BOLETÍN ARGENTINO

Primer Boletín de Noticias de los Argentinos en el mundo - Director: Osvaldo Parrondo - Contacto: oparrondo@telefonica.net

Viernes, 30 de julio de 2010

Historia

Grecia España y Portugal y la experiencia argentina

La comparación con la crisis argentina se ha convertido en la referencia obligada de analistas para advertir sobre la crisis griega, que como mecha encendida empezó a recorrer los países vulnerables de Europa. Esa evaluación no es para nada equivocada teniendo en cuenta los profundos desequilibrios de esas economías, la pérdida de competitividad, la su-bordinación al mundo de las finanzas desreguladas y los dramáticos costos sociales que se observan.

Sin embargo, esa claridad en el diagnóstico tiene una respuesta que es sorprendente: la política para enfrentar la crisis es un calco de la implementada por el gobierno de Fernando de la Rúa. Las administraciones socialistas griega, española y portuguesa están aplicando la receta Cavallo: reducir el gasto público bajando salarios, jubilaciones y la inversión pública en el área social y de infraestructura con el objetivo de mejorar así la competitividad de la economía.


La meta del ministro del corralito era no devaluar el peso y para ganar competitividad entonces se buscó bajar los costos internos. Lo mismo que hacen ahora los países europeos que están en la cornisa: disminuir los precios relativos domésticos (devaluación interna) en forma importante para generar ingresos a través de una mejora de las exportaciones. Ese esperado aumento en la entrada de divisas permitiría equilibrar el frente externo y, en especial, hacer frente a los vencimientos de la abultada deuda, que incluso puede ser reestructurada en forma amigable en el mercado. Como el resultado de ese proceso requiere de tiempo, la Unión Europea estructuró un blindaje por la fabulosa suma de 750 mil millones de euros para atender las cuentas de bancos y calmar la ansiedad de tenedores de bonos de deuda de esos países. Quienes estudiaron todos los capítulos de la crisis argentina saben cuál es el desenlace. Estudiosos de la mente humana explican que la experiencia del déjà vu suele ir acompañada por una sensación de familiaridad y también por una sensación de sobrecogimiento y extrañeza. Señalan que la experiencia “previa” se atribuye con frecuencia a un sueño, aunque admiten que en algunos casos se da una firme sensación de que la experiencia “ocurrió auténticamente” en el pasado. La actual reacción de los gobiernos europeos a su crisis corresponde a esa segunda opción.

La debacle del euro empezó a ser una experiencia terrible para la población más vulnerable. La política para salvar la moneda única tiene la dirección de un fortísimo ajuste fiscal con el único objetivo inmediato de mantener a flote el sistema bancario de la Eurozona. La respuesta de los gobiernos de Grecia, España y Portugal es la misma que la aplicada en Argentina, pero en esos casos se presenta una cuestión estructural que agrava aún más la situación. No pueden devaluar porque resignaron su soberanía monetaria. Se quedaron sin moneda propia al eliminarla para formar parte de las 16 naciones que se manejan con el euro.

Esa extraordinaria restricción de política económica es una referencia práctica muy adecuada para ilustrar el desastre que hubiera sido abrazarse aquí a la dolarización, como presionaban bancos extranjeros, multinacionales y compañías privatizadas en los traumáticos años previos al estallido de la convertibilidad. La paridad fija por ley era la estación previa a la dolarización, instancia que proponían alcanzar las corrientes más ortodoxas del pensamiento económico local. Pese a los inmensos costos sociolaborales que implicaron la devaluación y el default, el descalabro que provocó esa salida fue inmensamente menor al que se hubiera padecido si se hubiera avanzado hacia la eliminación de la moneda nacional.

