BOLETÍN ARGENTINO

Primer Boletín de Noticias de los Argentinos en el mundo - Director: Osvaldo Parrondo - Contacto: oparrondo@boletinargentino.com

Jueves, 17 de mayo de 2012

El periodismo argentino hace 100 años

¿Cuáles eran los diarios más importantes en el Centenario?  ¿Cómo eran los hábitos periodísticos de la época?  "Diario sobre Diarios" (DsD) presenta un texto sobre el periodismo a 100 años de la Revolución de Mayo para analizarlo una centuria después.
"La Prensa" era el diario argentino más importante para los Estados Unidos. Mark Twain publicaba en "La Nación". Los diarios que surgían al calor de los proyectos políticos. Por qué en Rosario se fundó un diario con el nombre de “La Capital” y en Bahía Blanca otro como “La Nueva Provincia”. Una lectura sobre un período de la historia del periodismo, que es también la historia de la Argentina.

Mucho se ha escrito sobre el origen del periodismo argentino, aquel 7 de junio de 1810 cuando "La Gazeta de Buenos Ayres" vio la luz de la mano de su director Mariano Moreno, como órgano de la Junta gobernante que surgió de la Revolución del 25 de Mayo de ese año. Se sabe también que ese 7 de junio fue elegido como fecha simbólica del primer diario patrio, puesto que antes de la Gazeta hubo otro periódico: "el Telégrafo Mercantil", fundado por Cabello y Mesa en cuyas páginas escribían, entre otros, Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

Sin embargo, hay un período menos conocido sobre el periodismo argentino: el del Centenario de mayo de 1910. Existe una enorme variedad de textos referidos a ese hito. Algunos recuerdam cómo se las ingeniaron las autoridades de entonces para festejar el centenario mostrando la opulencia porteña y ocultando de los festejos y miradas de los invitados internacionales a pobres y marginados que ya se reunían en las orillas de la ciudad. Sin embargo, no se conocen estudios específicos sobre la prensa de la época.

Diario sobre Diarios (DsD) rescata aquí el único trabajo que se ocupa puntualmente del aspecto periodístico de esa etapa. Se trata del artículo de Enrique Mario Mayochi titulado “El periodismo argentino del Centenario 1901- 1916” del que se transcriben algunos fragmentos. El texto no se encuentra en la web, por lo cual DsD lo acerca ahora a aquellos lectores que quieran saber más sobre este período.

Mayochi es periodista e historiador, nacido en Buenos Aires el 29 de junio de 1928. Fue subdirector del diario "El Pueblo" y tuvo una extensa trayectoria en " La Nación". Es miembro de la Academia Nacional del Periodismo, fue galardonado con el premio Manuel Belgrano a la “Ética y Consagración al Periodismo” y es un estudioso de la historia de la profesión. Entre otras obras, se pueden mencionar: “El periodismo de la Revolución de Mayo”, “El periodismo porteño durante la presidencia de Avellaneda”, “Belgrano periodista”, “Carlos Pellegrini periodista” y el que aquí se presentan algunos fragmentos.

Asi eran los periodistas: cultos, defensores de ideas e irónicos

Cuenta Mayochi en su obra que “en el inicio del siglo XX, prolongando lo que ya era tradición, el periodista era un hombre culto, nada superficial, responsable de sus dichos, defensor de ideas y de posiciones políticas por convicción, irónico casi siempre, incorrompible y dotado de un agudo sentido humorístico”.

Y agrega que “de los argentinos que habían sido a la vez hombres de prensa y presidentes de la Nación, aún vivían Bartolomé Mitre, Carlos Pellegrini y Manuel Quintana, mientras que junto a ellos fatigaban la pluma y llenaban cuartillas quienes ocupaban lugares de privilegio en las aulas universitarias o en los despachos ministeriales, como Joaquín V. González y Estanislao Severo Zeballos. Seguía siendo periodista Paul Groussac, de nombradía como director de la Biblioteca Nacional. Si bien otros nombres irán surgiendo a lo largo de este ensayo, corresponde apresurarse a decir que por entonces compartían la faena periodística con la creación literaria escritores, prosistas y poetas de primera magnitud, como Roberto J. Payró y Leopoldo Lugones. Junto a José Camilo Paz, uno de los grandes fundadores del periodismo moderno, también vivía el comienzo del siglo el joven Enrique Julio, quien acababa de crear un diario promovedor desde las puertas de la Patagonia un rediseño del mapa político de la República. Del fundador del diario más antiguo subsistente, Ovidio Lagos, quedaba sólo su memoria porque había fallecido en 1891”.

