BOLETÍN ARGENTINO

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Jueves, 17 de mayo de 2012

La muerte de Néstor Kirchner

Su fallecimiento súbito fue tan sorprendente como su aparición en la escena política nacional luego de haber sido Intendente de Río Gallegos y Gobernador de la despoblada provincia de Santa Cruz. El 54º Presidente de Argentina, dirigió los destinos del país desde el 25 de mayo de 2003 al 10 de diciembre de 2007. Seguramente, ahora los comentarios sobre su personalidad y su accionar político tendrán ese grado de benevolencia que mostramos los humanos a la hora de los obituarios, aunque en vida haya desatado muchas pasiones más extremas en su contra.

Nacido el 25 de febrero de 1950, Néstor Carlos Kirchner Ostoic, abogado de profesión de raíces alemanas y croatas, llegó al poder con un raquítico porcentaje de votos (el 22 %) y mediante la deserción de Carlos Menem que previó su derrota en segunda convocatoria. El país venía de desastre en desastre, De la Rúa había renunciado, el poder provisional fue pasando de mano en mano (Puerta, Rodríguez Sáa, Puerta, Duhalde), se había decretado el corralito, la gente bramaba en la puerta de los Bancos reclamando su dinero, Rodríguez Sáa había proclamado el default. Y Duhalde, que en binomio con Palito Ortega había perdido las elecciones frente a De la Rúa, le dio su respaldo al desconocido Kirchner, cobrándose viejas deudas con Menem y aprovechando su control sobre el aparato bonaerense del Partido Justicialista.

Cuando analizamos las actuaciones de los políticos y su paso por la Presidencia de Argentina, deberíamos ser siempre cuidadosos y ubicarlos dentro de las coordenadas de su momento histórico. Del que le tocó vivir. La gente hacía colas en la puerta de la Embajada española o italiana para poder irse del país, la corrupción era insoportable, había enfrentamientos constantes, paros gremiales y numerosos muertos en choques de grupos armados. Cavallo había conseguido endeudar más al país con los gobiernos ultraliberales de Menem y De la Rúa y en este panorama desolador y caótico, asomó la figura del nuevo presidente que llegaba sin apoyo popular, lo que debilitaba aún notoriamente su figura. Kirchner buscó la “transversalidad política” en un principio, tratando de pactar con gobernadores y político de distinto signo, -con el mendocino Cobos, el tiro le saldría por la culata-, y buscando ampliar su margen de consenso. Y cuando fue afianzando su poder se recostaría nuevamente en el Partido Jusaticialista, del cual emergería como Presidente.

Cuatro años son muy pocos para poder plasmar un proyecto de futuro y enderezar un país que hacía agua por todos lados, que había visto rematar sus bienes grosera y graciosamente durante el mandato de Menem, que estaba manejado por mafias,  pero los resultados están a la vista.
El desendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional, en un solo pago, mostró a un gobernante lúcido y con un proyecto entre manos para lograr la estabilidad de Argentina, donde los papelitos sustituían al dinero oficial y los canjes se instalaban en todas las provincias para sobrellevar el desorden y el caos social. La derogación de las vergonzosas leyes de Punto Final y Obediencia debida y los indultos que garantizaban por entonces la absolución a los criminales de la dictadura sangrienta de los setenta, fue un logro que con los años será visto como ejemplar en el mundo entero.

