techos se llueven y esto es un infierno, dice y señala los machimbres podridos y los pozos negros saturados que revientan de mierda en baños y patios. Y todo se lava con agua, nomás, porque "no tenemos lavandina".
Camino por otro pasillo y llego a Obstetricia y Pediatría. Allí todos son tobas. Una chiquilla llora ante su hijo, un saquito de huesos morenos con dos ojos enormes que duele mirar. Otra joven dice que no sabe qué tiene su nena pero no quiere que muera, aunque es obvio que se está muriendo. Hay una veintena de camas en el sector y en todas lo mismo: desnutrición extrema, mugre en las sábanas, miles de moscas, desolación y miedo en las miradas.
Después viajamos otra hora y el cuadro se hace más y más grotesco. Paramos en Fortín Lavalle, Villa Río Bermejito, las tierras allende el Puente La Sirena, los parajes El Colchón, El Espinillo y varios más. Son decenas de ranchos de barro y paja, taperas infames donde se hacinan familias de la etnia Qom (tobas). Todas, sin excepción, en condiciones infrahumanas.
Digan lo que digan, estas tierras -más de tres millones de hectáreas- fueron vendidas con los aborígenes dentro. Son varios miles y están ahí desde siempre, pero no tienen títulos, papeles, ni saben cómo conseguirlos. Los amigos del poder sí los tienen, y los hacen valer. El resultado es la devastación del Impenetrable: cuando el bosque se tala, las especies animales desaparecen, se extinguen. Los seres humanos también.
Y aunque algunas buenas almas urbanas digan lo contrario, y se escandalicen ciertas dirigencias, en el ahora ex Impenetrable chaqueño palabras duras como exterminio o genocidio tienen vigencia.
Desfilan ante nuestros ojos enfermos de tuberculosis, Chagas, lesmaniasis, niños empiojados que sólo han comido harina mojada en agua, rodeados de perros flacos, huesudos y ojerosos como sus dueños. Se llaman Margarita, Nazario, Abraham, María y lo mismo da. Casi todos dicen ser evangelistas, de la Asamblea de Dios, de la Iglesia Universal, de "los pentecostales" o "los anglicanos".
Involuntariamente irónico, evoco a Yupanqui: "Por aquí, Dios no pasó".
Al caer la tarde estoy quebrado, roto, y sólo atino a borronear estos apuntes, indignado, consciente de su inutilidad. Al partir de regreso veo en un caserío un cartel deshilachado por el sol: "Con la fuerza de Rozas, vote lista 651"
Y en la pared de un rancho de barro, seguramente infestada de vinchucas, veo un corazón rojo como el de los pastores mediáticos brasileños de "Pare de sufrir". Abajo dice: "Chaco merece más. Vote Capitanich".
A unos 400 kilómetros de aquí el escrutinio final de las elecciones avanza lenta, nerviosamente. En alguna oficina el ministro de Salud de esta provincia seguirá negando todo esto, mientras el gobernador se prepara para ser senador y vivir en Buenos Aires, bien lejos de aquí, como casi todos los legisladores.
¡Nunca antes, el Chaco ni este país me habían dolido tanto.!!!
Población de Catamarca y Tucumán expuesta al uranio
Por primera vez en quince años, una voz oficial y cómplice de las mineras, el SEGEMAR, también reconoce la presencia de decenas de minerales que transporta el mineraloducto, información celosamente silenciada ante la ciudadanía y ante la AFIP, en el momento de su exportación. Entre ellos, la existencia de Uranio y Torio, ambos radioactivos, en alto grado.