Asegura que “nuevos nombres se irían agregando a la que ya era una extensa lista, aunque por entonces no gozaban de la fama que alcanzarían después. Nos referimos a Constancio C. Vigil y a Alberto Haynes, creadores en pocos años más de empresas periodísticas de trascendencia continental”.

Tres grandes diarios porteños: "La Prensa", "La Nación" y "El Diario"

Según Mayochi, “en 1901, La Prensa, La Nación y El Diario, ya con décadas de existencia eran los tres diarios más importantes de los editados en la ciudad de Buenos Aires”.

Reseña que La Prensa fue “fundado el 18 de octubre de 1868 como vespertino por José Camilo Paz, de 27 años de edad, e impreso en un modesto taller sito en la calle Moreno casi esquina Bolívar, mereció de otro diario porteño este lapidario saludo: ‘…periodiquín y diarejo sin importancia ni mérito’. Así parecía serlo porque no pasaban de una hoja sus 3.000 ejemplares iniciales”.

Sin embargo, “casi treinta años corridos, en 1898, La Prensa inauguraba a la vez su imponente edificio en la todavía flamante Avenida de Mayo y una poderosa impresora rotativa. Con ésta, el diario de Paz imprimiría en 1901 y por jornada 125.000 ejemplares, que llegaban hasta los Estados Unidos, donde se lo consideraba, como seguiría siendo así por mucho tiempo, el más importante diario argentino”.

Según el autor, el diario había “nacido con carácter apartidario, había afirmado en el primer número que su credo consistía en ‘la independencia, el respeto al hombre privado, el ataque razonado al hombre público y no a la personalidad individual’. Más adelante, el hijo del fundador y codirector Ezequiel P. Paz proclamaría como pauta de acción un principio enunciado por el periodista norteamericano Walter Williams: ‘Nadie debe escribir como periodista lo que no puede sostener como caballero’. Al igual que las siguientes décadas, se destacaba por ser un diario de lenguaje recio, afirmaciones rotundas, cerrada defensa del liberalismo económico y oposición a las reivindicaciones sociales”.

Asegura Mayochi que “no siempre resultaba predecible la posición que asumiría en lo político y en lo social. Así, si por una parte apoyó los proyectos de reforma electoral propugnados por el presidente Roque Sáenz Peña, por la otra criticaría acerbamente a la Unión Cívica Radical –y en particular a Hipólito Yrigoyen, su caudillo-, cuyo triunfo comicial sería la lógica consecuencia del sufragio popular garantizado”.

En cuanto a La Nación, el trabajo recuerda que “el 26 de junio de 1901, al cumplir Mitre ochenta años de edad, su diario frizaba en los treinta uno. Los 1.000 ejemplares de 4 páginas cada uno publicados el 4 de enero de 1870 se habían multiplicado cerca de cien veces y constaban de cuatro hojas”.

Asegura que “la redacción y el taller gráfico habían pasado de la casa familiar de don Bartolo, ahora museo, al edificio lindero inaugurado en 1886 y posteriormente ampliado. Si bien el fundador seguía siendo su orientador, el diario era dirigido desde 1894 por su hijo Emilio, ingeniero con decidida vocación periodística y política, así como líder del Partido Republicano, sucesor del Nacionalista o Constitucional y de una fracción de la Unión Cívica”.

“Por esto, La Nación fue el diario orientador de los mitristas, cuyo número era todavía importante en la provincia de Buenos Aires y en Corrientes. Así lo sería hasta 1909, en que, tras la muerte de Emilio Mitre, se declaró independiente de todo partido político. La empresa editorial, ya constituida en sociedad anónima de familia, pasó a ser dirigida por Jorge Adolfo Mitre, nieto del fundador y gran renovador de las formas periodísticas vigentes hasta entonces en el país”, asegura.