Como se enseña en los manuales de texto, si un país enfrenta dificultades fiscales o externas puede recurrir a una devaluación de su moneda y llevar a cabo un ajuste para recuperar equilibrios macroeconómicos. Los países de la Eurozona no pueden recurrir a esa alternativa a menos que decidan abandonar el euro. En caso de crisis como la actual sus opciones son más difíciles para la mayoría y conducen de manera directa a un recorte en el poder de compra de grandes segmentos de la población. Queda la opción de declararse en bancarrota, anunciar el default y esperar las dramáticas consecuencias para luego comenzar la dolorosa recuperación. Esa opción sería un golpe durísimo para la unión monetaria, en especial para la hegemonía alemana, pues el efecto en cascada para los demás países débiles sería desastroso. Ese colapso debilitaría el euro o hasta sentenciaría su muerte porque sería el resultado de la incapacidad de los países de la Eurozona para coordinar sus políticas económicas, para crear instituciones supranacionales que ordenen la situación y para mantener una posición fiscal más o menos equilibrada con la meta de consolidar la divisa europea.

Rebecca Wilder, una reconocida analista económica norteamericana que difunde sus ideas en su página web newsneconomics.com, lo explica así en un reportaje publicado en el periódico quincenal español Diagonal:

- El principal problema dentro de la Eurozona es su propia estructura: una sola moneda “que lo regula todo”. De esta manera, países como Grecia, Italia, Irlanda, Portugal o España no pueden devaluar su moneda para estimular el crecimiento de las exportaciones.

- La Eurozona puede encontrarse a sí misma en una carrera sin sentido. El recetario del FMI y la UE consiste en una severa y profunda reducción de salarios y precios, con la intención de ganar competitividad.

- Sin un crecimiento adecuado de las exportaciones, la devaluación interna se convierte más bien en una “devaluación infernal”.

- Los recortes en los ingresos nominales (salarios y jubilaciones) y el resto de variables laborales restringirán el consumo actual y el gasto agregado, y dichas medidas repercutirán en el déficit de las cuentas públicas de los gobiernos.

- Es una falacia pensar que la disminución del gasto agregado puede ser el camino para salir de una recesión mediante las exportaciones cuando están cayendo los salarios, lo que repercute en que cae el consumo.

- Ni Grecia ni ningún otro país de la Eurozona cuentan con la opción de devaluar. Sólo pueden reducir los salarios y los precios de cara a generar una devaluación interna que dé como resultado el obligado crecimiento de las exportaciones.

- Esto no llegará a buen puerto, ya que toda la Eurozona compite por los ingresos procedentes de las exportaciones. No creo que todo esto suponga el fin de la unión monetaria europea, pero tampoco me sorprendería si algunos países quebraran, lo que parecería acercarnos a ese posible escenario.

En otro artículo. “Fin de partida en la Unión Europea: los recortes salariales y la batalla por las exportaciones”, Wilder explica que “la moneda está en un régimen cambiario fijo, de modo que el único mecanismo para acrecer la competitividad exterior pasa por la caída de los precios (salarios). Pero este modelo de crecimiento no puede funcionar para el conjunto de la Eurozona”. Además, cada uno de los países que quedan en la mira del rifle del mercado financiero está aplicando la misma receta. Esto va a ir neutralizando el efecto buscado de mejorar la competitividad. Wilder se pregunta: “¿Y qué ocurre cuando los ingresos de las exportaciones no proporcionan el ímpetu necesario para el crecimiento de la demanda agregada?”. La respuesta no es muy alentadora. “Bueno, ya no queda margen –afirma–, no se puede devaluar la moneda, y los ingresos fiscales caerán más rápidamente que un plomo: déficit crecientes, deuda en aumento, creciente servicio de la deuda.” La conclusión es una alerta: “De modo que la suspensión de pagos parece el destino prácticamente cierto de varios Estados de la Eurozona”. Un déjà vu.

