BOLETÍN ARGENTINO

Primer Boletín de Noticias de los Argentinos en el mundo - Director: Osvaldo Parrondo - Contacto: oparrondo@boletinargentino.com

Jueves, 17 de mayo de 2012

Cerebros de Silicon Valley envían a sus hijos a un colegio sin computadoras

No hay televisores ni PC, sólo tiza y pizarrón, los niños aprenden a tejer, coser y hornear pan. Un establecimiento privado en el que recién se enseña informática a los 13 años. La Waldorf School de Peninsula, en California, es una de las escuelas privadas que eligen los hiperconectados empleados de Google, Apple y otras empresas de punta de la computación para que sus hijos se eduquen alejados de todo tipo de pantalla, según un informe del diario Le Monde sobre una nueva tendencia tech: la desconexión.
Tres cuartos de los alumnos inscriptos en la Waldorf son vástagos de personas que trabajan en el área de las nuevas tecnologías. "La gente se pregunta por qué profesionales de la Silicon Valley, entre ellos algunos de Google, que parecen deberle mucho a la industria informática, envían a sus hijos a una escuela que no usa computadoras", comentó Lisa Babinet, profesora de matemáticas y cofundadora de la escuela primaria, en la conferencia anual Google Big Tent.

Terminar la universidad: un logro para pocos

Sólo dos de cada diez estudiantes se reciben.  Los expertos acusan de la deserción al poco diálogo entre la escuela secundaria y el ciclo superior.  Apuestan por los tutores universitarios. Cada año, cientos de miles de jóvenes ingresan a las universidades argentinas cargando mochilas y carpetas llenas de esperanzas, pero sólo dos de cada diez logra mostrar con orgullo su diploma en la mano. La fría cifra impresiona: el 58 por ciento abandona sus estudios o cambia de carrera durante el primer año. Es el resultado de una encuesta realizada por InterUniversidades.com, una red social para estudiantes de todo el mundo; y es un dato que corrobora las últimas estadísticas oficiales del Ministerio de Educación de la Nación.

Feminicidio. Cuando los prejuicios lo impregnan todo

Escribe: Bibiana Degli Sposti.  Psicoanalista. Llevo años leyendo, trabajando, denunciando este drama. Llevamos  años conversando en equipos multidisciplinares sobre el riesgo evidente que proviene de la lectura repetitiva de casos y más casos, de gran parecido, de igual drama. El riesgo de que a los profesionales se nos haga una cicatriz tal que nos haga parecer improductivo seguir trabajando.
Cuando se lee la prensa, cuesta. Pero no es motivo.
Trabajar clínica y teóricamente con este problema nos enfrenta a un nivel de angustia que señala la importancia suprema que tiene la formación de los profesionales y el psicoanálisis de los practicantes. No hay manera de que no produzca daño si no trabajamos en condiciones, en equipo sí, pero en condiciones, con recursos adecuados para realizar la tarea.    Como muestra, algún que otro botón.

Los chicos ya son más vulnerables y miedosos

La calle enseña, emociona, endurece. La calle es el encuentro, la charla, la pelea, la inclemencia. Tener calle es saber desenvolverse, ser astuto, vivo. Los chicos de hoy no tienen calle. Ya hay un par de generaciones de chicos sin calle. Hablamos de las grandes urbes, y no de todos los chicos. Los chicos de la calle siempre están ahí, a su pesar. Y su reverso, los chicos de los countries, se mueven en calles de fantasía. Que no haya chicos jugando en las calles va de la mano del supuesto progreso que llenó la calle de autos, de la inseguridad y su percepción –a veces desmedida–, de los negocios omnipresentes. En fin, que la calle se volvió un lugar hostil. Y los más perjudicados son los chicos. Advierten los especialistas: el encierro limita el desarrollo intelectual y emocional del niño a la vez que lo llena de temores e inseguridades. ¿Cuándo fue que los chicos abandonaron la vereda?