El autor asegura que “el diario brindaba desde 1877 una amplia información internacional, suministrada por la agencia Havas, y ‘una segunda mirada’ enviada por corresponsales exclusivos. El primero en Europa fue el político español Emilio Castelar y en América se contaría, entre otros, con Rubén Darío y José Martí, aquel en Chile y éste en los Estados Unidos”.

Sin embargo, la “gran innovación” se dio en 1901 con “la incorporación de linotipos, progreso técnico importante pero peligroso para los más de 400 tipógrafos que no sabían manejarlas y a los que en pocos años desplazarían totalmente, con la consiguiente falta de trabajo para ellos. Para aliviar el posible infortunio de los excluidos, se puso en marcha por más de dos décadas la edición de libros clásicos o de reciente creación, originándose así una colección de más de 850 volúmenes”.

Mas adelante, en 1906, año de la muerte de Mitre, “el diario tenía entre 16 y 24 páginas, en las que las notas editoriales y las informaciones se alternaban con artículos de escritores extranjeros de gran prestigio, como Miguel de Unamuno, Emilia Pardo Bazán, Edmundo de Amicis, León Tolstoi y Mark Twain, entre otros. Mención aparte merecen los voluminosos suplementos publicados en 1910 y 1916, con motivo de cumplirse, respectivamente, el centenario de la Revolución de Mayo y la Declaración de la Independencia. En aquel aparecieron ensayos de gran valor, como ‘El juicio del siglo’, de Joaquín V. González, y una historia económica del país escrita por José Antonio Terry. La poesía estuvo representada por trascendentes creaciones de Rubén Darío y Leopoldo Lugones”.

Mayochi asegura: “Definido por su fundador como ‘una tribuna de doctrina’ el diario de los Mitre dio en todo momento su juicio sobre los grandes temas nacionales. Así, se opuso en 1901 al proyecto de Pellegrini para consolidar la deuda externa y al año siguiente trató de convencer a la opinión pública para que dejase de lado todo otro reclamo tras conocerse, lo que ocurriría en breve, el fallo arbitral que el monarca británico Eduardo VII debería dar sobre cuestiones limítrofes con Chile”. Y afirma que “en esta ocasión, el diario enfrentó a los que apoyaban la postura belicista del diario La Prensa y de Estanislao S. Zeballos, su jefe de redacción. La Nación perdió más de 4.000 suscriptores y debió defender su edificio de posibles ataques intentados por manifestaciones callejeras”.

También asegura que “en tres momentos distintos se opuso a la reforma electoral alentada por el presidente Roque Sáenz Peña, apoyó en 1916 la candidatura presidencial de Lisandro de la Torre y criticó constantemente a Hipólito Yrigoyen y a la Unión Cívica Radical, a los que enrostraba carecer de programa de gobierno”.

Por último, se aboca al matutino El Diario, del que afirma que “el 4 de septiembre de 1881, Manuel Láinez puso en circulación el primer número de El Diario, inicialmente matutino y después vespertino, cuya existencia se prolongaría por más de medio siglo”. Asegura que “fue la primera hoja periodística que vio la luz en Buenos Aires tras la revolución del ’80 –para algunos sólo el alzamiento del gobernador Tejedor- y de la federalización de la ciudad vencida”.

Para Mayochi, “Láinez –que se había iniciado como periodista en La Tribuna, el diario de los Varela- buscó para su diario características tan propias como para diferenciarlo netamente de La Prensa y de La Nación. Por esto, le dio mucha importancia a la información política –con más de rumor y trascendido que de crónica- y a las noticias de carácter social, tratando de hacerlo siempre con un estilo llano, directo y humorístico”.

Comenta asimismo que “tras ser elegido senador nacional, Láinez hizo de su diario el medio más apto para lograr el voto de los legisladores en favor de un proyecto de su autoría: permitir al Consejo Nacional de Educación, que hasta entonces sólo podía hacerlo en la Capital y en los territorios, crear escuelas en las provincias a pedido de éstas, para acabar así con el régimen de subsidios, que aquellas recibían de la Nación para sostener la educación pública y que en muchos casos destinaban a otros fines. La ley fue votada en 1905 y llevó el número 4.874, aunque en adelante se la conocería con el nombre de su autor: ley Láinez”.

