BOLETÍN ARGENTINO

Primer Boletín de Noticias de los Argentinos en el mundo - Director: Osvaldo Parrondo - Contacto: oparrondo@boletinargentino.com

Jueves, 17 de mayo de 2012

IMPRESIONES DE BUENOS AIRES

Hola Osvaldo: Acá estoy en la Reina del Plata, despues de cinco años de ausencia física.  Hasta los huesos calados y helados, que diría Cadícamo, pero con el corazón abrasado por el calor del Festival de Tango y esas tardecitas de Buenos Aires, ¿viste?

Ya sabés que al principio, yo que soy del Sur de la ciudad, me desmorono al ver las calles definitivamente abandonadas por la Municipalidad, las veredas con pozos de todo calibre, las plazas libradas a su suerte, los árboles ralos por el invierno, pero también por la falta de cuidados. Lo malo es cuando descubro que en el Centro de la ciudad, en los alrededores del Obelisco, la geografía y el paisaje muestran la misma degradación urbanística y las aceras se convierten en una trampa provocadora de esguinces de todo tipo.
Los cables cuelgan por todas partes, el viento juega con ellos, los desguaza, y a la caída del palidísimo sol -¡que invierno!, las calles se convierten en un vaciadero monumental.
Desde mi ventana de Uruguay, esquina Corrientes, veo las montañas de papel desordenadas que se desparraman en todas direcciones y hasta mediar la mañana siguiente nadie es responsable de toda la basura que inunda la zona.
Hay colas para todo. Al principio me extrañaban. Un día pregunté a una de las personas que aguantaban pacientemente pese al frío patagónico que nos dejaba una sensación térmica de cero grado, ¿para qué era esa fila? Y me respondió que era para un concierto de no sé quien. El Teatro San Martín está vallado por obras interminables, al igual que el Colón.
Ves pasar y aparcar camiones enormes a toda hora del día en pleno centro, cosas que nos llaman la atención, por falta de costumbre nuestra más que nada. Como la altura del estribo de los colectivos  -muy mejoradas en general las flotas de los mismos- que te obliga a pegar un salto muy peligroso para el físico de los pasajeros de cierta edad. Tienen una distancia cercana a los 40 centímetros respecto del suelo y supongo que están pensados para la cercanía con la vereda, pero ya sabemos que por lo general eso casi nunca sucede y el salto hacia abajo puede repercutir dañosamente en la osamenta.
Te aclaro que si salís a zonas como Recoleta, Palermo, Belgrano o Caballito, por ejemplo,  la escenografía y el paisaje cambian radicalmente. Hay otro orden, limpieza y mucha mejora edilicia. El contraste con Barracas, la Boca, Parque Patricios, Pompeya o Boedo es brutal.
Es también cierto que el subte ha mejorado, se va extendiendo la red y llegando a zonas donde antes no existía. Y en el rubro positivo, veo muy animados los restaurantes, las cafeterías, teatros, cines y especialmente las milongas con una alta concentración de turistas, destacándose los japoneses, italianos y brasileños. El tango tiene un efecto llamador y las milongas están a full.
Me llamó mucho la atención la cantidad de muchachos jóvenes con un instrumento musical a cuestas por las calles, como si se viviera una gran efervescencia por la música, estilo años cuarenta. Igual que los teatros aficionados que te dejan invitaciones y se paga “a la gorra”. En ese sentido hay un bullicio notable.
Las pizzerías despachan material a rolete. Comer pizza de parado en Guerrín con moscato, a cualquier hora, es lo habitual y la concentración, sobre todo de gente joven,  que dialoga mientras se mandan la pizza deja una sensación de apego a viejas costumbres renovadas. Mientras te tomás un feca dialogando con un amigo, desfilan interminables vendedores de chucherías que te dejan la merca en la mesa y si no comprás la levantan y se van sin decir ni parola.
En televisión ves fútbol permanentemente.
En la Costanera Sur, cerca de Puerto Madero hay cualquier cantidad de puestos de comidas, especialmente de carne y choripanes, así como mercadillos de cosas típicas y de bajo precio. El Once sigue siendo un atolladero de gente que concurre a comprar. Mayoritariamente de comerciantes del Interior que apilan el material en grandes bolsas. Se ve un movimiento nervioso permanente y te asombra observar camiones gigantescos estacionados en las inmediaciones o antiguos colectivos con las ventanas tapiadas en los que cargan la mercadería hacia distintos rumbos. No me sentiría muy tranquilo de encontrarme con semejantes paquidermos rodantes en alguna ruta. Algunos están hechos bolsa y uno no se explica cómo pueden arrancar semejantes antiguallas.
Si te toca bajar por Pueyrredón una noche cerca de Corrientes verás en las cercanías de la estación de tren de Plaza Once, puestos callejeros apiñados uno al lado del otro, soportando el fío y la lluvia durante las 24 horas vendiendo baratijas y prendas ordinarias. Pese a todo este panorama que sorprende al que arriba de otras playas, te alegra el espíritu el trato con la gente. Por lo general son muy amables, si sabés gambetear los temas políticos en los que algunos quieren introducirte, especialmente los taxistas. En ese sentido son casi todos muy extremistas. Negro o blanco, rojo o azul, no hay términos medios. Pero también he notado bastante ingenuidad y desinformación. Como asimismo bastante corrección y saber estar en periodistas o tertulianos que debaten en televisión sin la grosería que advertimos en España cuando nadie deja hablar a nadie.
Bueno, te largo porque tengo que salir corriendo al Festival de Tango. Una pasada. Como final te digo que tenemos infinidad de problemas y defectos, -municipales, ojo-,  pero que sigo amando a esta ciudad hasta la médula. ¿Qué querés Osvaldo si soy de Parque Patricios?

José María Otero