Alfredo Zaiat

 

El submarino argentino de 1810

En 1810, inmediatamente después de la instalación del primer gobierno patrio, el problema más grave que enfrentaba éste era la tenaz oposición de la Banda Oriental. El espionaje era moneda corriente en las dos orillas y no se descartaba un ataque de los realistas desde Montevideo.
Por esos días arriba a Buenos Aires, procedente de Amsterdan y embarcado en el brig mercante inglés “Patty”, el ciudadano norteamericano Samuel Williams Taber, con intención de radicarse en el Plata y dedicarse al comercio.
Taber tenía treinta años, había nacido en la ciudad de Nueva York y pertenecía a una familia acomodada de origen judío. Había arribado a Montevideo en diciembre de 1810, pero al tomar conocimiento de la revolución porteña, optó por pasar a Buenos Aires a efectos de aportar su esfuerzo a la causa emancipadora.


Se presentó inmediatamente en el fuerte, donde expuso a los miembros de la Primera Junta los planos de un artefacto submarino que serviría para atacar a la flota realista. Su invento era una especie de tortuga de madera con un taladro en la punta con el que Taber pensaba perforar el casco de los buques enemigos en la rada de Montevideo, a efectos de colocar allí los explosivos.

La Junta designó una comisión especial para que estudiara los planes de Taber, integrada por Cornelio Saavedra y Miguel de Azcuénaga (1), quienes, mediante un informe secreto, aprobaron la factibilidad de la idea y la posibilidad de volar los polvorines flotantes de la armada española.(2)

En menos de quince días comenzó la construcción del conocido solamente como “proyecto Taber”, dado el secreto de que se le rodeó. El mismo fue financiado enteramente por su inventor.

A poco de iniciarse los trabajos, el norteamericano fue enviado a la Banda Oriental en calidad de espía, a efectos de estudiar in situ el ataque. Taber regresó a Montevideo y se abocó a su misión realizando estudios de sondajes, corrientes, etc.

El 26 de marzo de 1811, junto con dos capitanes, dos subtenientes y un ingeniero, se disponían a huir del puerto oriental en una pequeña embarcación con el resultado de su espionaje, pero fue detenido, acusado de sobornar a marinos españoles. Cargado de cadenas fue llevado a prisión, donde permaneció hasta el 25 de mayo de 1811, en que, luego de muchas protestas, y mediante la intervención del cónsul norteamericano, y la única condición de que se embarcara en el primer navío que se dirigiera a los Estados Unidos y nunca más se inmiscuyera en los asuntos del Río de la Plata, fue liberado.

En agosto abordó la nave que lo depositaría en su país natal. Pero Taber había decidido que su corazón era de Buenos Aires, descendió del buque en Río de Janeiro e inició el regreso, llegando a esta ciudad el 10 de septiembre de 1811.

Inmediatamente se reunió con los miembros de la Primera Junta para exponerles su plan, que consistía en atacar con su invento una fragata y un bergantín españoles utilizados como depósitos de pólvora amarrados en el puerto de Montevideo. La Junta aprueba el plan y nombra a Taber capitán de artillería ad-honorem.

Fabricada la embarcación, construida en madera, de entre ocho a diez metros de largo, pintada de negro y marcada con una “T” en blanco, sus partes son colocadas en un gran cajón de madera de pino, también marcado con una “T”.

El 21 de octubre de 1811 Taber solicita permiso para trasladarse a la Ensenada de Barragán con todo el equipamiento a efectos de completarlo, armarlo y experimentarlo en aguas del río. Esto era necesario porque el bajo calado de las aguas del puerto de Buenos Aires hacía imposible la navegación del artefacto. Además, hubiera llamado la atención de todos y no faltaría el soplón que informaría a los realistas.

Jamás llegó a Ensenada, porque antes que la pesada carreta tirada por bueyes iniciara su travesía, el 22 de septiembre de 1811, cayó la Junta Grande y asumieron Juan José Paso, Manuel de Sarratea y Feliciano Chiclana.

A los miembros del primer triunvirato les pareció arriesgada la idea del norteamericano y la descartaron, a pesar de que Juan José Paso había integrado la Junta que aprobó el proyecto de Taber. Jamás se supo adonde fue a parar el cajón con las partes del aparato.