El Diario contó con “colaboradores prestigiosos”, como “Osvaldo Magnasco, Carlos Olivera, los hermanos García Merou y Francisco Barroetaveña, el recordado denostador de los jóvenes que rodeaban al presidente Juárez Celman”.

Manuel Láinez dirigió el diario hasta su deceso, ocurrido en 1924.


Surgen dos colosos vespertinos: "Crítica" y "La Razon"

En otro pasaje, el artículo aborda la importancia que tuvieron dos diarios vespertinos de aquella época. El primero fue La Razón que “su origen hay que buscarlo en la decisión tomada en 1902 por cuarenta diputados nacionales nucleados en el Centro Liberal tras ser rechazado, por un voto de diferencia, un proyecto de ley de divorcio matrimonial absoluto”. El autor afirma que “según parece, el propósito era enfrentar periodísticamente a los que ellos denominaban clericales, ya fuesen sacerdotes o laicos. Si tal resolución existió, lo cierto es que lo acordado se demoró hasta el 1º de marzo de 1905, día en que apareció el vespertino La Razón, fundado y dirigido por Emilio B. Morales, hasta entonces cronista policial de Tribuna. La falta de financiación hizo que poco después dejase el diario a José A. Cortejarena, quien llegó a imprimir tres ediciones diarias (3ª, 4ª y 5ª) con ‘noticias frescas y objetivas’. Quizá con algo de exageración, en 1913 La Razón decía tener una tirada diaria de 80.000 ejemplares”.

Mayochi asegura que “poco a poco, el diario fue abandonando su sensacionalismo inicial –en 1906 había promovido una campaña contra un sacerdote falsamente denunciado- y se afirmó merced a una caudalosa información bien presentada y de tono moderado. Cortejarena falleció en 1921 y lo sucedieron Ángel Sojo y Gaspar Cornille”.

El otro vespertino de peso fue el mítico Crítica. Según el autor, “también con tres ediciones diarias el 15 de julio de 1913 comenzó a editarse el vespertino Crítica, fundado por el periodista oriental Natalio Botana, proclive al anarquismo y antes redactor de La Razón y Última Hora. En el primer número se presentó como ‘Diario ilustrado de la noche, impersonal e independiente’”. Consigna que “al iniciarse en 1914 la Gran Guerra trató de diferenciarse de los otros diarios por hacer de la lucha bélica el eje de su información y atacar permanentemente al Imperio Alemán y, en particular, a sus simpatizantes criollos. En orden a la política local, se mostraba proclive al conservadurismo liderado por Marcelino Ugarte”.

¿Cómo era Crítica al menos la de los primeros tiempos? El texto asegura que el diario de Botana “dio lugar a un nuevo género periodístico: el periodismo popular, que, apartándose de cualquier rasgo solemne, rinde por el contrario permanente culto a las formas amenas, atrevidas y libres de comunicación, y es en muchos casos tributaria de los modelos técnicos de la ‘yellow press’ norteamericana de Pulitzer y Hearst”. Asegura que “carece de una línea programática, a fin de manejarse con mayor comodidad frente a cada coyuntura particular; selecciona cuidadosamente el nivel profesional de los periodistas que garanticen ‘un tono y un lenguaje de seguro impacto’, y se propone marcar sus páginas en una franja de intereses ‘populares’, haciendo ‘uso y abuso’ de la referida veta sensacionalista o amarilla del periodismo, con predilección por las noticias policiales (…) otorgando también a la invención de noticias un ‘lugar destacable’. A tan severo juicio, agrega este otro: “se puede afirmar que el director de Crítica fue un innovador en la materia y no se puede negar que en muchos casos cimentó las bases del periodismo moderno”.

Mayochi comenta que “superadas las dificultades financieras iniciales, Botana logró afirmar su diario en el gusto de muchos lectores, lo que determinó que las tiradas diarias fuesen cada vez más opulentas, llegándose en algunos casos, según se afirma, al millón de ejemplares”.