Asado con cuero en Las Malvinas

Pongamos que dejamos pasar eso de “colonialistas” y otras ofensas del premier ingles.  Pongamos que son exabruptos de la flema inglesa. Pongamos que es casualidad que dos meses antes del 2 de Abril, la realeza británica envía en vuelo militar al príncipe heredero. Pongamos que llega un destructor con misiles porque se les averió la lanchita de paseo por el río Támesis. Pongamos todo eso, pero no olvidemos: Las Malvinas son argentinas.

UN ESTUDIANTE ARGENTINO MEDIO ES SUPERIOR A EUROPEO

Gustavo E. Romero, un científico platense de altas energías que admite la vida extraterrestre y la posibilidad de viajar en el tiempo "pero sólo hacia el futuro, no hacia el pasado",  Vive en el último piso de un edificio de La Loma, a pocas cuadras de Nuestra Señora de Lourdes, en donde estuvo expuesto a la devoción de los fieles el vidrio milagroso que ya no está más. Su departamento moderno se ve perforado por la luz que ingresa desde el Este, el Norte y el Oeste y en su escritorio hay una foto de Albert Einstein. "La ciencia es el principal producto cultural de Occidente", afirma Gustavo Esteban Romero, doctor en Física graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Pero ese cosmopolitismo se ve acompañado siempre por referencias locales: "un estudiante medio de la Argentina es mejor que uno de Europa y significativamente mejor que uno de los Estados Unidos", afirma.

Escrito a mano

¿Cuánto hace que no experimentamos el placer de recibir una carta manuscrita en letra cursiva? La caligrafía es una habilidad humana en rápida extinción, porque ya casi no se enseña en las escuelas.
En Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan la grafía. En Francia también se considera que no se debe prescindir de esa habilidad, pero allí el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros.  Aunque el mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología, la pérdida de la habilidad de la escritura cursiva explica trastornos del aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar.

Aquellas navidades

Las primeras navidades que recuerdo -debía tener entre cinco a siete años, ¬se pierden entre una nebulosa de afec¬tos y emociones.  Éramos, como la mayoría en mi barrio, una familia numerosa y como la totalidad, pobres.  El núcleo estaba formado por una pareja muy unida y luchadora que se quería, rodeada de muchos hijos, tíos, primos y viejos vecinos del pequeño pueblo de la Asturias lejana.  En torno nuestro, decenas de familias igua¬les. Los Damianos, griegos ortodoxos. Los Katz, judíos alemanes, los Chichesky, judíos polacos, los Castellano, sefarditas, a los que todos llamábamos rusos. Los Neme, sirio libaneses, que  se transformaban en turcos en el decir popular.  Los Braga, portugueses, uno de cuyos hijos -para "deshonra" en el barrio- era vigilante. La familia de Luis, de origen serbio y apellido impronunciable. Los Bisso, los Nápoli, los Seaburri, los Priori, los Lampugnani, conformaban una nutrida delegación de italianos de todas las Italias. Los Caneda, los Meana, los Menéndez, los Castro, los Agüera, los Valenzuela, los Rodríguez, los Miró, eran los "gallegos" que ya acompañaban la lucha de los republicanos en su lejana, pero siempre presente, España.

De chicos, sin saberlo, jugábamos con la historia.

Cuando yo era pibe, los barrios no estaban delimitados por avenidas, ni tenían como ahora escudos nobiliarios.  Los barrios se circunscribían a dos cuadras, de la misma calle, que convivían frente a frente. Los chicos, me refiero a los futuros hombres, tenían sus reglas de juego inviolables. Las chicas, más femeninas, tenían otros más acordes con su idiosincrasia. Hoy trataré de evocar a una niñez callejera, en que las madres de cualquiera de los chicos operaban en el cuidado de los pibes de su cuadra, como madres colectivas. No se si recordarán, o conocerán por relatos de sus mayores, que los juegos llegaban a los barrios “por tiempos”. Era el tiempo de los barriletes, el tiempo del ainienti, el de las bolitas, el de la payana, el balero, el hoyo pelota, el rango…Tiempos que se sucedían cronológicamente y que aparecían en el barrio sin saber porqué, pero siempre dominados por el omnipresente fútbol.

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