Taber siguió durante 1812 con sus espionajes, ahora en Chile, y el 8 de noviembre de 1813 murió en la estancia de su amigo Richard Hill, situada a 50 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, víctima de la tisis adquirida en su prisión de Montevideo. Legó todos sus bienes, según hizo anotar en su testamento, a la Junta Revolucionaria.

Los planos del submarino de madera desaparecieron, y la tortuga de Taber jamás pudo participar de la guerra de la independencia. Ninguna calle o plaza recuerda a este visionario precursor que puso su vida y sus bienes al servicio de su país de adopción.

La génesis del submarino

Una de las opiniones menos cuestionados del mundo es la que atribuye a Julio Verne la invención del submarino. Como tantas otras, y a pesar de su popularidad, es lamentablemente falsa, porque para la época en que Verne escribió 20.000 leguas de viaje submarino (1870) ya existían embarcaciones subacuáticas, y la primera de ellas se había llamado precisamente Nautilus.

Cuando George Washington avanzaba sobre Nueva York, una ciudad dominada por los realistas y defendida por 350 barcos ingleses, el arma secreta yanqui resultó una innovación tecnológica. Su inventor nunca sospechó que estaba trazando el camino que los Estados Unidos seguirían en los próximos siglos. Inadvertida para los británicos, una cáscara de nuez que se desplazaba bajo el agua intentó taladrar el blindaje de cobre del buque insignia “HMS Eagle” para colocar una carga explosiva. El “Eagle” no sufrió grandes daños, pero el ataque sembró confusión en la flota.

Era la Tortuga Americana, el primer submarino operativo de la historia, impulsado por los músculos del sargento Lee y diseñado por David Bushnell, un estudiante de Yale. Tenía todo lo que era esencial en un submarino: tanques de lastre, sistema de propulsión, cargas explosivas y hasta una torreta de observación. Este prototipo artesanal se convirtió para Robert Fulton (1765-1815) en el germen de toda una filosofía: el submarino sería la “solución tecnológica” para la guerra, el arma definitiva que permitiría cambiar la historia. La tecnología iba a ser el instrumento que cambiaría el eje del poder, aseguraría el dominio total y haría imposible cualquier guerra futura. Cuando Fulton escribió su tratado Guerra de torpedos, resumió su credo en un epígrafe: “La Libertad de los Mares traerá la Felicidad a la Tierra”. El camino de la paz y el triunfo del bien pasaban por la guerra, quizá “punitiva” o aun “preventiva”.

Las enciclopedias suelen mencionar a Fulton como el creador del primer barco comercial de vapor, si bien la mayoría de sus inventos fueron de carácter bélico. Fulton desarrolló el submarino, los torpedos, las minas navales y los cañones Columbiad: otro nombre del cual se apoderó Verne cuando pensó en enviar hombres a la Luna. La paternidad de casi todos sus inventos fue muy discutida, y los historiadores ingleses aseguran que muchos no le pertenecían.

El joven Fulton inició su carrera como artista, pintando esas miniaturas sobre marfil que entonces se conocían como “camafeos”. Pese a ser un ferviente republicano, se marchó a Inglaterra apenas cuatro años después de la independencia norteamericana, para probar suerte como pintor. Su fracaso en el mundo del arte lo llevó a interesarse en otros temas, y en 1796 publicó un tratado sobre los canales de navegación. En Inglaterra, Fulton se impregnó de la ideología del naciente capitalismo industrial, pero depositó toda su confianza en la tecnología de armamentos como clave del desarrollo y de la paz.

El arma definitiva que iba a acabar con el Antiguo Régimen era el submarino. En 1797, Fulton se fue a Francia y le presentó al Directorio algunos escritos en pro del libre comercio y la paz perpetua. Apelando a “los amigos de la Humanidad”, les ofreció el arma que volvería imposible cualquier guerra. En una carta dirigida a un amigo inglés describía el submarino como “una curiosa máquina destinada a corregir nuestro sistema político”, lo cual dejaba muy pocas dudas en cuanto a sus intenciones.