Otros dos vespertinos también merecen una breve mención en el artículo:" “Ultima Hora", fundado en 1908 por el periodista Adolfo Rothkoff, a quien sucedió Camilo Villagra. Su lema fue ‘Ríe de todo lo ridículo. Dice lo que todos callan’ y se singularizó por incorporar la sátira y el humor gráfico a la crónica política, como también, a la crónica policial voces lunfardas. Auspició la creación de la primera escuela periodística que hubo en el país”.

Mientras que “Emilio B. Morales fue nuevamente fundador al lanzar el 16 de agosto de 1912 el diario "La Tarde", el que al año siguiente cedió a Juan B. Clara. No tuvo vida prolongada”.

El autor también da cuenta de “dos diarios matutinos destinados a difundir información comercial y estadísticas de carácter mercantil”. Uno fue "“El Avisador Mercantil", fundado por F. Perneco Parodi el 1º de febrero de 1898 y subsistente hasta mediar el siglo XX. El otro fue El Cronista Comercial, editado por A. Martín Giménez y Rafael Perrota desde el 1º de noviembre de 1908. Sufrió cambios radicales en la década del 60 y ahora con el título de El Cronista, es un diario de información general muy cuidadosamente presentado”.


Diarios provinciales que subsisten

Fuera de la Ciudad de Buenos Aires, el Centenario encontró otros emprendimientos periodísticos. “Seis diarios fundados en distintas provincias en la segunda mitad del siglo pasado se mantienen gallardamente hasta nuestros días” consigna Mayochi.

“El más antiguo es "La Capital", creado por Ovidio Lagos en Rosario el 15 de noviembre de 1867, para apoyar la candidatura de Justo José de Urquiza, uno de sus financiadores, en las elecciones presidenciales por realizarse el año siguiente. Su título se debió a que también hizo campaña para que la mencionada ciudad santafecina fuera declarada Capital de la Nación. Aunque ninguno de los dos objetivos se alcanzó, el diario siguió adelante hasta convertirse en el decano del periodismo argentino” expresa el trabajo.

En tanto, “Adolfo Calle, cuya vocación periodística había heredado de su padre, fundó el 20 de octubre de 1882 el diario" Los Andes". Si bien su propiedad ya no pertenece totalmente a los descendientes de aquel, sigue sobresaliendo por su calidad y es el decano de la prensa cuyana”.

También “desde el 30 de julio de 1882 se edita "El Eco de Tandil", fundado en esa ciudad bonaerense por Juan Jaca, de profesión boticario. Tras este, lo dirigió Francisco Amespil hasta su deceso en 1932 y ahora lo hace Rogelio Adrián Rotondo, que es su propietario desde 1983. En su larga vida –es el decano de la prensa bonaerense- no faltaron contratiempos, como la clausura por largo tiempo de que fue objeto en 1954”.

Recuerda asimismo que “Manuel Láinez, Arturo Ugalde, Martín Biedma y Julio Botet promovieron en la flamante ciudad de La Plata la fundación del diario "El Día", que comenzó a publicarse el 2 de marzo de 1884 con la dirección de José María Mendía. Desde 1962 lo hizo David Kraiselburd, asesinado en 1974. Su hijo Raúl lo sucedió hasta hoy”.

Otro emprendimiento lo lanzó “el periodista mendocino Enrique Julio, de raigambre radical” quien “fundó en Bahía Blanca, el 1º de agosto de 1898, el diario matutino "La Nueva Provincia". Este nombre era bandera de un proyecto largamente meditado por Julio: crear una nueva provincia con Bahía Blanca por capital e integrada por La Pampa, parte de Río Negro y parte de Buenos Aires. Juan Luis Gallardo, su reciente biógrafo, anoticia que Carlos Pellegrini hizo suya la propuesta y que el Senado de la Nación la aprobó en 1900 mas quedó estancada en la Cámara de Diputados. Posteriormente, iniciativas coincidentes tampoco obtuvieron apoyo legislativo”. Asegura Mayochi que “este diario, que en 1907 instaló sus primeras linotipos, es el decano de la prensa del sur argentino”.