La ceremonia simbólica de obligar a descolgar los cuadros de los dictadores Videla y Bignone del Colegio Militar mereció los plácemes del pueblo y de la racionalidad general. Entre sus primeras medidas como Jefe de Gobierno decretó el pase a retiro de la mitad de los generales y almirantes, procedió a una purga impresionante en la corrupta Policía Federal y especialmente en la Provincia de Buenos Aires, donde fueron cesanteados más de mil agentes y cargos superiores, de la que Duhalde afirmaba ser “la mejor del mundo”. La impagable deuda de 144.400 millones de dólares que heredó, gran parte de la cual era espúrea lo llevó a pelear con los acreedores del Estado argentino -que pasaron a ser sus grandes enemigos-, reclamando una rebaja importante de la misma. En su recorrido por distintos países tuvo un encontronazo muy fuerte con los empresarios españoles en Madrid a quienes les reclamó su falta de solidaridad con el país por sus reembolsos millonarios, la falta de inversiones y el ingreso “oscuro” al mercado, durante el mandato de Menem. Frontal, combativo, mitinero, polémico, confrontativo,  Kirchner demostró ser un político de raza, decidido a terminar con las desigualdades históricas y la miseria de un amplio sector de la población. Cuando entendió que estaba atado de manos al clientelismo histórico, escapó del “ala protectora” de Duhalde, y debió reforzar su margen de maniobra pactando con sindicatos y gobernadores aliados y en muchos casos, ganando poder pero a costa de perder prestigio.
El hecho de que el Mercado lo considerase un “populista”, término que involucra a los rebeldes que no se someten a las reglas del ultraliberalismo, indica que eligió el camino correcto, como el de liderar el MERCOSUR y establecer lazos fuerte con líderes sudamericanos, lo que redundó en la solidaridad y unión de los pueblos contra el Imperialismo.. No cabe duda alguna que su figura se robusteció al haber logrado la recuperación política y económica de Argentina tras la brutal crisis de 2002 y convertirse en el hombre más poderoso del país, cediendo luego el mando a su esposa Cristina que ganó las elecciones con abrumadora mayoría.
Para entender mejor su legado, extraemos algunos párrafos de su discurso ante la Asamblea Legislativa en la apertura de las 123• sesiones del Congreso:“Se acabó el tiempo en que sólo los recursos naturales, la fuerza de trabajo y el capital eran los únicos factores dinámicos capaces de encabezar los modelos de desarrollo. Hoy el principal capital que poseen las naciones es la capacidad de sus habitantes, el nivel educativo, cultural y científico de su gente volcado a los procesos productivos.
Frente a los modelos neoliberales que empujaron al país a desarrollar un modelo de “competitividad espuria” basado en la superexplotación de su mano de obra, el deterioro de los recursos naturales y la especulación financiera, es necesario proponer un modelo de “competitividad genuina” cuyo sustento principal es la capacidad de agregar valor a nuestra producción a través del desarrollo científico tecnológico y la más alta calificación del trabajo de nuestro pueblo.
El nuevo orden internacional nos muestra que aquellos países que manejan las nuevas tecnologías aplicadas a la información y la producción son los que están en condiciones de liderar el avance de la humanidad y de producir más riquezas para distribuir entre sus habitantes. Los argentinos estamos en condiciones de poner toda nuestra energía, aún la de aquellos que hoy la dedican sólo a pelear o a destruir o criticar lo que otros hacen, en esa construcción.
Dotemos nuevamente al Estado de las neuronas que le sacaron, trabajemos fuertemente para lograr nuestros sueños, construyamos un modelo educativo acorde a los tiempos y, sobre todo, confiemos en nuestras propias fuerzas.
Estamos superando obstáculos que parecían insalvables. Nadie, o muy pocos, creían que seríamos capaces de lograrlo y sin embargo lo estamos logrando.
No van a poder con esto o con aquello nos decían. No podrán con aquello otro, nos dicen.
Es que al lado de la Argentina que se permite soñar y trabajar todos los días, hay otra Argentina que trata de tirar para atrás, que apuesta al fracaso casi en un ejercicio de autodestrucción.
No vamos a aflojar. Este corto tiempo que llevamos de gobierno prueba eso. Los millones de esfuerzos individuales de los argentinos que todos los días se levantan, prueba eso. ¡Claro que se puede, sí se puede, sí que se puede!
Si somos nosotros mismos, si defendemos nuestras ideas, si defendemos nuestros sueños, nuestras convicciones, si nos paramos con dignidad frente a los problemas, se pude. No tengan ninguna duda que se puede.
Cuando se llega a la responsabilidad que hoy me toca ostentar, no se puede estar en especulaciones de corto nivel histórico.
En esta alta responsabilidad que me dio el pueblo argentino, no tengo ningún problema en asumir todos los costos que sean necesarios para ir construyendo un país con equidad, con justicia, con moral y con dignidad.
No hay nadie que tenga la verdad absoluta, pero también es cierto que es hora de que en la Argentina de hoy asuman y sepan asumir sus responsabilidades aquellos que nos llevaron a una situación límite, que uno ve cuando recorre la patria. Millones de pobres que quedaron de la mano de dirigentes con discursos vacíos hablando de los pobres y la riqueza nacional adentro de la patria y entregándolos a las mesas internacionales.
Nosotros no vinimos a hacer el doble discurso; lo que decimos dentro de nuestra patria, lo decimos afuera. No buscamos quedar bien afuera y quedar bien adentro y tener un discurso absolutamente equívoco en los dos lados.
Por eso, señores legisladores, la patria requiere de mucha decisión de todos, requiere que nos actualicemos también, requiere que pensemos la Argentina con absoluta pluralidad. Pero también requiere que cada uno de nosotros, empezando por quien es presidente de la Nación, permanentemente tenga la capacidad de autocrítica y sepa mirarse hacia adentro.
Yo creo que hay muchos que nunca lo han hecho, también digo que lo hagan, se los quiero decir con absoluta sinceridad. (Aplausos)
Cuando se hable de estos años, la Argentina no llegó por casualidad a la situación explosiva de 2001, cuando parecía que la patria nos explotaba en la mano. No llegamos por casualidad a la cantidad de excluidos y marginados que tuvo y que tiene la Argentina aún; no llegamos por casualidad al endeudamiento externo; no llegamos por casualidad a las situaciones límite innumerables que todos ustedes conocen.
Argentinos y argentinas: tenemos que hacer y muchos se tienen que mirar absolutamente para adentro, porque los argentinos tienen memoria y los argentinos estoy seguro que en esta etapa de la historia, en forma plural y solidaria van a refundar el nuevo tiempo alternativo de la Nación”.
La historia lo juzgará. Nosotros le decimos: Descanse en paz.