En busca de financiamiento para su empresa, la Nautilus Company, Fulton se dirigió a Napoleón y se ofreció para crear una flota de “nautilus mecánicos” que servirían para atacar a la Armada inglesa. El pánico que causarían los submarinos pondría fuera de combate a la flota real, facilitaría la invasión francesa a las islas y llevaría al colapso de la monarquía británica.

Financiado por Napoleón, Fulton puso a punto su Nautilus en 1800 y realizó una demostración en el Sena ante el futuro emperador. El Nautilus navegaba a vela en la superficie, se movía bajo el agua impulsado por la fuerza de sus tres tripulantes, y podía permanecer hasta seis horas sumergido, usando aire comprimido y un snorkel. En los planos, Fulton se retrató a sí mismo mirando por el periscopio.

El Nautilus de Fulton alcanzó a realizar una incursión en el Canal de la Mancha, donde no llegó a causar daños materiales a los barcos ingleses, pero produjo gran inquietud.

Bibliografía:

ARGUINDEGUY, Pablo E. - “Apuntes sobre los buques de la Armada Argentina”, tomo I, pgs.58/59 - Departamento de Estudios Históricos Navales, Buenos Aires, 1972

BAUZA, Francisco - “Historia de la dominación española en el Uruguay” - El Demócrata, Montevideo, 1929

DESTEFANI, L- H. - Manual de Historia naval argentina

ELLAURI OBLIGADO, Gontrán - El primer submarino argentino - ¡Aquí está!, Buenos aires, 16 de octubre de 1941

VILLEGAS BASAVILVASO - “Un proyecto de submarino en 1810” - Boletín del Centro Naval, tomo XXX

(1) Los dos militares que integraban la Primera Junta.
(2) Estos documentos se encuentran en el Archivo General de la Nación (VII-7-5-14), aunque no se ha podido hallar el informe secreto suscripto por Saavedra y Azcuénaga.
Fuente: http://www.histarmar.com.ar/InfHistorica/PrimerSubmArgentino.htm

Preguntas de un obrero que lee

Escribe Bertold Brecht:
¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?

En los libros se mencionan los nombres de los reyes.
¿Acaso los reyes acarrearon las piedras?

Y Babilonia, tantas veces destruida,
¿Quién la construyó otras tantas?

¿En que casas de Lima, la resplandeciente de oro, vivían los albañiles?

¿Adónde fueron sus constructores la noche que terminaron la Muralla China?

Roma la magna está llena de arcos de triunfo.¿Quién los construyó?

Fue argentino el primer colaborador científico de Albert Eisntein

Jacobo Juan Laub, fue el primer colaborador científico de Albert Einstein fue un jubilado de la diplomacia argentina, que sorteó (mal) tantas dificultades como la misma ciencia argentina, que también la pasó bastante mal. Tal para cual.
Como los de Roma, los dispersos anales de la ciencia argentina pueden reconocer las fuentes más insólitas. Hace algunos años, un diligente investigador de nuestra ciencia se allegó a cierto depósito de la calle Montes de Oca, dependencia de la Policía Federal. Sabía que en el segundo piso de la citada dependencia, en una perfecta improvisación de chapas y aire acondicionado, funcionaba el registro del servicio exterior argentino. Que dormían allí el sueño caluroso de los justos –el aire había dejado de funcionar, lo reafirmaba periódicamente el pasaje raudo del ventilador– los legajos de embajadores, cónsules, secretarios y agregados que alguna vez soñaron con evitar su destino sudamericano.

La ciencia argentina vivió un "boom"

Ciencia

Para muchos, 2009 fue un año marcado por una de las peores crisis económicas en la historia. Pero para una industria en Argentina el año que está por terminar marcó un verdadero hito en su crecimiento.  El mundo de la ciencia argentina vivió un "boom" en 2009, con un récord de inversión que se vio reflejado en un gran número de logros.