Por último, “también en 1898, pero el 3 de noviembre, surgió en Santiago del Estero el diario vespertino "El Liberal", fundado por Juan Figueroa. Este cedió la propiedad editorial en 1929 a sus asociados: José y Arturo Castiglione, quienes en 1932 lo transformaron en matutino. Hoy, con una calidad periodística de primer orden, está dirigido por Julio César y José Luis Castiglione”.

A los antes mencionados, Mayochi agrega “cuatro fundados en las dos primeras décadas del siglo XX y que también continúan editándose”.

Uno es “La Voz del Pueblo” del que recuerda que “Enrique Betolaza y Ricardo Fernández fundaron como semanario el 12 de septiembre de 1902 en Tres Arroyos, Provincia de Buenos Aires. Desde 1905 fue diario matutino y en 1928 pasó a ser su propietario y director Antonio Maciel. Con la prestancia de un diario de primer nivel, hoy lo dirige Alberto J. Maciel”.

En tanto, “el 15 de marzo de 1904 vio la luz en Córdoba el matutino "La Voz del Interior", creado por Silvestre Rafael Remonda, cuya familia mantuvo la propiedad y le dio un gran impulso”.

Afirma también que “Victorio Tetamanti editó el 25 de mayo de 1905 en Mar del Plata el diario "La Capital", porque se pretendía que dicha ciudad lo fuera de la Provincia de Buenos Aires. Ahora lo dirige su propietario, Florencio Aldrey Iglesias”.

Mientras que “El Diario, de Paraná", fue fundado el 15 de mayo de 1914 por Luis Etchevehere, cuyos descendientes continúan dirigiéndolo”.

Los periódicos de las colectividades

Mayochi afirma que “en torno del Centenario se editaban por lo menos una veintena de diarios, a los que cabe sumar otros tantos o más semanarios”, escritos en las diversas lenguas de las colectividades inmigrantes.

Entre todos ellos se destaca el que continúa hasta nuestros días: "The Buenos Aires Herald. “Fue fundado como semanario el 15 de septiembre de 1876 por el escocés William Cathcart. En 1913 se lo convirtió en diario y desde 1959 es el único escrito en inglés que se edita en el país. Una de sus notas distintivas fue la de ser el primer periódico extranjero que desde 1878 trató temas vinculados con la política local. Esto fue característica constante de sus ediciones y cobró singularidad en 1976, año en que se instauró en el país un gobierno militar. Por ser permanente denunciador de sus excesos, corrió constantes riesgos en la persona de sus periodistas”.

La información internacional

Según Mayochi, en la época que abarcó el Centenario, “la característica propia del periodismo nacional, en particular del porteño, fue brindar a los lectores desde las últimas décadas del siglo XIX una amplia información internacional, en particular europea, aunque no faltaban noticias o crónicas de viajeros sobre Asia y África”. Afirma que “si a partir de 1898 hubo que prestar atención a la breve guerra provocada por los Estados Unidos para desalojar a España de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, ya en el nuevo siglo comenzarían a merecer espacio las referencias al conflicto bélico desatado entre Rusia y Japón, las consecuencias de la victoria inglesa sobre los boers y los cambios políticos producidos en China, por la crisis imperial, y en Europa Oriental, donde Turquía debió batirse en retirada. Mas todo esto pasaría a segundo plano al iniciarse en 1914 la Gran Guerra”.

Para hacerse de información internacional, el periodismo local debió “tener relación directa con las agencias informativas internacionales surgidas en el viejo mundo”.

Así, relata que “la más antigua de las agencias telegráficas de información fue la fundada en 1825 por Charles Havas, un francés de origen húngaro que había sido banquero y copropietario periodístico en tiempos de Napoleón I. El telégrafo óptico, el ferrocarril y hasta las palomas mensajeras posibilitaron a Havas organizar un vasto servicio noticioso que llegaba a las principales ciudades europeas. Tras Havas –que subsistiría hasta mediados del siglo XX- se formaron otras, como la agencia Wolff, de Alemania, y la similar creada en Inglaterra por Julio Reuter, que se mantiene nominalmente hasta la actualidad. A mediados del siglo XIX comenzaron a surgir agencias informativas en los Estados Unidos, tres de las cuales se unieron en 1907 con la denominación de United Press”.

Según Mayochi, “la existencia de estas agencias determinó que los diarios argentinos se abonasen a sus servicios para brindar a los lectores un amplio conocimiento de cuanto sucedía en el mundo. Si todo lo europeo provocaba interés, resultaba obvio que lo que más importaba era lo propio de los países de donde habían llegado miles y miles de inmigrantes. Esto hizo, precisamente, que los diarios locales concedieran amplio espacio a cuanto tenía que ver con Italia y España para asegurarse así una gran masa de lectores no criollos”.

Y aporta una curiosidad en el tratamiento de la información periodística proveniente del exterior: “la información que enviaban las agencias internacionales era escueta por ser telegráfica, amén de estar escrita casi siempre en francés o en inglés, cuando no, aunque en menor cantidad, en italiano o alemán. Esto hacía necesario contar en los diarios con redactores capaces de entender el idioma de origen para traducir el despacho con fidelidad, como también con periodistas capaces de ‘rellenar’ los textos recibidos con datos complementarios o antecedentes, para los que era de vital importancia contar con un archivo especializado”. Y en este sentido asegura que “uno de los más grandes periodistas argentinos, el doctor Juan Santos Valmaggia, se incorporó a un diario porteño para traducir cables enviados por Havas y ‘rellenarlos’. Para ello le fue muy útil ser profesor graduado de francés y de historia”.

Y consigna otra modalidad que hoy hasta causa impresión: “Casi todas las agencias internacionales incorporaron a sus servicios informativos el suministro de fotografías alusivas, aunque estas remitidas por vía marítima, eran recibidas y publicadas varias semanas después de tomadas cuando no meses”.

Las revistas

El trabajo recuerda que “de las revistas semanales o quincenales de información general, casi siempre profusamente ilustradas, ninguna tuvo la importancia, perdurabilidad y trascendencia de Caras & Caretas. En su fundación participaron Manuel Mayol, Eustaquio Pellicer y Luis Pardo. Comenzó a publicarse el 8 de octubre de 1898, con la dirección de ‘Bartolito’ Mitre, quien por sugerencia de su padre debió dejarla a José Severino Álvarez ‘Fray Mocho’. Se presentó como un semanario festivo, literario, artístico y de actualidades. Abrió sus páginas a una generación de periodistas y jóvenes escritores que después sobresaldrían en las letras nacionales; presentó como pocos periódicos en el mundo la actualidad universal con textos bien fundados y un vasto material gráfico, y nunca tomó posición definida en asuntos políticos, limitándose a informar y a hacer humorismo a costa de los hombres públicos, en particular del presidente Julio Argentino Roca”.

En tanto, “el 24 de septiembre de 1904 Eustaquio Pellicer dio vida a P.B.T., de pequeño formato presentándola como ‘un semanario infantil ilustrado para niños de 6 a 80 años’. Su vida no fue extensa, su fuerte residió en el humor y siempre criticó a los gobernantes”.


Otros diarios

El trabajo aborda también otros diarios y periódicos publicados en la época del Centenario. Si bien el autor desarrolla algunos detalles de cada uno, se hará aquí una breve enumeración.

En Buenos Aires, además de los mencionados La Nación, La Prensa y El Diario, también circularon La Voz de la Iglesia, Tribuna y El Tiempo. Otro matutino, El País, alentado por Carlos Pellegrini no pasó de 1910 y otro alcanzó a circular durante medio siglo: El Tiempo, fundado por Federico Grote.

Otros diarios, afirma el autor, tuvieron “corta existencia” porque “solían editarse para apoyar a un candidato en vísperas de elecciones presidenciales, desapareciendo tras éstas”. Allí nombra a El Heraldo, La Opinión, una reedición de La Gaceta de Buenos Aires, La Unión y La Argentina.

Mientras que entre la prensa “política y partidaria” sobresalió La Vanguardia, fundada por el socialista Juan B. Justo. También se anotaron allí el anarquista “La Protesta” (dirigido por Alberto Ghiraldo) y el radical yrigoyenista La Época.